Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Cuando estaba en octavo grado, ayudé a comenzar una organización sin fines de lucro, luego de interesarme en el trabajo de acción social por primera vez gracias a mi participación en la Fe Bahá’í.

Los escritos bahá’ís dicen:

…el honor y distinción de la persona consisten en que, de entre toda la muchedumbre del mundo, se convierta ella en una fuente de bien social. ¿Hay merced concebible mayor que ésta, que el hecho de que una persona, mirando dentro de sí, encuentre que por medio de la gracia confirmadora de Dios se ha convertido ella en la causa de la paz y bienestar, de la felicidad y adelanto de sus congéneres? No, por el verdadero Dios, no hay mayor bendición, ni delicia más completa. – Abdu’l-Bahá, El secreto de la civilización divina, pág. 7.

Una amiga mía también quería marcar la diferencia en su comunidad, nosotros no estábamos interesados en un proyecto de servicio simple de un fin de semana. En cambio, teníamos una pasión ardiente por hacer algo más grande e impactante. A los catorce años, decidimos comenzar una organización sin fines de lucro para las personas sin hogar.

Nos llevó casi tres semanas establecer una misión y una visión. Desde llamadas de Facetime de tres horas hasta reuniones después de clases en la cafetería de la escuela, mi amiga y yo nos dedicamos apasionadamente a construir una organización que beneficiaría a muchos.

Luego, una oportunidad se presentó en el momento correcto, nuestra escuela intermedia organizó un torneo de dodgeball y decidió que los fondos recaudados irían a una organización benéfica que el cuerpo estudiantil seleccionaría. Emocionados de escuchar esta noticia, mi cofundadora y yo comenzamos una campaña para ganar los votos del alumnado. Decoramos casilleros, repartimos dulces en el almuerzo e hicimos anuncios en casi cada una de nuestras clases sobre nuestra organización y, después de una semana de una difícil y agotadora campaña, los estudiantes seleccionaron nuestra organización benéfica.

Todavía recuerdo la emoción que mi amiga y yo sentimos cuando escuchamos las buenas noticias. Todo el trabajo duro que habíamos hecho permitiría que nuestra visión se hiciera realidad.

Lamentablemente, hubo un obstáculo.

Después de esperar casi un mes para recibir los fondos, mi cofundadora y yo fuimos a la oficina del director para verificar el estado de nuestra donación. Cuando entramos en su oficina, conversamos sobre lo emocionados que estábamos de comenzar nuestro proyecto. Pero antes de que pudiéramos terminar de compartir nuestra emoción, nos miró y se echó a reír. Nos explicó que no confiaba en niños para tener aquel dinero y que no era nuestro deber tratar de hacer algo como esto, especialmente para las personas sin hogar.

Nuestras enormes sonrisas se convirtieron en ceños fruncidos y, sin saber qué hacer, salimos de la oficina y fuimos a la cafetería a llorar. Pero, como escribió la Casa Universal de Justicia, el órgano administrativo supremo de la Fe Bahá’í:

… Definir los años fructíferos de la juventud exclusivamente como una etapa de preparación sería pasar por alto las energías creativas que están disponibles para la juventud en tanta abundancia. – La Casa Universal de Justicia, febrero de 1995.

Nos animamos, decidimos seguir adelante y no desalentarnos. Tres años después, luego de aprender todo sobre formularios de impuestos, recaudación de fondos y licencias, mi cofundadora y yo creamos una organización llamada “Ayudando a los indigentes de Colorado”, con un enfoque de tres pilares de defensa, educación y alivio. Nos permitió atender a más de 10,000 personas sin hogar en todo el estado, educar a 50,000 personas sobre las causas y los problemas relacionados con la falta de vivienda y, solo este año, pagar la matrícula universitaria de cinco estudiantes sin hogar.

Pero a pesar de todo este éxito, mi director de octavo grado no fue el único que no creía que pudiéramos lograrlo. Tuve innumerables conversaciones con personas que me dijeron que los esfuerzos de nuestra organización eran “lindos” o “de gran alcance”. Hoy, todavía me enfrento a muchas personas que no pueden comprender la idea de que los jóvenes pueden liderar un movimiento. Pero parte de mi motivación en estos tiempos difíciles proviene de las enseñanzas de la Fe Bahá’í. El énfasis especial de la Fe Bahá’í en el valor del servicio me instó a continuar:

Pues el servicio por amor a la humanidad es unidad con Dios. Aquel que sirve a la Causa ha entrado ya en el Reino y está sentado a la diestra de su Señor. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 200.

Nuestra continuamente sociedad rechaza la idea de acoger la pasión y las ideas de los jóvenes, pasando por alto las capacidades del 24% de nuestra población mundial. No somos perezosos, egoístas e indeterminados. Soy solo uno de los miles de jóvenes en mi país que han creado organizaciones, construido negocios o dedicado sus vidas a hacer la diferencia. Los jóvenes tienen nuevas ideas, perspectivas y métodos innovadores de resolución de problemas que pueden ayudar a resolver los mayores problemas de nuestra sociedad.

Las enseñanzas de la Fe Bahá’í enfatizan la “oportunidad” que tienen los jóvenes de “contribuir a la fase más reciente del proceso que está en despliegue para transformar la vida de la humanidad“. – La Casa Universal de Justicia, 13 de julio de 2013.  En “Ayudando a los indigentes de Colorado”, establecimos nuestra política de que toda la programación, administración, concesión de subvenciones y liderazgo deben ser realizados íntegramente por los jóvenes. Consideramos fundamental crear un espacio abierto para que las mentes jóvenes crezcan, se desarrollen y expresen sus ideas.

Al trabajar con los jóvenes, nuestra sociedad no solo puede aprender a obtener información e inspiración de la vasta energía de las generaciones más jóvenes, sino también motivarlos a involucrarse lo más posible en sus comunidades y lograr el mayor impacto posible.

1 Comentario

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  • Reymundo Cardozo
    Aug 14, 2019
    Soy bahai y me gustaría a ser un cambio cultural y dar mi servicio en Canadá oh Australia soy de Bolivia