Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Cuando consideramos cuál es la mejor manera de servir a los demás, es de ayuda recordar que es posible alcanzar el nivel que establezcamos para nosotros mismos, que cualquier servicio que prestemos a los demás debe realizarse de la mejor manera posible.

Mientras nos esforzamos por lograr la excelencia en todo lo que hacemos, debemos recordar que la forma más sincera de servicio es la que se ofrece con un espíritu de humildad. Ser útil es gratificante, pero nuestros esfuerzos por ayudar a otros deben estar libres de cualquier deseo de engrandecimiento personal, reconocimiento o sentido de superioridad. El prestigio es una noción basada únicamente en creencias sociales, no en la realidad.

Por ejemplo, la sociedad moderna tiene en alta estima a los médicos porque estudian métodos de curación durante años, se les paga bien y se ocupan de asuntos importantes de la vida y la muerte. A menudo, cuando su salud está en grave peligro, las habilidades y el conocimiento de un médico son esenciales para aliviar su dolencia o curar su lesión. Por estas razones, ponemos en sus manos nuestra atención médica y la buscamos cuando estamos enfermos.

Los recolectores de basura, sin embargo, no son tan apreciados. Muchos ven el trabajo de un recolector de basura como necesario pero indeseable porque elimina nuestros desechos y los artículos con los que ya no queremos lidiar. Sin embargo, todos los días, los recolectores de basura eliminan y desechan toneladas de materiales potencialmente peligrosos, asegurando así que miles de personas no se enfermen. La recolección de basura es, de hecho, mucho más proactiva que la medicina tradicional en la prevención de enfermedades. Por un lado, la mayoría de los médicos no están en el negocio de la prevención porque se esfuerzan por tratarnos solo después de que nos hemos enfermado. Los recolectores de basura, por otro lado, realizan su servicio antes de enfermarnos al prevenir la posible propagación de la enfermedad. Entonces, ¿qué profesión es más digna de prestigio y respeto? Podrían considerarse iguales, porque tanto el médico como el recolector de basura sirven al mundo y al hacerlo se sirven mutuamente:

Dedicad todo vuestro esfuerzo a la felicidad de los desposeídos, alimentad al hambriento, vestid al menesteroso y glorificad al humilde. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 222.

Que [todos los seres humanos] purifiquen su vista y consideren a toda la humanidad como hojas, flores y frutos del árbol del ser. Que en todo momento se preocupen por hacer una buena obra para alguno de sus congéneres, ofreciendo a alguien amor, consideración, atenta ayuda. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 4.

Cualquier trabajo que uno haga en la vida, no solo el trabajo voluntario, puede llevarse a cabo con un espíritu de servicio. Cualquier profesión, ya sea vista como prestigiosa o humilde, merece reconocimiento si existe para servir a los demás. Nuestras intenciones, esfuerzos y logros son todos factores en nuestro servicio a los demás. Para servir eficazmente, debemos ser puros en nuestras intenciones, diligentes en nuestros esfuerzos y humildes en nuestros logros.

Poner demasiado énfasis en los resultados puede ser decepcionante. Es bueno tener éxito, pero a menudo el resultado de una situación está fuera de nuestro control. Estar demasiado centrado en los resultados puede ser el factor impulsor en las corporaciones y el capitalismo, pero tiene poco que ver con el verdadero servicio altruista. Si valoramos solo el resultado y no los esfuerzos, entonces el dicho “los fines justifican los medios” tiene sentido lógico. Sin embargo, la experiencia ha demostrado repetidamente que quienes seguimos este razonamiento somos juzgados en última instancia tanto por el egoísmo de nuestros corazones como por lo que nuestras manos han forjado. Nuestras intenciones son la única cosa en la vida sobre la cual tenemos control total, especialmente cuando nos esforzamos por ayudarnos mutuamente. Son parte de una secuencia de pasos que conducen a un servicio efectivo.

El primer paso en cualquier plan para un servicio efectivo debe ser comenzar con la oración, ya que siempre es espiritualmente beneficioso orar y reflexionar sobre las necesidades de la situación en la que esperamos servir. Esto nos ayuda a permanecer desinteresados en nuestras intenciones. Luego debemos recurrir a nuestra determinación y voluntad, y finalmente debemos actuar para llevar a cabo nuestro plan, confiando en que cualquiera sea el resultado, es la voluntad de Dios.

Incumbe a todo hombre dotado de discernimiento y comprensión, esforzarse por llevar lo que ha sido escrito a la realidad y acción… Es de hecho un hombre, quien, hoy, se dedica al servicio de toda la raza humana. El Gran Ser dice: Bienaventurado y feliz es aquel que se levanta para promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la tierra. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, pág. 131.

Como marco para nuestras intenciones y un bosquejo de nuestro servicio a los demás, el siguiente extracto de las escrituras bahá’ís se encuentra entre los mejores consejos espirituales:

Sé generoso en la prosperidad y agradecido en la adversidad. Sé digno de la confianza de tu prójimo, y mírale con rostro resplandeciente y amistoso. Sé para el pobre un tesoro, para el rico, un amonestador; sé uno que responde al llamado del menesteroso, y guarda la santidad de tu promesa. Sé recto en tu juicio y moderado en tu palabra. No seas injusto con nadie, y a todos muestra mansedumbre. Sé como una lámpara para quienes andan en tinieblas, una alegría para los entristecidos, un mar para los sedientos, un asilo para los afligidos, un sostenedor y defensor de la víctima de la opresión. Que la integridad y rectitud distingan todos tus actos. Sé un hogar para el forastero, un bálsamo para el que padece, un baluarte para el fugitivo. Sé ojos para el ciego y una luz de guía a los pies de los que yerran. Sé un ornamento del semblante de la verdad, una corona sobre la frente de la fidelidad, un pilar del templo de la rectitud, un hálito de vida para el cuerpo de la humanidad, una insignia de las huestes de la justicia, un lucero sobre el horizonte de la virtud, un rocío para la tierra del corazón humano, un arca en el océano del conocimiento, un sol en el cielo de la munificencia, una gema en la diadema de la sabiduría, una luz refulgente en el firmamento de tu generación, un fruto del árbol de la humildad. – Ibid., pág. 149.

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