Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

A medida que sigo tratando de averiguar cómo ser la mejor versión de mí misma, he comenzado a preguntarme qué cosas debo incluir en mi vida y cuáles debo evitar.

La vida significa elegir, ya que, en última instancia, nuestras elecciones nos definen.

La ciencia sugiere que ciertos alimentos, rutinas y actitudes nos ayudan a vivir las vidas más felices que podemos, y las fuentes espirituales también proporcionan orientación. Al igual que otras escrituras religiosas, los escritos bahá’ís sugieren que examinemos profundamente la forma en que elegimos relacionarnos con los demás para establecer una forma de vida más saludable.

Nuestra salud espiritual está conectada a la forma en que hacemos sentir a los demás y la forma en que los percibimos. Una de las cualidades específicas de la cual nos advierten los escritos bahá’ís es la envidia:

Sabe, ciertamente, que el corazón en el que aún perdure el menor remanente de envidia, nunca alcanzará Mi dominio eterno, ni aspirará los dulces aromas de santidad que emanan de Mi sagrado reino. – Bahá’u’lláh, Las palabras ocultas, pág. 58.

Si imagino mi bienestar interno como una escalera con la que puedo subir cada vez más alto para ver más alturas hermosas, la envidia bloquea mi progreso hacia arriba. Puede impedir que me sienta agradecida por lo bueno de mi vida al mantenerme envuelta en cómo percibo la vida de otra persona. La falta de gratitud puede contribuir a que tenga dificultades al practicar la verdadera generosidad, al estar absorta en lo que no poseo.

Las enseñanzas bahá’ís dicen:

Por lo tanto, oh Mis siervos, no manchéis vuestras alas con el barro del descarrío y deseos vanos y no dejéis que se ensucien con el polvo de la envidia y el odio, para que nada os impida remontaros en los cielos de Mi divino conocimiento. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, pág. 103.

Este pasaje implica que nuestra tendencia a la envidia y al odio proviene de nuestra naturaleza inferior. La parte espiritual en nosotros no es la parte que se molesta cuando otros tienen algo que les hace feliz – en cambio, esa parte de nuestra naturaleza aprecia la positividad que cada uno de nosotros trae. Pero para alcanzar este estado de apreciación, necesitamos reconocer realmente nuestra interconexión:

Suplicamos a Dios que purifique los corazones […] del rencor y de la enemistad, para que miren los asuntos con ojos limpios de desprecio. – Bahá’u’lláh, El llamamiento al señor de las huestes, pág. 162.

A menudo, la envidia viene de nuestra incapacidad de encontrar paz con nuestras propias imperfecciones. Nos presionamos demasiado, nos criticamos demasiado, y nos enfocamos excesivamente en lo que imaginamos que son nuestras fallas. A menudo no nos damos cuenta como esta inseguridad se relaciona con nuestra actitud agria hacia los demás, y al ignorar esa relación, podemos perder la oportunidad de resolver la raíz de nuestra envidia.

Con el fin de ser libres de los celos, las enseñanzas bahá’ís dicen que debemos limpiar nuestros corazones de cualquier enemistad o rencor dentro de nosotros. Liberar nuestros corazones de la envidia puede permitirnos experimentar la verdadera alegría. Si bien es posible que nunca podamos deshacernos completamente de los celos, esperamos que cada paso adelante nos recuerde que tenemos el poder de superarlos.

El proceso de superar la envidia en sí mismo puede convertirse en una fuente de alegría:

Cuando una persona encuentra la alegría de vivir en algún lugar, vuelve al mismo sitio en busca de más alegría. Cuando alguien descubre oro en una mina, regresa a la misma mina para extraer más oro.

Ello muestra la fuerza interior y el instinto natural que Dios ha otorgado al ser humano, y el poder de la energía vital que es innato en él. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 35.

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