Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Más allá del refinamiento personal, las enseñanzas bahá’ís buscan el refinamiento global. Entonces, solo por un momento, intente responder mentalmente esta pregunta: ¿cómo sería un sistema refinado de gobierno?

Al final, no podemos dejar de referirnos a este discurso sobre el refinamiento relacionado con la atención a los detalles personales, a la evaluación diaria de nuestro propio progreso interior, sin citar un pasaje que, tal vez más que cualquier otro en las enseñanzas bahá’ís, resume el la importancia general del refinamiento personal como elemento esencial para el progreso universal:

No ha de ser por la fuerza del número, ni por la mera exposición de un conjunto de principios nuevos y nobles, ni porque esté organizada una campaña de enseñanza –no importa cuán global y elaborada sea su naturaleza– ni siquiera por la robustez de nuestra fe o la exaltación de nuestro entusiasmo, por lo que podemos esperar que en última instancia vindicaremos ante los ojos de una era crítica y escéptica el título de superioridad de la Revelación de Abhá. Una cosa y sólo ella garantizará por sí e indefectiblemente el triunfo indudable de esta sagrada Causa, a saber, la medida en que nuestra propia vida interna y nuestro carácter privado reflejen en sus múltiples aspectos el esplendor de esos principios eternos proclamados por Bahá’u’lláh. – Shoghi Effendi, El Orden Mundial de Bahá’u’lláh, pág. 68.

En el otro extremo del espectro, podemos considerar el refinamiento en términos de sus expresiones globales más grandes. Podemos explorar el refinamiento a medida que se expresa en estructuras cada vez más expansivas de un orden social espiritualizado, concluyendo en esta dispensación con el establecimiento de una comunidad mundial. Sin duda, su propio refinamiento se demostrará en la medida en que esa comunidad es capaz de garantizar la justicia para todos a nivel global, mientras que al mismo tiempo no es menos atenta a las necesidades de salud, educación y bienestar general de cada individuo.

Fácilmente podemos darnos cuenta cuánto mejor le iría al individuo en un sistema en el que los derechos humanos son reconocidos como la herencia dada por Dios a cada ciudadano dentro de la comunidad mundial. Esta característica única de la visión bahá’í: cómo se logra el refinamiento en todos los niveles, se aplica al individuo, la familia y la comunidad.

Cada sistema social que en el pasado intentó controlar vastas áreas del mundo, con mucha frecuencia. fue o se convirtió en un imperio tiránico que colonizó y esclavizó a otros pueblos. Por lo tanto, con justa razón podemos reflexionar sobre qué hace que la visión bahá’í de una comunidad mundial sea “refinada”, de modo que garantice la justicia, la paz y la seguridad, al mismo tiempo que garantice los derechos y libertades individuales.

Una respuesta simple es recordar la declaración de Shoghi Effendi en la que cita como una de las características únicas del diseño bahá’í para una federación global es que está conformada por las mejores cualidades de varias formas de estructura gubernamental, sin contener ninguna de las características negativas asociadas con esas mismas formas:

La Mancomunidad Bahá’í del futuro, del cual este gran Orden Administrativo es sólo su armazón, es, tanto en teoría como en la práctica, no sólo único en la historia entera de las instituciones políticas, sino que no tiene paralelo en los anales de ninguno de los sistemas religiosos reconocidos en el mundo. Ninguna forma de gobierno democrático; ningún sistema de autocracia o de dictadura, ya sea monárquico o republicano; ningún plan intermedio de un orden puramente aristocrático, ni aun siquiera algunos de los tipos conocidos de teocracia, ya sea la comunidad hebrea o las varias organizaciones eclesiásticas cristianas, o el Imanato o el Califato en el islam, ninguno de éstos puede ser identificado o decirse que conforma con el Orden Administrativo que la mano maestra de su perfecto Arquitecto ha diseñado. – Shoghi Effendi, El Orden Mundial de Bahá’u’lláh, pág. 236.

Señaló además que:

Este recién nacido Orden Administrativo incorpora en su estructura ciertos elementos que se hayan dentro de cada una de las tres formas reconocidas de gobierno secular, sin constituir en ningún sentido una mera réplica de ninguna de ellas, ni introducir dentro de su mecanismo ninguna de las características objetables que poseen inherentemente. Funde y armoniza, como ningún gobierno moldeado por manos mortales ha podido hacerlo aún, las verdades saludables que cada uno de esos sistemas indudablemente contiene, sin viciar la integridad de aquellas verdades divinas en que en última instancia está asentada. – Ibid., pág. 236.

Al continuar con el detalle de las características sobresalientes de este cuerpo político divinamente guiado esbozado en las enseñanzas bahá’ís, Shoghi Effendi observó que “el Orden Administrativo de la Fe de Bahá’u’lláh no puede de modo alguno ser considerado de carácter puramente democrático”, a pesar de que el órgano gobernante de la Fe, la Casa Universal de Justicia sea elegida, debido a que no son…

… responsables ante aquellos a quienes representan, ni les está permitido dejarse llevar por los sentimientos, la opinión general, ni siquiera las convicciones del conjunto de fieles ni de ellos quienes los eligen directamente. – Ibid., pág. 237.

Entonces el Guardián escribió:

El Orden Administrativo Bahá’í tampoco puede tacharse de ser un duro y rígido sistema de severa autocracia, o una pobre imitación de alguna forma de gobierno eclesiástico absolutista, como el Papado, el Imanato o cualquiera otra institución similar, por la razón obvia de que el derecho de legislar en materias no reveladas expresamente en las Escrituras bahá’ís, ha sido conferido exclusivamente a los representantes internacionales elegidos por los seguidores de Bahá’úlláh. Ni el Guardián de la Fe ni ninguna otra institución que no sea la Casa Internacional de Justicia puede jamás usurpar ese vital y esencial poder ni cercenar ese sagrado derecho. – Ibid., pág. 238.

Shoghi Effendi observó que el Orden Administrativo bahá’í tampoco debe:

… confundirse con ningún sistema de gobierno puramente aristocrático por el hecho de que, por un lado, sostiene el principio hereditario y confía al Guardián de la Fe la obligación de interpretar sus enseñanzas, y por el otro, estipula la elección libre y directa, entre el conjunto de los fieles, de la institución que constituye su más alto órgano legislativo. – Ibid., pág. 238.

Solo podemos adivinar cómo se verá este refinamiento de la construcción social humana, especialmente porque, como todas las demás estructuras orgánicas, evolucionará constantemente y se volverá más refinado con el tiempo.

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