Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Cada año, durante los 19 días anteriores al equinoccio de verano, los bahá’ís no comen ni beben nada durante las horas del día. Esa práctica esencialmente espiritual, llamada el ayuno bahá’í— trae consigo grandes beneficios.

Los bahá’ís ayunan una vez al año por razones principalmente espirituales, pero los beneficios del ayuno no se limitan únicamente a beneficios espirituales. Recientemente, los científicos han comenzado a descubrir los efectos físicos positivos y duraderos del ayuno intermitente: privar conscientemente al cuerpo de nutrientes durante un corto período de tiempo.

De hecho, el ayuno intermitente se ha convertido en una importante tendencia de salud y alimentación en los últimos años, ya que tiene muchos beneficios corporales: no solo pérdida de peso, sino también prevención de enfermedades cardíacas y cáncer, reduciendo la inflamación, promoviendo la salud cerebral y protegiendo contra Alzheimer, e incluso prolongando la esperanza de vida.

Múltiples estudios de investigación sobre poblaciones humanas y animales que ayunan de forma intermitente han demostrado que viven vidas más largas y sanas.

Pero esos estudios solo prueban los beneficios físicos conocidos, pero son los beneficios espirituales los que han cambiado la vida de millones de bahá’ís, incluida la mía.

Personalmente, me he vuelto más consciente de mi realidad interior, he tenido un contacto mucho más estrecho con mi alma y he aumentado mi sentido de empatía al sentir una mayor conexión con aquellos que pasan hambre todos los días en todo el mundo. El ayuno me ha ayudado a estar más conectado con el plano espiritual al trascender este plano físico.

Cuando me hice bahá’í y comencé a ayunar una vez al año, algunas personas se preguntaban si me había vuelto loco. No entendían por qué alguien voluntariamente elegiría no comer o beber mientras brillara el sol en el cielo, y consideraron la práctica como algo extraño o raro. Algunos me preguntaron “¿por qué alguien pasaría hambre voluntariamente?” Pero hoy, a medida que crece el conocimiento y el entendimiento sobre los beneficios del ayuno, ahora mis amigos me preguntan: “Si quisiera participar en el ayuno bahá’í, ¿podría hacerlo?”

Sí puedes.

Debido a este creciente interés de ayunar junto con los bahá’ís, pensé que podría ser útil delinear lo que implica el ayuno bahá’í y que todos sepan lo que se necesita para ayunar con los bahá’ís.

Comencemos observando lo básico: las enseñanzas bahá’ís recomiendan abstenerse de comer y beber durante las horas del día durante 19 días antes del primer día de primavera de cada año (si vive en el hemisferio sur de la Tierra, por supuesto esto sería el primer día de otoño). ¿Por qué? Los bahá’ís hacen este ayuno cada año, instituido por Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de su Fe, como una importante etapa de su práctica espiritual en general:

… Que el sol y la luna constituyen las lumbreras más brillantes y prominentes de los cielos, de modo semejante, en el cielo de la religión de Dios han sido decretados dos astros radiantes: el ayuno y la oración.” – Bahá’u’lláh, El Libro de la Certeza, p. 39.

… este ayuno físico es símbolo del ayuno espiritual. Este ayuno conduce a limpiar el alma de todos los deseos egoístas, a adquirir atributos espirituales, a ser atraído por las brisas del Todomisericordioso y a encenderse con el fuego del amor divino. – Abdu’l-Bahá, Selección de los escritos de Abdu’l-Bahá, p. 99.

Entonces, durante ese mes bahá’í de 19 días cada año, los bahá’ís de todo el mundo se abstienen de comer y beber durante las horas del día. Los niños y los ancianos, los viajeros, las mujeres embarazadas o en período de lactancia y las personas enfermas o que realizan trabajos físicos pesados están exentos del ayuno. Claro que como todas las leyes bahá’ís, el ayuno es voluntario: esta depende completamente de la persona que observa el ayuno.

Los bahá’ís tienen una larga experiencia con esta práctica, ya que han ayunado de esta manera desde los inicios de la Fe en el siglo XIX. Muchas generaciones de bahá’ís han aprendido que su ayuno anual simboliza el desapego del mundo físico, desarrolla empatía por los pobres y hambrientos y engendra el desarrollo y crecimiento del alma.

En el siguiente ensayo de esta serie, exploraremos los beneficios físicos del ayuno al examinar el legado genético que todos hemos heredado.

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