Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

A veces me descubro orando por cosas que quiero que sucedan, pidiendo a la vida que me lleve hacia lo que yo imagino que es mejor.

Mi idea del “resultado correcto” para una situación puede ser tan específica que a veces me cuesta aceptar respuestas diferentes a mis oraciones de las que imaginé originalmente.

Ya sea que pase por alto las señales o las ignore activamente, puedo tener dificultades para aceptar un resultado no deseado.  Si acepto o noto un empujón en una dirección diferente, me doy cuenta de que tengo que desprenderme de lo que quiero, y eso no siempre es fácil.

Me gusta ver la oración como una conversación con Dios. La Biblia dice:

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. – Mateo 7:7.

Los escritos bahá’ís dicen:

Cada pecho debe ser una estación telegráfica (un extremo del alambre conectado al alma, el otro fijo en el Concurso Supremo) de modo tal que la inspiración pueda… las cuestiones de la realidad sean debatidas. Entonces las opiniones coincidirán con la verdad, día tras día habrá progreso … – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 197.

A través de la oración, puedo conectarme con Dios y esperar recibir la guía divina. Puedo también dirigirme a las almas que ya no están en este mundo, y abrir mi corazón y mi mente al apoyo que ellas puedan proporcionarme. Pero cuando me apego al resultado que yo deseo, puede ser difícil escuchar por encima del ruido de mi propia percepción de una situación. No es que quiera borrar por completo todos mis propios pensamientos, pero es importante encontrar formas de deshacerse de los apegos infundados y separarlos de la verdadera percepción. A través de aquellos momentos de entendimiento que vienen con la meditación reflexiva y la oración sincera, puedo diferenciar mejor entre los pensamientos arraigados en el miedo, la ansiedad y la ilusión, y los pensamientos arraigados en la intuición.

Las enseñanzas bahá’ís dicen:

Las confirmaciones del espíritu son todos esos poderes y dones con los que algunos nacen (y que los hombres algunas veces llaman genio), pero por los que otros han de esforzarse con infinito pesar. Llegan a ese hombre o mujer que acepta su vida con aquiescencia radiante. – Abdu’l-Bahá en Londres, pág. 47.

La aquiescencia radiante va más allá de simplemente desprenderse de las propias expectativas, sino que implica hacerlo con alegría, confiando en que cualquier situación le proporcionará a uno la oportunidad de crecer. El mejor resultado no siempre se siente como el mejor inicialmente – en cambio, la aquiescencia radiante significa que uno no sólo acepta lo que Dios quiere, sino que lo acepta con alegría, gratitud y confianza:

La fuente de toda gloria es aceptar todo aquello que el Señor otorga y contentarse con lo que Dios ordena. – Bahá’u’lláh, Las tablas de Bahá’u’lláh, pág. 185.

A menudo, cuando hago mis oraciones, no pido por claridad, sino por que cambie alguna circunstancia. A veces, ese cambio resulta ser algo que se siente insoportablemente doloroso o incómodo.

Cuando le pido a Dios que una prueba termine, a veces la respuesta a mis oraciones es “todavía no”. Pero por muy difícil que esto pueda ser, las pruebas y los desafíos nos ofrecen oportunidades para fortalecer ciertas virtudes. Aunque las dificultades a veces no se resuelven inmediatamente, el conocimiento de que las pruebas conducen a la fortaleza me mantiene a flote. Me aporta una claridad mental que me permite moverme por la vida con más fluidez y alegría.

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