Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Solo por un momento, piense en la última decisión importante que tomó y pregúntese: ¿quién es esa voz dentro de mi cabeza que me ayudó a decidir?

No, no eres esquizofrénico. No tienes múltiples personalidades. Literalmente, todos, independientemente de su nivel relativo de cordura, escuchan y conversan con una voz interna.inner voice

 Algunos lo llaman la voz de la razón. Algunos dicen que representa nuestra conciencia, o nuestro ego, o nuestros instintos internos. Los neurólogos y los investigadores del cerebro y el comportamiento lo llaman “discurso interno”, y su investigación ha demostrado que escuchar el discurso interno es una experiencia cotidiana común para todos. Todos tenemos un continuo diálogo mental interno.

El poeta y compositor Leonard Cohen escribió “Las voces en mi cabeza, a ellos no les importa lo que haga, solo quieren discutir el asunto una y otra vez”.

Esta voz interior universal y autogenerada desempeña un papel importante en la mediación de lo que pensamos, decimos y hacemos. En el proceso de ese diálogo interno, podemos aprender algo importante: que no somos nuestros pensamientos. En cambio, nuestra conciencia observa esos pensamientos y nos ayuda a generar nuestras respuestas. Pensamos nuestros pensamientos, y luego nuestra conciencia pregunta qué significan.

Las enseñanzas bahá’ís se refieren a este diálogo interior dentro de todos nosotros como “una consulta con nuestra realidad interior”:

Es evidente que más allá de este cuerpo material, el hombre está dotado de otra realidad, la cual constituye en el mundo de los ejemplos el cuerpo celestial del hombre.

Al hablar, el hombre dice: “Yo vi”, “Yo hablé”, “Yo fui” ¿Quién es este “Yo”? Es obvio que este “Yo” es diferente de ese cuerpo. Está claro que cuando el hombre piensa es como si consultara con otra persona. ¿Con quién consulta? Es evidente que se trata de otra realidad, de un “otro” separado del cuerpo con quien consultamos al pensar: “¿Haré este trabajo o no?” “¿Cuál es el inconveniente de esto trabajo si lo realizo?”. Luego, esta otra realidad del hombre le comunica su opinión referente al punto en discusión. Por tanto, esa realidad del hombre es obviamente distinta a la realidad de su cuerpo; un “Yo” con quien el hombre consulta y cuya opinión busca.

A menudo un hombre se resuelve positivamente acerca de un asunto; por ejemplo, elige realizar un viaje. Luego lo medita; es decir, consulta con su íntima realidad; y finalmente decide que renunciará a ese viaje. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué abandonó su propósito original? Ese evidente que ha consultado con su íntima realidad, la cual le expresó las desventajas de tal viaje; por tanto, él acata esa realidad y cambia su primera intención. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 451.

Así que vamos a hacer las preguntas obvias: entonces, ¿quién es esa voz dentro de mi cabeza? ¿De dónde viene esa realidad interior? ¿Soy yo, o es un observador incorpóreo, algún crítico interno? ¿Tengo que prestarle atención?

Abdu’l-Bahá, el hijo de Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la Fe Bahá’í,  aconsejó no solo escuchar esa voz interior, sino también prestar atención:

Esta es la realidad consciente que descubre el significado íntimo de las cosas, pues el cuerpo exterior del hombre no descubre nada. La realidad etérea íntima entiende los misterios de la existencia, descubre las verdades científicas e indica su aplicación técnica. Descubre la electricidad, produce el telégrafo el teléfono y abre la puerta al mundo de las artes. Si el cuerpo material exterior hiciera esto, el animal sería, de igual modo, capaz de hacer descubrimientos científicos maravillosos, pues el animal comparte con el hombre todos los poderes y limitaciones físicas. ¿Cuál es, entonces, ese poder que penetra las realidades de la existencia y que no se encuentra en el animal? Es la realidad íntima que comprende las cosas, arroja luz sobre los misterios de la vida y del ser, descubre el Reino celestial, devela los misterios de Dios y diferencia al hombre de la bestia. Sobre esto no puede haber duda. – Ibid., pág. 451.

Nuestra realidad interior, dicen las enseñanzas bahá’ís, nos diferencia “de las bestias”. “Arroja luz sobre los misterios de la vida y del ser”. Aun más importante es que “descubre el Reino celestial” y “devela los misterios de Dios”.

¿Podría esa voz interior ser nuestra alma hablándonos?

En el mundo espiritual, los dones divinos son infinitos, porque en ese reino no existen ni la separación ni la desintegración que caracterizan al mundo de la existencia material. La existencia espiritual es absoluta inmortalidad, plenitud e inmutabilidad del ser. Por eso debemos dar gracias a Dios, porque Él ha creado para nosotros tanto bendiciones materiales, como dones espirituales. Él nos ha dado dádivas materiales y gracias espirituales, vista exterior para contemplar las luces del sol y visión interior para percibir la gloria de Dios. Ha diseñado el oído exterior para disfrutar las melodías del sonido y el oído interior con el cual podemos escuchar la Voz de nuestro Dios. – Ibid., pág. 107.

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