Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

¿Conoces el dicho “los problemas vienen de tres en tres”? ¿Esto te hace recordar algún momento en tu vida en el que todo parecía salir mal?

Estas últimas semanas han sido así para mí. Si las pruebas y los desafíos son como la lluvia, entonces una tormenta acaba de desatar un aguacero en mi vida.

Si bien soy muy consciente de que las cosas podrían ser mucho peores (de hecho, definitivamente han sido mucho peores antes), siento que la vida me ha golpeado recientemente con luchas tras luchas.

De alguna manera, los pequeños desafíos siempre han encontrado su camino hacia mí. Ahora mismo estoy en un aeropuerto donde acababa de abordar mi vuelo, y luego nos dijeron que teníamos que desembarcar porque nos retrasaron el vuelo dos horas. Después de la espera, me presenté para abordar mi vuelo y me informaron que la puerta ya había sido cerrada y que tendría que tomar el próximo vuelo. Este es solo un ejemplo de cómo, en las últimas dos semanas, han surgido numerosos inconvenientes pequeños acompañados de problemas interpersonales y laborales mucho mayores. La lucha por construir mi carrera, el rechazo en mi viaje por encontrar el amor y los desafíos de viejos hábitos poco saludables han surgido a la vez.

He estado pensando en cómo aprovechar al máximo las dificultades que se me presentan a través de la tormenta. Me he preguntado sobre el significado de este momento en mi vida. ¿Todos estos desafíos significan que eventualmente recibiré muchas bendiciones? ¿Se supone que debo aprender algo del caos? ¿Cómo puedo no solo hacer frente a los desafíos, sino también crecer a través del estrés?

Los escritos bahá’ís sugieren lo que para algunos podría parecer una respuesta contraintuitiva a las dificultades:

¡No sufras si los asuntos se tornan dificultosos y los problemas se intensifican por todos lados! En verdad, tu Señor cambia la privación en posibilidad, las dificultades en tranquilidad y las aflicciones en la más grande serenidad. – Abdu’l-Bahá, Tablas de ‘Abdu’l-Bahá, pág. 311

Si tu vida diaria se vuelve dificultosa, prontamente Dios, tu Señor, te graciará con aquello que te traerá satisfacción. Sé paciente en los tiempos de aflicción y tribulación, resiste todas las dificultades y penurias con el corazón ensanchado, el espíritu consagrado y la lengua elocuente en rememoración del Misericordioso. ¡Ciertamente, ésta es la vida de satisfacción, la existencia espiritual, el descanso en los Cielos, la Bendición Divina y la Mesa Celestial! Pronto tu Señor aliviará tus difíciles circunstancias aun en este mundo. – Abdu’l-Bahá, Tablas de ‘Abdu’l-Bahá, pág. 98.

Hoy, cuando perdí mi vuelo, tuve la oportunidad de decidir cómo quería interactuar con la gente que trabajaba en la aerolínea: podía estar enojada o comportarme con tacto y claridad. Lo que me recordó: cuando veo cada problema como una oportunidad para desarrollar una cualidad espiritual es cuando saco lo mejor de mí.

En las conversaciones difíciles que tengo con mis seres queridos, trato de practicar cómo ser empática y asertiva. En el trabajo, me esfuerzo por ser paciente en asuntos que se sienten urgentes. He tenido la oportunidad de perfeccionar la habilidad de dejar ir y estar agradecida a pesar de las cosas desfavorables que suceden.

Aprender a ser agradecida a pesar de los desafíos hace que los problemas causen menos dolor. Si vuelvo a conceptualizar las dificultades como oportunidades para separarme de mis deseos personales, entonces tal vez alivie aquellos sentimientos de ansiedad o depresión.

Entregar todo al control de Dios no significa que simplemente me quede sentada ociosamente esperando que mis problemas desaparezcan milagrosamente. Conociéndome a mí misma, el esperar que el mundo me brinde las soluciones perfectas sin realizar ningún esfuerzo de mi parte probablemente aumentaría mi desesperación. Otro pasaje de los escritos bahá’ís me anima a enfrentar mis problemas con confianza y fe:

Por muy aflictivos que sean vuestros sufrimientos, permaneced impasibles y, con perfecta confianza en la abundante gracia de Dios, afrontad la tempestad de las tribulaciones y las feroces pruebas. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 56.

Soy una persona emocional, por lo que permanecer inalterada requiere liberarme de mis reacciones iniciales e instintivas a las dificultades. Estar tranquila no significa que deba ignorar mis sentimientos o fingir que no existen, sino que debería expresarlos mientras mantengo la creencia profundamente arraigada de que Dios me proporcionará alguna forma de crecimiento y me brindará bendiciones. Puedo llevar esta creencia subyacente y reconocer honestamente cómo me siento, y esta creencia en sí misma proporciona confianza para ayudarme a seguir abordando mis dificultades.

Pero el crecimiento no llega inevitablemente después de las dificultades. Siempre digo “lo que no te mata no siempre te hace mejor, a veces te amarga”. Si quiero evitar esa amargura, depende de mí tomar los desafíos que se me presenten y aprovecharlos al máximo. Debo activamente elegir estar agradecida a pesar del dolor y la frustración, o simplemente podría enojarme con Dios y con el mundo.

Me viene a la mente una última cita de las enseñanzas bahá’ís que expone esta idea:

Las almas que soportan las pruebas de Dios, llegan a ser las manifestaciones de grandes dotes; porque las tribulaciones divinas son la causa de que algunas almas lleguen a tornarse enteramente sin vida, en tanto que ellas son también la causa de que las almas sanas asciendan al más alto grado de amor y firmeza. Ellas motivan el progreso y también el retroceso. – Abdu’l-Bahá, Tablas de ‘Abdu’l-Bahá, pág. 324.

Si bien la dureza de este mundo definitivamente puede deprimir a las personas, sin desafíos tendríamos muy pocas oportunidades de desarrollar nuestras habilidades espirituales. Realmente no aprendería a ser paciente sin algo por lo que esperar. No sabría perdonar verdaderamente si nunca fuera traicionada. Para volver a la analogía de la lluvia torrencial: sin el aguacero, la hermosa selva no podría florecer. El crecimiento y la belleza interna dependen en última instancia de los desafíos.

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