Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Estoy seguro que si mañana saliera a la calle a preguntar a las personas si piensan que la religión tiene una función relevante recibiría respuestas diversas: miradas de “este tipo está loco”, “no tiene ningún rol” (por ponerlo en términos corteses), o “es una herramienta de dominación”, “perpetúa la ignorancia” y, muy probablemente, yo también estaría de acuerdo con esas respuestas.

¿Por qué estaría de acuerdo? Pues también estaría desilusionado, por decir lo menos, por las cosas que se han hecho a lo largo del tiempo en nombre de Dios y de la religión. Cuando leí en mi adolescencia que la religión había sido comparada con el opio para mantener a la sociedad dormida, estuve en total acuerdo: lo que veía a mi alrededor en ese entonces era una sociedad catatónica y paralizada por la tradición y el dogma, ajena al movimiento del tiempo. Sumado a esto estaba la afirmación que una sola religión era la verdadera, las demás falsas y que, de no aceptarla, uno estaría condenado para siempre. ¡Una verdadera olla de presión para un adolescente!

Pero cuando leí:

“Desde los días de Adán hasta hoy, se han puesto de manifiesto las religiones de Dios una tras otra. Cada una de ellas cumplió su función debida, vivificó a la humanidad y proporcionó educación e ilustración. Libraron a las gentes de la oscuridad del mundo de la naturaleza y les hicieron entrar en el esplendor del Reino. A medida que se revelaba cada Religión sucesiva y su Ley, durante algunos siglos permanecía como un árbol cargado de frutos y a ella le era encomendada la felicidad de la humanidad. Sin embargo, al transcurrir los siglos, envejecía, ya no florecía ni daba fruto, por lo cual era entonces rejuvenecida nuevamente”. – Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, 23

Sentí esperanza ¿La religión vivifica, educa e ilustra? ¿Se renueva? Pues sí.

Cualquier persona que objetivamente analice la historia humana podrá encontrar que, justo después de la aparición de cada Maestro Divino, como Cristo, Buda, o Muhammad, ha habido una correspondiente medida de avance en las artes, ciencias, tecnología, filosofía, etc., es decir, la aparición de estos Educadores dan un impulso a las fuerzas civilizadoras de la sociedad. Pero, ¿de qué manera las enseñanzas divinas crean progreso humano?

“La religión, además, no es una serie de creencias, un conjunto de costumbres; la religión son las enseñanzas de Dios… impulsan la mente hacia pensamientos elevados, refinan el carácter y sientan las bases del honor sempiterno del hombre”. – Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, 23

¡Claro que sí! Esto me llevó a concluir que un ser humano con un carácter refinado, investido con cualidades celestiales, que piensa en cómo dar un sentido a su vida, es una persona con una mente iluminada y que, a su vez, tiene una nueva capacidad para entender su entorno y aportar a su mejoramiento. Y, cuando varios humanos hacen lo mismo simultáneamente, la civilización humana avanza. Uno se podría preguntar, si solamente la religión es capaz de lograr esto en los seres humanos. Quizá haya otras fuentes de motivación, pero mi impresión personal es que hasta ahora la religión, en su estado más puro y antes de la introducción de dogmas y prejuicios, ha sido una fuerza tal que ha logrado inspirar a  los seres humanos a realizar proezas heroicas en el plano material y espiritual en forma sobresaliente.

Sin embargo, no es posible negar la generalizada desilusión y rechazo frente a la religión tal como se entiende hoy en día, así como la reducción significativa en el número de personas participando dentro de sus estructuras.

Por ello, me parece que los seres humanos tenemos ante nosotros el desafío de volver a encontrar una Fuente de inspiración divina y usarla para volver a reactivar las fuerzas civilizadoras, si es que queremos llevar a la humanidad a su siguiente etapa de desarrollo material, social y espiritual. Te invito, entonces, a explorar la inspiración que he encontrado en las enseñanzas de Bahá’u’lláh.

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