Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

¿Qué ven los hombres cuando miran a una mujer? ¿Ven a una madre, hermana, hija, esposa o amiga? ¿O ven un objeto sexual?  

La Fe bahá’í eleva la posición de las mujeres, debido a que sus enseñanzas dicen que Dios creó a los hombres y a las mujeres como seres nobles. A la luz de esta creencia, el grado de honor y respeto que reciben las mujeres no está definido por lo que usamos o cómo nos vemos, sino por quiénes somos. 

Durante una entrevista en 1912 con un reportero del Examiner de San Francisco, se le preguntó a Abdu’l-Bahá qué pensaba sobre la moda de las mujeres estadounidenses, él dijo que no se debe ver los vestidos de las mujeres, sino que solo se debe juzgar a la persona que lleva el vestido. Dijo que las mujeres serán honradas y respetadas siempre que sean castas, cultas, caracterizadas con una moralidad celestial y favorecidas por Dios, independientemente de lo que usemos.

Desafortunadamente, nuestra cultura aún no ha llegado a ese punto. La tendencia de la moda del 2019 es usar escotes profundos hasta el ombligo. No puedo encender la televisión sin ver a mujeres sexualizadas, degradadas y convertidas en objetos para vender colonias, automóviles, comida, ropa, lo que sea.  

Nuestra industria de medios y entretenimiento tiende a notarnos solo por nuestra belleza física, no por nuestro intelecto, carácter, talentos o moralidad. Siempre me identifiqué como feminista porque quiero que todas las mujeres posean los mismos derechos que cualquier hombre. Uno de estos derechos, el derecho a ser amado, aceptado y valorado por lo que realmente somos, refleja nuestras cualidades espirituales más profundas.  

Nuestra cultura nos entrena a aceptar a los hombres por su apariencia física, personalidad y logros. Y, aunque esto está lejos de ser ideal porque trae un enfoque desproporcionado a las fortalezas materiales de los hombres en lugar de sus cualidades espirituales, somete a las mujeres a la idea dañina de que su valor surge únicamente de su apariencia. La sociedad exhibe a las mujeres constantemente, supervisa su apariencia física y permite a los hombres definir, redefinir y promover constantemente el aspecto que deberían tener las mujeres “ideales”.

Bahá’u’lláh advirtió contra esta tendencia en la siguiente cita. El uso del término “hombres” hace referencia a la humanidad en general:

Se deja a la discreción de los hombres la elección de la indumentaria [vestimenta] y el corte de la barba y su arreglo. Pero cuidado, oh pueblo, no os convirtáis en juguete de los ignorantes. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 36.

Como mujeres, nos dicen que nos depilemos, usemos labiales, nos delineemos los ojos, maquillemos nuestros párpados, nos quitemos las cejas, pintemos nuestras uñas, alisemos nuestro cabello, nos pongamos extensiones, usemos escote, acentuemos nuestras curvas y usemos tacones – todo al mismo tiempo que mostramos un comportamiento agradable y servil. Si no cumplimos, incluso nuestras compañeras mujeres a menudo nos avergüenzan.  

Algunas mujeres me han menospreciado por llamarme feminista. Me han mirado con desaprobación por no depilarme. Algunas mujeres mayores me han dicho que use maquillaje para atraer a un hombre, o que baje la cremallera de mi blusa si veo que se acerca un muchacho. Duele muchísimo ser llamada lesbiana por no ser coqueta con cada hombre que me presta atención, o ser llamada mojigata por jurar ser casta hasta el matrimonio, y se vuelve aún más desalentador ver que esta forma de convertir a las mujeres en objetos proviene de las mismas mujeres. ¿Cuándo la modestia y la castidad se convirtieron en algo despreciable?  

¿Define eso lo que Bahá’u’lláh quiso decir con convertirse en los “juguetes de los ignorantes”? ¿el hecho de ser moldeados solo por las opiniones de los demás? Como bahá’í, fui criada para mantener la modestia y la decencia en lo que uso y en cómo actúo. Los escritos bahá’ís dicen:

Tal vida casta y santa, con sus implicaciones de modestia, pureza, temperancia, decencia y mentalidad clara, comprende no menos que el ejercicio de la moderación en todo lo que concierne al vestido, lenguaje, entretenimiento y todos los pasatiempos artísticos y literarios. – Shoghi Effendi, El advenimiento a la justicia divina, pág. 30.

La industria del entretenimiento hipersexualizado nos afecta en más formas de las que nos damos cuenta. Según los psicólogos Barbara Fredrickson y Tomi-Ann Roberts, las mujeres, en diversos grados, internalizan esta visión sexualizada del público sobre ellas y se ven a sí mismas como objetos. Como resultado, las mujeres con frecuencia tratamos de siempre controlar nuestra apariencia, y esto aumenta nuestra ansiedad sobre cómo los demás nos verán y evaluarán. Esta forma de interiorizar estas ideas comienza desde temprano en la escuela primaria y conduce a la insatisfacción y la vergüenza corporal, la depresión y los trastornos alimenticios. Recuerdo haber escuchado a una compañera de clase de cuarto grado quejarse de lo gordos que estaban sus muslos, y tratar de disuadir a otra amiga de la escuela secundaria de intentar vomitar después de comer.

De acuerdo con el Proyecto Dove Self Esteem, solo el 11% de las niñas en todo el mundo se llamarían a sí mismas hermosas, y el 60% de las niñas evitan participar en actividades porque les preocupa cómo se ven. Según la UNICEF, un tercio de todos los niños de 6 años en Japón tienen poca confianza en sí mismos con respecto de sus cuerpos, y el 81% de las niñas de 10 años en EE.UU. tienen miedo de estar gordas.

¡La vergüenza corporal incluso afecta nuestro rendimiento mental! Un estudio en la Revista de Personalidad y Psicología Social descubrieron que las mujeres obtuvieron peores resultados en las pruebas de matemáticas después de probarse un traje de baño en comparación con después de probarse un suéter. Esta baja confianza en sus cuerpos condujo a una baja confianza en su inteligencia. Los psicólogos Bonnie Moradi y Yu-Ping Huang también han descubierto que esto también está vinculado a una menor participación en actividades (o flujo) y dificultades en el desempeño de tareas entre todos los grupos demográficos femeninos.

Solo la educación puede cambiar la trayectoria de la próxima generación de niños. Los niños podrán verse positivamente en sus propios ojos y en la sociedad cuando sus madres, hijas, hermanas y tías muestren una visión saludable de sí mismas. Lo que los adultos valoran, los niños lo valorarán. En lo que los adultos se enfocan, los niños se enfocarán. Lo que los adultos aceptan o no aceptan influye mucho en lo que los niños permitirán o rechazarán. Por lo tanto, no nos felicitemos cuando usemos maquillaje, si es que no nos damos cuenta de la belleza de la otra persona sin él. No nos alabemos por la ropa que compramos, si es que nunca reforzamos las cualidades únicas de cada uno que es lo que realmente nos hace especiales. Creemos una cultura que valore las almas de los demás, y no lo que los medios (o la sociedad) nos influyen a valorar.

1 Comentario

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  • Mery Chambi
    Nov 24, 2019
    ¡Oh felicidades amiga, me identifico con este artículo que publicaste, mil gracias!