Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Las enseñanzas bahá’ís dicen que necesitamos de la oración, seguida de acción, por supuesto, para crear el tipo de sociedad donde la paz, la justicia y la compasión prosperen.

Cuando encontramos la disciplina constante y la motivación para orar, podemos ayudar a alcanzar aquel mundo más espiritual:

Es muy fácil leer las Sagradas Escrituras, pero sólo con un corazón limpio y con una mente pura puede uno comprender su verdadero significado. Pidamos ayuda a Dios para que nos permita entender los Libros Sagrados. Oremos para tener ojos que vean, oídos que oigan, y corazones que anhelen la paz. – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 77.

Entonces, mientras oro “para tener ojos que vean, oídos que oigan, y corazones que anhelen la paz”, intento, de la mejor manera que puedo, primero cambiarme a mí misma, hacer que mi alma sea pacífica, justa y compasiva. La oración es de gran importancia para cambiar tanto al individuo como a la sociedad misma. La Casa Universal de Justicia , el cuerpo administrativo elegido democráticamente de la Fe Bahá’í, preguntó a cada bahá’í:

… a adaptar su vida interior a ese glorioso ideal de humanidad de Bahá’u’lláh, ejemplificado por Abdu’l-Bahá. Al contemplar el ejemplo divino de [Abdu’l-Bahá], podemos reflexionar que su vida y sus acciones no se llevaron a cabo siguiendo un patrón de conveniencia, sino que fueron la expresión inevitable y espontánea de su ser interior. De la misma manera, actuaremos de acuerdo con Su ejemplo solo cuando nuestros espíritus internos, habiendo crecido y madurado a través de las disciplinas de la oración y la puesta en práctica de las Enseñanzas, se conviertan en la fuente de todas nuestras actitudes y acciones. Esto promoverá el cumplimiento del propósito de Dios … – Casa Universal de Justicia , Mensajes 1963 a 1986, pág. 147. (Traducción provisional).

En base a esta idea, últimamente me he preguntado por qué me cuesta tanto encontrar mi propia disciplina y motivación para orar diariamente. Sé que, al menos intelectualmente, que es bueno para mi alma. Sé que me ayuda espiritualmente. Yo sé que cuando la oración sea más universalmente practicada y apreciada, esta beneficiará tanto al ser humano individual y como al mundo entero.

Pero a pesar de todo esto, me he dado cuenta de otra barrera evidente, pero persistente, para mí en mi esfuerzo por desarrollar este hábito: la falta de disciplina o motivación .Como una persona que se desempeña bien con estructuras, plazos y trabajo dentro de sistemas, las tareas que requieren mi propia medida e iniciativa interna no siempre se convierten fácilmente en hábitos.Aun cuando abandonar en algún punto no parece tener ninguna repercusión negativa aparente o inmediata, es fácil pasar por alto estos deberes sin importar cuán determinado esté inicialmente en hacer de este un hábito continuo y consistente.

¿De dónde viene esto? Estoy segura de que esto es algo que cambia drásticamente de persona en persona. Estas son cuestiones relacionadas con la ética laboral, las tendencias naturales hacia la motivación y el temperamento, pero también creo que no soy la única que enfrenta este problema.

Me he dado cuenta de que, al menos para mí, gran parte de este problema existe porque nuestra sociedad nos alienta a preocuparnos demasiado por lo mucho que “nos apetece” hacer algo. Esto parece estar profundamente relacionado con una cultura materialista indulgente que nos permite también evitar hablar o pensar sobre temas que no nos afectan directamente.

Entonces, ¿qué sigue?

Esforzarme por crear el patrón de oración que conozco no solo creará un sentido de tranquilidad en mi vida personal, sino que también me permitirá prestar un mayor servicio a los demás, pero es necesario delinear algunos de los primeros objetivos:

  1. Crear el hábito de recitar la oración obligatoria bahá’í diariamente – esto idealmente me ayudaría a sentir antinatural en mi vida que un día no ore.
  2. Priorizar la calidad de la oración, designando tiempo para meditar después de orar.
  3. Tomar notas de mis reflexiones durante la meditación, especialmente después de haber escrito una lista de cosas por las cuales orar, esto permitirá que mi oración conduzca a resultados más fructíferos y basados en la acción.

Escribir me animará a tomar medidas y me ayudará a que la práctica diaria de oración y meditación sea un hábito constructivo de por vida.

1 Comentario

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  • Evaristo Pinto Jaimes
    Mar 23, 2019
    Makeena, me parece una muy buena reflexión y práctica, escribir ayuda a afianzar hábitos, y si es como decía el Maestro, al amanecer ayudará a estar más concentrado y podría lograr esa conección con el creador