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Dirigida por filósofos europeos y pensadores brillantes como Francis Bacon, René Descartes e Immanuel Kant, la humanidad pasó de la Era de la Razón, también conocida como la Era de la Ilustración, a la era moderna.

A principios de la década de 1840, los humanos, ya fueran reyes, líderes empresariales o trabajadores, habían comenzado a aprender a pensar por sí mismos, libres de dogmas y credos religiosos o edictos gubernamentales. La educación se generalizó y su influencia se profundizó. La alfabetización aumentó. Cada vez más personas obtuvieron la capacidad de tomar sus propias decisiones, en lugar de seguir ciegamente la tradición.

A principios de la década de 1840, Georg Hegel, el principal filósofo europeo, desarrolló sus pensamientos sobre la integración realidad como un todo, incluida la existencia física aquí en el planeta Tierra y la existencia espiritual en todos los mundos de Dios. Una conciencia más amplia comenzó a florecer: que todos los humanos estamos conectados, algo que nos hace a cada uno de nosotros parte de un todo mayor, lo cual proporcionó una base para poder dar el siguiente paso para crear el Reino de Dios aquí en el planeta Tierra.

Durante ese tiempo, crecieron las expectativas en todo el mundo sobre el amanecer de una nueva era. Un despertar religioso, anticipado por personas de diferentes religiones, parecía inminente. En los Estados Unidos, William Miller, un líder religioso y otros teólogos analizaron las escrituras del Antiguo Testamento y concluyeron que Jesucristo regresaría el 22 de abril de 1844. Más de 50,000 de sus seguidores, conocidos como milleritas, se reunieron ese día para dar la bienvenida al regreso de Jesús.

Los miembros alemanes de la Sociedad del Templo, en previsión del regreso de Jesús, habían emigrado a Haifa, Palestina, creando una colonia templaria en la base del Monte Carmelo.

Los teólogos islámicos shitas en Irak y Persia también esperaban el regreso del 12 ° imán, y el 22 de mayo de 1844, Mulla Husayn, uno de los líderes chiitas que buscaban activamente a aquella persona, llegó hasta las puertas de la ciudad de Shiraz, Persia.

Al día siguiente, 23 de mayo de 1844, una puerta se cerró silenciosamente y otra puerta se abrió. Mulla Husayn se convirtió en el primer seguidor de una fe naciente proclamada por el Bab, quien dijo que él era el heraldo de una revelación posterior que sería proclamada por “Aquel a quien Dios hará manifiesto”. El Bab anunció que esa nueva Fe cumpliría las profecías y promesas de todas las tradiciones religiosas anteriores, y cubriría toda la Tierra con un nuevo espíritu traído por un nuevo mensajero del Creador:

No hay paraíso más maravilloso para cualquier alma que el estar expuesto a la Manifestación de Dios en su Día, oír Sus versos y creer en ellos, alcanzar Su Presencia, que no es sino la Presencia de Dios, navegar en el mar del Reino celestial de Su complacencia, y tomar de los frutos escogidos de Su Unidad divina. – El Bab, Selecciones de los Escritos del Bab, pág. 38.

Las enseñanzas bahá’ís dicen que con la aparición del Bab, la Era de la Profecía que había durado seis mil años había llegado a su fin. Los escritos del Bab declararon que la humanidad había avanzado hacia aquella Edad de Oro cuando la justicia, la unidad, la paz y la prosperidad para todos ocurrirían en la Tierra. Las tradiciones del hinduismo, el budismo, el zoroastrismo, el judaísmo, el cristianismo y el islam hablaban de profecías para los últimos tiempos cuando el bien vencería al mal y la paz beneficiaría a todos. Con la aparición del Bab, sus seguidores demostraron que había llegado una nueva era en la historia humana, lo que las enseñanzas bahá’ís llaman la Era del Cumplimiento.

Desde la matriz del Islam, el Bab, cuyo título significa “La Puerta”, fundó una nueva religión y dio inicio a la Era Bahá’í, en un proceso de dos etapas que se asemeja a Juan el Bautista y a Jesús fundando el cristianismo en la matriz del judaísmo.

Rápidamente, más de 100,000 musulmanes shitas en Persia abrazaron extáticamente la causa del Bab, lo que a su vez amenazó al clero chiíta. Ese establecimiento clerical atrincherado conspiró con el Shah de Persia y otros líderes gubernamentales para ejecutar al Bab y más de 20,000 babís en un esfuerzo fallido para erradicar la nueva religión.

El papel aún más consecuente del Bab, como el heraldo de alguien más grande que él, pronto puso fin a su breve revelación de seis años. Después del martirio del Bab a manos de un gobierno y un clero temerosos, apareció “Aquel a quien Dios hará manifiesto”. Conocido como Bahá’u’lláh, un título que significa la “Gloria de Dios”, similar al título de Cristo como el “Hijo de Dios”, fundó la Fe Bahá’í.

El gobierno y el establecimiento clerical continuaron persiguiendo a los bahá’ís de la misma manera que intentaron acabar con los babis. Pero sus esfuerzos no solo no funcionaron, sino que obligaron a muchas más personas a investigar la nueva Fe de Bahá’u’lláh y convertirse en bahá’ís. Con el tiempo, esas nuevas creencias se extendieron por todo el mundo. Hoy en día, existen comunidades bahá’ís en casi todos los países y localidades del mundo, por lo que la Fe Bahá’í es la segunda religión más extendida en la historia humana.

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