Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Un amigo me preguntó hace poco: “¿cómo haces para grabar tus canciones con excelencia mientras tratas de no ser perfeccionista?”. Mi respuesta fue bastante sencilla: “¡Es muy, muy difícil!”

Si bien he grabado música durante más de una década y actualmente estoy en el proceso de producir mi sexto álbum de estudio, tratar de encontrar un equilibrio entre esforzarme por alcanzar la excelencia y estar separada de los estándares que yo y la sociedad hemos establecido para mí misma continúa siendo una lucha personal constante.

Desde que tengo memoria, siempre me han alentado a practicar la excelencia en todas las cosas que haga. Mis padres hicieron todos los esfuerzos posibles para garantizar que tuviera todas las herramientas que necesitaba para alcanzar la excelencia en todos los aspectos de la vida. También, los escritos bahá’ís consideran la excelencia como una cualidad espiritual y alientan altamente la práctica de intentar alcanzarla, particularmente cuando se realizan en servicio a la humanidad. Estas palabras de Abdu’l-Bahá les dieron a mis padres gran motivación en sus esfuerzos por apoyarme en mi búsqueda de excelencia:

Por consiguiente, oh amados de Dios, haced un gran esfuerzo hasta que vosotros mismos seáis indicio de este adelanto y de todas estas confirmaciones, y lleguéis a ser puntos focales de las bendiciones de Dios, auroras de la luz de Su unidad, promotores de los dones y las mercedes de la vida civilizada. Sed en ese país avanzadas de las perfecciones de la humanidad; llevad adelante las diferentes ramas del conocimiento, sed activos y progresistas en el campo de las invenciones y las artes. Empeñaos en rectificar la conducta de los hombres y tratad de sobrepasar a todo el mundo en carácter moral. Mientras los niños se hallen todavía en su infancia, alimentadlos en el pecho de la gracia celestial, criadlos en la cuna de toda excelencia, educadlos en el abrazo de la munificencia. Haced que obtengan provecho de toda clase de conocimiento útil. Dejadles participar en todo oficio o arte nuevo, extraordinario y maravilloso. Educadlos en el trabajo y el esfuerzo, y acostumbradlos a las privaciones. Enseñadles a dedicar la vida a cosas de gran importancia, e inspiradles a emprender estudios que han de beneficiar a la humanidad. – Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 98.

Abdu’l-Bahá nos llamó a la acción alentándonos a “llevar adelante diferentes ramas del conocimiento”, “dedicar nuestras vidas a asuntos de gran importancia” y “emprender estudios que beneficien a la humanidad”. Aun cuando nos pidió que nos convirtiéramos en “avanzadas de las perfecciones de la humanidad”, que nos esforcemos por poseer las cualidades y los atributos que conducen a la perfección humana, no nos llamó a ser perfeccionistas.

Entonces, ¿por qué nos frustra cuando sentimos que las cosas no se ven o suenan 100% perfectas? ¿Significa esto que estamos arriesgando nuestra búsqueda de la excelencia? ¿Estamos mostrando debilidad o conformándonos cuando compartimos un trabajo o proyecto que, a nuestros ojos, no es tan perfecto?

El diccionario de Webster define la palabra perfecta como “estar completamente sin culpa o defecto”. ¿Puedo yo, esta pequeña mota de polvo, viviendo una existencia muy temporal en este plano terrenal, incluso ligeramente capaz de ser considerada completamente libre de defecto? No, no lo creo.

A pesar de que Abdu’l-Bahá pide a los que practican un oficio que “produzcan aquello que manifestará la mayor belleza y perfección”, lo presenta diciendo que debemos hacer nuestro mayor esfuerzo y seguir con diligencia nuestras profesiones. Cada uno a nuestra propia voluntad y capacidad:

Les corresponde a los artesanos del mundo ofrecer a cada momento un millar de muestras de gratitud en el Sagrado Umbral y poner el mayor empeño en ejercer diligentemente su profesión, para que sus esfuerzos produzcan aquello que ha de manifestar la más grande belleza y perfección a los ojos de todos los hombres. – Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 197.

Entiendo esta afirmación, no como una expectativa de perfección personal, sino como un estímulo para esforzarse en la búsqueda de la perfección y la excelencia.

El estándar que tengo para mí misma y para mi trabajo es bastante alto. Aquellos que me conocen bien pueden atestiguar las altas expectativas que tengo de mí misma y, a menudo, pongo a otras personas en las que creo bajo este mismo estándar. Pero también me esfuerzo por darme cuenta cuándo abandonar esas expectativas. Personalmente he aprendido que esto no significa mostrar debilidad, sino que representa otra cualidad espiritual que me esfuerzo por adoptar durante el proceso creativo: el desprendimiento.

Nuestros mayores esfuerzos deben estar dirigidos hacia el desprendimiento de las cosas del mundo; debemos luchar por ser más espirituales, más luminosos, por seguir el consejo de las Enseñanzas Divinas, por servir a la causa de la unidad y de la verdadera igualdad, por ser generosos, por reflejar el amor del Altísimo sobre todos los seres humanos, para que la luz del Espíritu se manifieste en todos nuestros actos… – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 113.

Hacer arte significa crear belleza. Como artistas, cuando no alcanzamos ese objetivo elevado, algo que pasa a menudo, generalmente nos convertimos en nuestros peores críticos. Pero como he reflexionado sobre los pasajes anteriores de las enseñanzas bahá’ís, me he dado cuenta de que luchar por la excelencia y la perfección es un viaje de por vida. Tenemos que honrar este viaje como parte de nuestro proceso de crecimiento personal como artistas, o en cualquier profesión, y reconocer cuándo somos demasiado duros con nosotros mismos, en detrimento de este proceso de crecimiento.

Como artistas nos hacemos increíblemente vulnerables, lo que también muestra un gran coraje, otro atributo espiritual. Nos hacemos vulnerables a las expectativas de nosotros mismos, los demás y los estándares que la sociedad pone sobre nosotros. Pero a menudo esos estándares no son para nuestro propio bienestar, así que mostramos coraje cuando no permitimos que esos estándares dicten nuestro proceso.  Hay muchos factores que entran en el proceso de creación, muchos de los cuales están fuera de nuestro control, lo que significa que nadie, incluso nosotros mismos, puede responsabilizarnos de la percepción de la perfección.

En lugar de esto, esforcémonos todos por alcanzar la excelencia en vez de la perfección. La excelencia nos pide simplemente que hagamos nuestro mejor esfuerzo en el momento de creación.

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