Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

En su discurso final en América del Norte en 1912, Abdu’l-Bahá desafió enfáticamente a toda la humanidad a evaluar, por sí mismos, si prestaron atención a las enseñanzas de Dios:

Considerad cómo los Profetas que han sido enviados; las grandes Almas que han aparecido y los Sabios que han surgido en el mundo, han exhortado a la humanidad a la unidad y al amor Esta ha sido la esencia de Su Misión y Enseñanzas. Esta ha sido la meta de Su Guía y Mensaje. Los profetas, los santos, los visionarios y los filósofos han sacrificado sus vidas para establecer estos principios y enseñanzas entre los hombres. Reflexionad sobre la negligencia del mundo, porque a pesar de los esfuerzos y sufrimientos de los Profetas de Dios, las naciones y pueblos todavía están ocupados en luchar y hostigarse. A pesar de los Mandamientos celestiales de amarse los unos a los otros, siguen todavía derramando la sangre de unos y otros. ¡Cuán negligentes e ignorantes son los pueblos del mundo! ¡Cuán espesa es la oscuridad que los envuelve! Aunque son los hijos de un Dios compasivo, continúan viviendo y actuando en oposición a Su voluntad y beneplácito. Dios es afectuoso y bondadoso con todos los hombres, y sin embargo ellos muestran la mayor enemistad y odio los unos por los otros. Dios es su Vivificador, y aun así buscan constantemente destruir la vida. Dios bendice y protege sus hogares; ellos se enfurecen, saquen y destruyen mutuamente sus hogares. ¡Considerad su ignorancia y negligencia! – Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, pág. 455-456.

¿Cómo desarrollamos la compasión y la inteligencia en lugar de la ignorancia? ¿Cómo nos volvemos atentos y no negligentes ?En la misma charla, Abdul-Baha nos dijo cómo:

La tierra es un solo país natal, un hogar, y toda la humanidad es hija de un Padre. Dios la ha creado y todos recibimos Su compasión. Por tanto, si uno ofende a otro, ofende a Dios. Es el deseo de nuestro Padre celestial que todo corazón se regocije y esté lleno de felicidad, que vivamos juntos con dicha y alegría. El obstáculo a la felicidad humana es el prejuicio racial y religioso, la lucha desleal por la existencia y la crueldad de unos con otros….

Cuidado, no ofendáis un corazón, no habléis contra alguien que está ausente, no os alejéis de los siervos de Dios. Debéis considerar a todos Sus siervos como a vuestra propia familia, como a vuestros parientes. Dedicad todo vuestro esfuerzo a la felicidad de los desposeídos, alimentad al hambriento, vestid al menesteroso y glorificad al humilde. Sed una ayuda para el desvalido y mostrad amabilidad hacia vuestros semejantes, para que así obtengáis el beneplácito de Dios.Este conduce a la iluminación del mundo de la humanidad y a la felicidad eterna para vosotros mismos. Pido a Dios gloria eterna en vuestro nombre; ésta es mi oración y exhortación. – Ibid., pág. 48.

“… Si uno ofende a otro, ofende a Dios”.  Abdu’l-Baha usó palabras fuertes para recalcar un punto importante: debemos esforzarnos por no ofender a nadie.

Podría pensar que esto suena poco práctico y difícil, dado el clima actual cargado de ofensas, tanto las que se cometen como las que se reciben. Todos vemos y escuchamos la gran división y contención de los expertos en los programas de noticias; donde las facciones ideológicas luchan con todo lo que tienen unos contra otros; donde la propaganda despierta intencionalmente las peores emociones en los humanos y causa enemistad y ofensa constantemente. Pero no lo es completamente, lo difícil no es imposible y lo poco práctico no es imposible. Aunque es difícil, todavía tenemos los medios para hablar civilmente entre nosotros, y también tenemos una rica historia de diplomacia, donde se hicieron alianzas aparentemente imposibles y se detuvieron las guerras.

Al igual que terminaron las guerras del pasado, las guerras de hoy, tanto las virtuales como las reales, no durarán para siempre si creemos y trabajamos por la paz. El tiempo puede no curar todas las heridas, pero el tiempo también puede mejorar el dolor del conflicto y la lucha. No tenemos que aguantar la guerra y la discordia.

En nuestra vida personal, por ejemplo, necesitamos simplemente dar un paso más allá para poder trabajar efectivamente hacia el logro de la paz. Necesitamos olvidar y perdonar, dejar atrás el pasado y mirar hacia un futuro glorioso como una sola familia humana sin importar nuestro credo o nacionalidad. Eso también es difícil, pero se puede lograr.

Debemos recordar que lo que hacen los negligentes es solo temporal. Debemos creer que, como se demostró en el pasado, la educación y la verdad vencerán. Debemos creer que, independientemente de los dictadores, autocracias, oligarquías y otras formas de poder personal o tiránico, en general, eventualmente dan paso a una mejor forma gobierno. El gráfico a continuación, por ejemplo, muestra el reciente aumento de las democracias sobre otras formas de gobierno:

grafico

(Gráfico de Jesse Richards, citado en The Secret Peace)

Se le preguntó a Abdul-Bahá: “¿No es un hecho que la paz universal no puede lograrse hasta que haya una democracia política en todos los países del mundo?” Él respondió:

Es muy evidente que en el futuro no habrá centralización en los países del mundo, ya sean de gobiernos constitucionales, republicanos o democráticos en su forma. Los Estados Unidos bien pueden exponerse como ejemplo de gobiernos futuros, es decir, cada provincia será independiente en sí misma, pero habrá una unión federal que proteja los intereses de los diferentes estados independientes…Dejar de lado la centralización, la cual promueve el despotismo, es la exigencia de la época. Esto dará como resultado la paz internacional. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 181.

Sabemos que la excesiva centralización del poder en manos de uno o unos pocos individuos autoritarios ha sido la ruina del progreso humano. ¿Cómo evitamos esta centralización? ¿Cómo serán los futuros gobiernos? En el siguiente ensayo de esta serie, exploraremos esas preguntas.

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