Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

¿Se siente desilusionado o desesperanzado con el estado actual del mundo? Muchas personas comparten ese sentimiento debido a que las injusticias que prevalecen en la sociedad pueden a veces abrumarnos.

Nos sentimos agobiados por la falta de armonía y unidad que existe entre las habilidades, los géneros, las razas, las religiones y las naciones. Perdemos la esperanza cuando la corrupción, el conflicto y la inequidad dominan nuestras interacciones como individuos y naciones. Nos desesperamos con la guerra y la injusticia.

Muchos de los problemas que existen en la sociedad están arraigados en problemas sistémicos profundos que parecen insuperables o irresolubles en nuestra vida. Entonces, en lugar de abordar nuestros problemas más profundos, nos enfocamos en adquirir posesiones materiales para distraernos o darnos una sensación de seguridad, en lugar de tratar los problemas actuales. Nos apartamos de los problemas del mundo y retiramos nuestros talentos y facultades del proceso de encontrar y aplicar las soluciones.

Sin embargo, los bahá’ís ven toda la desunión y la injusticia como parte de una progresión evolutiva hacia un nuevo orden mundial, basado en las enseñanzas de Bahá’u’lláh, que finalmente unirá y renovará las enseñanzas fundamentales de todas las religiones y unificará las razas. y las naciones. Las enseñanzas bahá’ís dicen que toda esta confusión que presenciamos actualmente nos ayudará a hacer posibles esos cambios futuros:

Atrás han quedado los largos períodos de infancia y niñez por los cuales ha pasado la raza humana. La humanidad experimenta ahora las conmociones invariablemente relacionadas con la etapa más turbulenta de su evolución, la etapa de la adolescencia, cuando la impetuosidad de la juventud y su vehemencia alcanzan su clímax, y deben ser gradualmente reemplazadas por la calma, la prudencia y la madurez que caracterizan a la edad adulta. Entonces la raza humana alcanzará ese grado de madurez que le permitirá adquirir todos los poderes y capacidades de las cuales ha de depender su desarrollo final. – Shoghi Effendi, El Orden Mundial de Bahá’u’lláh, pág. 352.

Los bahá’ís creen que las enseñanzas de Bahá’u’lláh producirán la transformación social y espiritual que la sociedad busca desesperadamente:

Este es el día en que los más excelentes favores de Dios han sido derramados sobre los hombres, Día en que su poderosísima gracia ha sido infundida en todas las cosas creadas. Incumbe a todos los pueblos del mundo reconciliar sus diferencias y, con perfecta unidad y paz, morar bajo la sombra del Árbol de su cuidado y amorosa bondad. Les incumbe aferrarse a todo aquello que, en este Día, conduzca a la exaltación de su posición y la promoción de sus mejores intereses. Dichosos aquellos a quienes la gloriosísima Pluma se sintió inclinada a recordar y benditos aquellos hombres cuyos nombres, por virtud de nuestro inescrutable decreto, hemos preferido ocultar.

Suplicad al Dios único y verdadero que conceda que todos los hombres sean asistidos por gracia a cumplir aquello que sea aceptable a nuestra vista. Pronto el orden actual será enrollado y uno nuevo será desplegado en su lugar. De cierto, vuestro Señor habla la verdad y es el Conocedor de cosas no vistas. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 4.

El énfasis de Bahá’u’lláh en “todos los pueblos del mundo” y “para que todos los hombres sean asistidos” actúa como un humilde recordatorio de que la labor de renovación del mundo requiere la participación de todos los miembros de la sociedad humana. Debido a que ese trabajo no implica nada menos que la unificación de la raza humana y el reconocimiento de las habilidades, talentos y capacidades de todos, debemos trabajar a través de nuestras diferencias, eliminar nuestros prejuicios y unificar nuestros esfuerzos, si queremos recibir la ayuda de Dios en la creación de un nuevo mundo justo.

La unificación de toda la humanidad es el distintivo de la etapa hacia la cual se aproxima ahora la sociedad. La unidad de la familia, de la tribu, de la cuidad estado y de la nación han sido intentadas sucesivamente y establecidas por completo. La unidad mundial es la meta que una humanidad hostigada se empeña por lograr. La construcción de las naciones ha llegado a su fin. la anarquía inherente a la soberanía del Estado se acerca a su clímax. Un mundo que crece hacia la madurez debe abandonar este fetiche, reconocer la unicidad y la integridad de las relaciones humanas y establecer, de una vez por todas, el mecanismo que mejor pueda encarnar este principio fundamental de su vida. – Shoghi Effendi, El Orden Mundial de Bahá’u’lláh, pág. 352.

Independientemente de la capacidad, el género, la raza, la religión, la clase o la identidad nacional, según las enseñanzas bahá’ís, todos tienen el potencial de contribuir de una manera única al progreso de su vecindario y la transformación significativa de la sociedad en general. En pocas palabras, ninguna persona o grupo puede hacer esto solo, te necesitamos a ti. La unificación del mundo requiere la participación de cada alma viviente.

En el pasado, podríamos haber esperado que la transformación y el progreso social y espiritual de la humanidad solo pudieran ser alcanzados por un cierto segmento de la sociedad. Podríamos haber creído que un individuo sin poder político no podría lograr mucho. ¡Pero este trabajo es una responsabilidad demasiado grande, el período es muy crítico y el tiempo tan corto!

Necesitamos que cada ser humano reconozca su potencial innato y su capacidad para contribuir a la transformación de sus comunidades. Necesitamos asegurarnos de que cada individuo tenga la oportunidad de desarrollar sus capacidades y talentos, y tenga la oportunidad de aplicarlos en el campo del servicio a toda la humanidad.

Cada miembro de la sociedad tiene la responsabilidad de fomentar la creatividad de los demás, ya que hay muchas maneras de servir. Cada habilidad es necesaria y valiosa para este proceso, y se puede ofrecer en diversos grados y capacidades. Al igual que un espejo, cada persona tiene el potencial de reflejar el conocimiento del Creador y nadie debe ser privado de expresar este conocimiento, de la forma que pueda y de acuerdo con su capacidad:

Desde la fuente exaltada y de la esencia de su favor y generosidad Él ha encomendado a toda cosa creada un signo de su conocimiento, para que ninguna de sus criaturas sea privada de su parte, de acuerdo con su capacidad y grado, en la expresión de este conocimiento. Este signo es el espejo de su belleza en el mundo de la creación. Cuanto más grande sea el esfuerzo hecho para el pulimento de este espejo sublime y noble, tanto más fielmente reflejará la gloria de los nombres y atributos de Dios, y revelará las maravillas de sus signos y conocimientos. Toda cosa creada podrá revelar (tan grande es este poder de reflexión) las potencialidades de su posición preordinada, reconocerá su capacidad y limitaciones, y atestiguará la verdad que “Él, ciertamente, es Dios; no hay otro Dios fuera de Él”. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 138.

Entonces, cuando estés ahí afuera en el mundo, sintiéndote desesperado y frustrado, tal vez un poco desilusionado con nuestra falta de progreso, profundiza en el fondo de tu alma y reflexiona sobre tus propios talentos y capacidades para transformar tu comunidad. Luego, vaya un paso más allá, al tener fe en la capacidad de cada persona con la que se cruce, ya sean los hijos de sus amigos, aquella persona que vive en la calle o su vecino anciano. Alimenten sus talentos; sin duda, tendrán una habilidad valiosa que puedan ofrecer a la transformación social y espiritual de la sociedad. Ayúdelos a encontrar una manera de servir con esos talentos porque, seamos sinceros, necesitamos que cada alma viviente desempeñe su papel en este proceso de vital importancia:

La perpetuación de la ignorancia es una de las formas más graves de opresión; afianza los numerosos muros de prejuicio que se levantan como barreras para el logro de la unicidad de la humanidad, la cual es tanto la meta como el principio operativo de la Revelación de Bahá’u’lláh. El acceso al conocimiento es un derecho de todo ser humano, y la participación en su generación, aplicación y difusión es una responsabilidad que todos deberán asumir en la gran empresa de la construcción de una civilización mundial próspera, cada uno según sus talentos y capacidades. La justicia exige la participación universal. – La Casa Universal de Justicia, A los bahá’ís del mundo, abril 2010.

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