Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Cualquier persona puede encontrarse de repente en una posición en la que necesite reorganizar o restablecer partes de su vida.

Aunque siempre me he esforzado por trabajar en mí misma y siempre lo haré, me he dado cuenta de que la edad adulta temprana está especialmente llena de oportunidades para tomar decisiones que cambian la vida. En el proceso de tratar de tomar estas decisiones, he descubierto que las preguntas sobre quién soy vuelven a surgir cuando trato de dirigirme hacia el camino más adecuado para el futuro.

Las enseñanzas bahá’ís hablan de la importancia de conocerse a sí mismo:

La verdadera pérdida es la de aquel cuyos días se han consumido en completa ignorancia de su propio ser. – Bahá’u’lláh, Las tablas de Bahá’u’lláh, pág.  187.

Constantemente estoy sedienta por encontrar maneras de entender mejor quién soy, y parte de conocer mi propio propósito y valor en el mundo significa comprender mejor la naturaleza humana. Los escritos bahá’ís dicen que todos tenemos una naturaleza dual:

En el ser humano existen dos naturalezas; su naturaleza superior o espiritual, y su naturaleza inferior o material. Con una se acerca a Dios, con la otra vive sólo para el mundo. Los signos de estas dos naturalezas se hallan presentes en cada persona. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág.  74.

Sabiendo que tengo tanto una naturaleza superior o espiritual, así como una inferior o material, puedo elegir conscientemente tomar decisiones que prioricen mi crecimiento espiritual mientras que simultáneamente me ocupo de mis necesidades físicas. No es necesario ignorar todos mis instintos primarios para llevar una vida plena – aunque reconozco que prefiero dirigir esos instintos en lugar de dejar que ellos me dirijan a mí.

Puede ser difícil averiguar qué partes de mí representan mi naturaleza superior. ¿Quién soy realmente? La oración, la meditación, la escritura y la terapia me proporcionan una mejor comprensión del auto-descubrimiento, pero los escritos bahá’ís dicen que para conocernos verdaderamente a nosotros mismos, tenemos que hacer aún más. Podemos familiarizamos mejor con nuestro verdadero ser a través del servicio a los demás:

Se nos han conferido sentidos y facultades para dedicarlos al servicio y bien general, de modo que nosotros, que nos distinguimos sobre las demás formas de vida por la percepción y la razón, breguemos en todo tiempo y en todos los campos, sea la ocasión grande o menuda, ordinaria o extraordinaria, hasta que la humanidad toda se haya reunido a salvo dentro de la fortaleza inexpugnable del conocimiento. De continuo deberíamos establecer bases nuevas para la felicidad humana y promover instrumentos renovados con vistas a este fin. Cuán excelente, cuán honorable se vuelve el hombre si se alza a desempeñar sus responsabilidades; cuán desdichado y despreciable si cierra sus ojos al bienestar de la sociedad y malgasta esta preciosa vida yendo en procura de sus propios intereses egoístas y ventajas personales. – Abdu’l-Bahá, El secreto de la civilización divina, pág. 7.

La investigación ha demostrado, en múltiples campos como la antropología, la sociología y la psicología, que los seres humanos son criaturas comunitarias. Aprendemos unos de otros y el bienestar de uno afecta al bienestar de todos. Nos guste o no, tanto las fuentes científicas como las religiosas afirman que estamos interconectados, por lo que tiene sentido que nos encontremos a nosotros mismos a través de la interacción con los demás. A medida que damos y aprendemos a integrarnos mejor con nuestra comunidad, fortalecemos nuestro sentido de propósito.

Cuando buscamos maneras de servir a los demás y de descubrir mejor nuestra naturaleza superior, reconocemos que no todos somos iguales. Cada uno de nosotros tiene un papel distinto y diferentes capacidades para contribuir a mejorar nuestras comunidades y apoyar a los demás.

Estar unidos no significa que nos esforcemos por ser uniformes, sino que celebramos nuestra diversidad. Cada uno de nosotros tiene sus propios intereses, fortalezas y desafíos. Podemos servirnos unos a otros de muchas maneras diferentes, todas ellas buenas.

Cuando reflexiono sobre mi verdadero propósito, el cual creo que es conocer y adorar a Dios, se hace evidente que tengo que tomar decisiones que me nutran y me ayuden a crecer. Soy capaz de hacerlo cuando honro la nobleza espiritual de los demás y contribuyo a sus esfuerzos.

No tengo que aislarme para descubrir quién soy – a medida que abro mi corazón para ayudar a los demás, me acerco más al conocimiento de mi verdadero ser.

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