Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Todos hemos escuchado sobre la ley del karma, o, si prefiere un enfoque más científico, la ley de causa y efecto. Esencialmente, ambos describen el mismo principio subyacente.

Estas dos leyes del karma y la causalidad —los conceptos relacionados comunes con budistas, hindúes, jainistas y muchas otras tradiciones religiosas— esencialmente dicen que cada acción tiene una consecuencia, que las buenas acciones inevitablemente tendrán buenas consecuencias.

La mayoría de la gente cree en esas leyes, que básicamente establecen que la intención y las acciones de cualquier persona influirán en su futuro. Eso es algo maravilloso, porque cualquier concepto que nos haga pensar acerca de las consecuencias de nuestras acciones nos ayudará a ser mejores personas, lo que a su vez hará del mundo un lugar mejor.

La ley del karma nos hace conscientes de nuestra responsabilidad por nuestras acciones y también crea en nosotros el temor racional de cometer un acto cruel, principalmente porque no queremos que nos suceda lo mismo.

En un sentido científico, puedes comparar la ley del karma con la tercera ley del movimiento de Newton. En pocas palabras, esta ley establece que por cada acción hay una reacción igual y opuesta. Newton lo propuso para describir las leyes de la física en el universo material, pero también expresa la verdad de nuestra realidad espiritual. De hecho, el karma, la causalidad y la tercera ley de Newton expresan lo mismo, y cuando se combinan expresan algo aún más profundo: la armonía esencial de la ciencia y la religión.

Los escritos bahá’ís explícitamente avalan esa armonía. Sin ella, dicen, las supersticiones y los dogmas arruinan la pureza de la religión. La historia religiosa ofrece muchos ejemplos de este hecho, donde las leyes espirituales se convirtieron gradualmente en rituales sin sentido y en una negación de la realidad científica:

La religión y la ciencia están entrelazadas de modo tal que son inseparables. Son las alas con las que la humanidad debe volar. Una sola ala no es suficiente. Toda religión que descuida la ciencia es mera tradición…Por consiguiente, la ciencia, la educación y civilización son necesidades de la mayor importancia para una vida religiosa plena. – Abdu’l-Bahá, Abdu’l-Bahá en Londres, pág. 29.

Dios ha dotado al hombre con inteligencia y raciocinio mediante los cuales se le pide determinar la verdad de las cuestiones y proposiciones. Si las creencias y opiniones religiosas son contrarias a las normas de la ciencia, son meras supersticiones e imaginaciones; pues la antítesis del conocimiento es la ignorancia y su hija es la superstición. Incuestionablemente, debe haber acuerdo entre la verdadera religión y la ciencia. Si una cuestión es contraria a la razón, la fe y creencia en ella son imposibles…- Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág.195.

De acuerdo con la definición básica en sánscrito, karma simplemente significa “acción”. En esencia, todo lo que hacemos crea una energía correspondiente que regresa a nosotros de alguna forma u otra, o, como dice la frase popular: “todo da vueltas”.

La tercera ley de Newton dice: Por cada acción, hay una reacción igual y opuesta. Sabemos que la fuerza física cuando se aplica causará una reacción, y que ninguna fuerza o energía se desvanecerá en nada.

Una palabra o una acción de una persona también libera energía, al igual que las fuerzas físicas que tienen un efecto en el mundo material. Estas energías pueden ser positivas o negativas, y las energías de retorno reflejan aquella intención original.

Las enseñanzas bahá’ís nos recuerdan las consecuencias de nuestras acciones negativas y por qué debemos ser conscientes de ellas:

¡Oh compañero de mi trono! No escuches la maldad, ni mires la maldad, no te rebajes ni suspires ni te lamentes. No digas nada malo para que eso mismo no llegue a tus oídos, no agrandes las faltas de los demás para que tus propias faltas no sean agrandadas, no desees la humillación de nadie, para que no sea expuesta tu propia humillación. Vive entonces los días de tu vida, que son más que un momento efímero, con mente limpia, corazón sin mancha, pensamientos puros y carácter santificado, para que libre y contento te desprendas de este cuerpo mortal, te encamines hacia el Paraíso Místico y habites para siempre en el Reino Inmortal. – Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, pág. 23.

Estas dos leyes pueden explicar por qué todas las religiones y los filósofos han aceptado universalmente el concepto de la Regla de Oro, que se ha expresado de diferentes formas muchas religiones. La Regla de Oro parece ser el subproducto de estas dos leyes. Lo que uno pone, ya sea físico o espiritual, esa misma energía eventualmente regresará. La Regla de oro nos hace conscientes de nuestras acciones, por lo que podemos reflexionar sobre el resultado antes de tomar cualquier acción o aplicar cualquier fuerza.

No trates a los demás de una manera que tú mismo encuentres dolorosa. – budismo.

En todo, haz a los demás como te gustaría que te hicieran a ti; porque esto es la ley y los profetas. – cristianismo.

Una palabra que resume la base de toda buena conducta … bondad amorosa. No le hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti mismo. – confucianismo.

Esta es la suma del deber; no hagas nada a los demás que no quisieras que te hagan a ti. – hinduismo.

Ninguno de ustedes realmente cree hasta que deseen para los demás lo que desean para ustedes mismos. – islam.

Lo que es detestable para ti, no lo hagas a tu prójimo. Esta es toda la ley; todo lo demás es comentario. Ve y aprende. – judaísmo.

No hagas daño ni odies a tu prójimo. Pues no es él quien te hace daño, sino tú mismo. – Proverbio nativo americano Pima

No hagas a los demás lo que sea perjudicial para ti mismo. – zoroastrismo.

Las enseñanzas bahá’ís expresan la Regla de Oro de esta manera:

No pongáis sobre ningún alma una carga que no quisierais puesta sobre vosotros, y no deseéis para nadie lo que no deseáis para vosotros. Éste es mi mejor consejo, si sólo lo observaseis. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 67.

Entonces, ya sea que observemos nuestras acciones a través de la ley de Newton, la ley del karma o la Regla de oro, la conclusión se vuelve muy clara. Todas esas leyes inmutables nos dicen que debemos ser muy considerados y conscientes de nuestras acciones ya que estas siempre tienen consecuencias. En cierto sentido, creamos nuestra propia felicidad o miseria; nuestro infierno o nuestro paraíso.

Aunque es posible que nunca sintamos los resultados de nuestras acciones en este mundo temporal, esas consecuencias tienen más importancia cuando se ven a la luz de nuestro viaje espiritual más allá de esta vida terrenal. Si bien estas leyes nos alientan a reflexionar sobre nuestras acciones para que no hagamos daño a alguien, para nosotros este no es el objetivo más alto. Nuestro objetivo es lograr lo que Abdu’l-Bahá nos ha pedido:

Sed padres amorosos para el huérfano, un refugio para los desamparados, un tesoro para los pobres y una curación para los enfermos. Sed los auxiliadores de toda víctima de la opresión, los protectores de los desfavorecidos. Pensad en todo momento en prestar algún servicio a todo miembro de la raza humana. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 5.

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