Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

La amistad es una elección. El término “amigo” en las lenguas romances se basan en el verbo latino amare que significa “amar”.

Pero vemos una visión bastante diferente para amigos y amistad cuando buscamos la palabra del inglés antiguo “frēond”, esta tiene orígenes en palabras alemanas como frein (libertad), frei (ser libre) y befreien (liberar).

La característica definitiva de la amistad, entonces, es la libertad de elegir. Nadie puede demandar amistad de otro, esperarla o exigirla. Nadie puede forzar su amistad sobre nadie más. Tan solo se puede ofrecerla a otro; o ser invitado a recibirla por parte de otro. La reciprocidad no está garantizada, como lo atestiguan las vidas de grandes ejemplares de amor. Nadie puede decir nunca: «¡Debemos ser amigos!”. Un puente de amistad solo se construye cuando ambos lados construyen hacia el medio.

En las enseñanzas bahá’ís, la amistad real, verdadera y genuina se asocia con conceptos tales como paz, armonía, afecto, amabilidad, amor, ternura, sinceridad, unidad, lealtad y buen humor.

Amistad: expresada en acciones

Los bahá’ís entienden que la verdadera amistad no tiene realidad hasta que se expresa y se materializa en acciones:

La esencia de la fe es ser parco en palabras y abundante en hechos; aquel cuyas palabras sobrepasan a sus hechos, sabed, en verdad, que su muerte es mejor que su vida. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 104.

Persona a persona y persona a humanidad (individual y colectivamente) las enseñanzas bahá’ís nos instan a expresar amistad en acciones tiernas, pero pragmáticas y prácticas:

No os contentéis con demostrar amistad sólo con palabras; dejad que vuestro corazón se encienda con amorosa bondad hacia todos los que se crucen en vuestro camino. – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 18.

La amistad requiere cualidades nobles

Nunca antes se ha explicado la integridad tan claramente como aquellas nobles cualidades de carácter que nos capacitarán para servir a los demás en un espíritu de verdadera amistad. Obviamente, este estándar no está dirigido exclusivamente a personas que se llaman a sí mismos bahá’ís, sino a todos los que se convertirían en servidores de su sociedad.

Si alguno de vosotros entrara en una ciudad, debería convertirse en un centro de atracción por su sinceridad, su lealtad y amor, su honradez y fidelidad, su veracidad y su bondad hacia todos los pueblos del mundo, a fin de que los habitantes de esa ciudad exclamen: “Este hombre es indiscutiblemente un bahá’í, pues sus modales, su comportamiento, su conducta, sus costumbres, su naturaleza y disposición reflejan los atributos de los bahá’ís”. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 54.

Los límites de la amistad

En los primeros años del viaje de nuestra alma, buscamos en todas partes y entre todo tipo de personas el significado de la vida, un indicio de la verdad, un rastro del Amigo divino sin rostro ni rastro. Pero la voluntad de ser amigable con los demás no garantiza que los demás nos responderán de la misma manera. No todos los corazones contienen una sabiduría consciente igual o mayor que la nuestra. Pero las enseñanzas bahá’ís nos indican que no nos degrademos devolviendo mal por mal. Más bien, nos inspiran a seguir, fieles a nuestro propio código de conducta, gobernado únicamente por la buena voluntad:

Cuando os encontréis con la crueldad y la persecución a manos de otro, tratadle con lealtad; cuando la malevolencia se dirija a vosotros, responded con corazón amistoso. – Ibid., pág. 18.

Sin embargo, no estamos obligados a seguir sometiéndonos a la presencia de quienes, a sabiendas o sin saberlo, nos hacen daño. Como escribió Bahá’u’lláh:

La asociación con los impíos aumenta la tristeza… – Las Palabras Ocultas, pág. 42.

[El] buscador… apreciar la compañía de quienes han renunciado al mundo y considerar que rehuir a la gente jactanciosa y mundana es un gran beneficio. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 139.

Antes de que la palabra “permitir” entrara en nuestro vocabulario, las enseñanzas bahá’ís señalaron que ninguna cantidad de amabilidad anula la voluntad oscura o engañosa de otra persona. A cada alma se le concede su propia voluntad. Por lo tanto, los bahá’ís no intentan sobornar, engatusar o consentir a otra persona para que tome las decisiones correctas. La adicción, violencia, incesto, adicción al juego o rabia no se apagan al tratar de ahogarlos con amabilidad, tolerancia, indulgencia u otras formas de permisión. Más bien, tal indulgencia sirve solo como combustible para alimentar aún más el comportamiento autodestructivo, y para multiplicar el número de víctimas que son afectadas por este:

Entonces, con todo el corazón, esforzaos por tratar compasivamente a todo el género humano, a excepción de aquellos que tienen algún motivo egoísta y oculto o alguna enfermedad del alma. No se puede mostrar bondad al tirano, al embustero ni al ladrón, pues, lejos de hacerles ver el error de su forma de actuar, les hace seguir con su perversidad como hasta entonces. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 120.

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