Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

A las 5:00 pm, el momento en que el estrés del día ha cobrado su precio y mi energía disminuye, recuerdo: ¡esta noche es el Devocional Interreligiosa de Mujeres en la casa de mi amiga!

Mi bella amiga persa, Naghmeh, ha tratado de hacerme asistir a la devocional durante meses, pero debido a momentos de agotamiento como este, aún no había podido asistir. Hoy, sin embargo, siento que me debo a mí misma hacer algo realmente divertido y espiritualmente nutritivo, y deshacerme de cualquier sentimiento de soledad que a veces puede surgir cuando no estoy prestando atención.

Las reuniones devocionales bahá’ís ocurren naturalmente en comunidades donde se desarrollan conversaciones sobre nuestra conexión espiritual. En diversos entornos, los bahá’ís y sus amigos y familias se unen para tener conversaciones amorosas y orar. Estas sencillas reuniones devocionales bahá’ís no tienen ritos, rituales o formalidades, y ningún individuo tiene un papel distintivo. Estas generan un espíritu de unidad y adoración comunitaria, y este espíritu comienza a infundir armonía y unión en la comunidad, empoderando nuestros esfuerzos colectivo.

Así que tomé un breve descanso, comí algo y salí. Cuando entré en la casa de mi amiga, un hermoso grupo de mujeres de muchas culturas, orígenes y religiones se unieron para saludarme, todas juntas con el propósito de fomentar una comunidad amorosa con énfasis en la unidad. Naghmeh nos recibió a todos y compartimos brevemente algunas palabras sobre nosotros mismos.

“Esta es la devocional de todos. ¿Sobre qué les gustaría orar o conversar?”, preguntó nuestra anfitriona.

Varias de las mujeres allí habían recientemente perdido seres queridos. Naghmeh y yo compartimos que una querida amiga nuestra había fallecido unos días antes, así que comenzamos la reunión con una poética oración bahá’í por los difuntos, específicamente por las mujeres:

Di: ¡Oh Dios, mi Dios! Tú has confiado a mi cuidado un tesoro que te pertenece y ahora, de acuerdo con el agrado de tu voluntad, pides que éste vuelva a Ti. No es que yo, que soy una sierva tuya, diga a qué viene esto o por qué motivo ha ocurrido, ya que Tú eres glorificado en todos tus actos y debes ser obedecido en tus decretos. Tu sierva, oh mi Señor, ha puesto sus esperanzas en tu gracia y generosidad. Permítele obtener aquello que le acerque a Ti y le sea provechoso en cada uno de tus mundos. Tú eres el que perdona, el Todo Generoso. No existe otro Dios más que Tú, el que ordena, el Antiguo de los Días. – Bahá’u’lláh, Oraciones Bahá’ís, pág. 45.

Después de la oración comenzamos a hablar sobre el más allá y la visión de nuestra religión o cultura sobre el tema. Una de las mujeres cristianas le preguntó a una mujer sij cómo veía su religión el cielo y el infierno. Ella dijo que creían que el cielo era cercanía a Dios y que el infierno era lejanía. El grupo coincidió abrumadoramente en que básicamente esto es lo que enseñaba su religión, y esto marcó la pauta para una noche armoniosa. Leímos oraciones de diferentes religiones, y con cada una de ellas encontramos puntos en común.

Para promover esta atmósfera de unidad, Naghmeh leyó una recopilación de escritos sobre la “Regla de Oro”, que se encuentra en todas las religiones. Mientras leía, uno apenas podía descifrar qué religión estaba citando, todos parecían tan similares:

Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos. – Mateo 7:12.

No hagas a los demás lo que no deseas que te hagan a ti mismo; y desea a los demás lo que deseas y anhelas, a ti mismo. – El Mahabharata 5: 1517.

Ninguno de ustedes realmente cree hasta que desea para su hermano lo que desea para sí mismo. – Bukhari, Volumen 1, Libro 2, # 15.

Ama a tu prójimo como a ti mismo. – Levítico 19:18.

Haz que tú mismo seas la medida de los demás, y abstente de causarles daño. – El Dhammapada.

Elige para tu prójimo aquello que elegirías para ti mismo. – Bahá’u’lláh, La Epístola al Hijo del Lobo, p. 30)

Comenté que durante miles de años muchas de las religiones del mundo han luchado entre sí, cuando en realidad sus enseñanzas espirituales esenciales son básicamente las mismas, y que nuestros puntos en común superan con creces nuestras diferencias. Todos estuvieron de acuerdo. Mientras continuamos hablando sobre la unidad , sentí un profundo sentido de pertenencia y conexión con este grupo de mujeres, muchas de las cuales nunca había conocido antes. Todas habíamos venido con corazones abiertos e intenciones amorosas y un espíritu de compasión que se podía sentir palpable en la habitación. A medida que la tarde continuó, hubo mucha alegría y risas, compartíamos en un nivel personal profundo, todo en un ambiente seguro y empático.

Miré mi teléfono y no podía creer que hubiera pasado una hora y media. “Lo siento mucho, pero tengo que irme”, dije mientras me levantaba. Varias otras mujeres también tuvieron que irse, así que nos despedimos con abrazos y ofrecimientos de oraciones mutuas hasta nuestra próxima reunión.

Mientras conducía a casa, el sol se escondía, con nubes rosadas en un cielo turquesa, y sentí una conexión alegre y de apoyo con mi pequeña comunidad de mujeres, un comienzo auspicioso para una conexión cada vez más amplia con la comunidad más amplia del mundo.

Sabemos, científicamente, que la conexión con los demás y con nuestra comunidad mejora nuestra perspectiva, estado de ánimo y salud. Sentirse apoyado por otros es esencial para nuestro bienestar. Como dice aquel artículo, “los estudios han demostrado que los sentimientos de pertenencia y confianza en los demás son el determinante más fuerte del bienestar mental y el control de los problemas de salud física”.

Hoy, los bahá’ís y sus amigos de todas las religiones y de ninguna religión en particular celebran miles y miles de este tipo de reuniones devocionales en localidades de todo el mundo, en grandes ciudades, pequeños barrios y aldeas remotas. Ya sea para mujeres, para niños y jóvenes, o para cualquiera que quiera unirse en el espíritu de súplica al Creador, puede asistir y participar. Si lo desea, puede contactar a los bahá’ís en su vecindario o comenzar una reunión devocional propia. Tu espíritu, tu comunidad y el mundo te lo agradecerán.

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