Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Cuando los hábitos y valores espirituales se introducen temprano y forman parte de la vida cotidiana de los niños, se desarrolla naturalmente una fuerte identidad espiritual.

Los niños necesitan este tipo de entrenamiento moral y religioso a una edad temprana, no solo para su propio desarrollo interno sino también para la salud de la sociedad en general. Ellos necesitan la estructura moral y la orientación que ofrece la verdadera religión.

Este tipo de entrenamiento moral y espiritual requiere mucho esfuerzo y amor constante por parte de los padres, y obediencia por parte de los niños. De esta manera se echarán raíces los hábitos espirituales de oración y de volverse regularmente a Dios.

Sin embargo, puede ser útil ahora decir algunas palabras sobre el concepto de obediencia. La obediencia es una virtud, pero su mejor compañero es la razón, no el autoritarismo. En el mismo sentido en que la fe ciega está llena de peligros, también lo es nuestro deseo de obediencia ciega.

Cuando los niños se rebelan, a menudo sucede en respuesta a un enfoque autoritario. Necesitan la oportunidad constante de ver que la obediencia no es un fin en sí mismo, sino un medio de guía y comprensión. Para que sea efectivo, esta debe ser una conclusión a la que nuestros hijos lleguen por sí mismos, ya que se puede percibir en la forma como funcionan las cosas. Los niños necesitan ser criados para comprender que la obediencia tiene dos partes: cumplimiento y explicación. Como niños, necesitamos recibir instrucción y consejos y luego recibir una explicación clara y razonable. La secuencia es “cumplir, luego preguntar por qué”, no al revés. Cuestionar la autoridad es exigir una explicación antes de obedecer. Cuando hacemos esto, terminamos cumpliendo con las reglas que personalmente consideramos que son agradables. Esto no es obediencia.

Como padres, naturalmente, queremos que nuestros hijos puedan expresarse libremente. Sin embargo, la libertad a menudo se confunde con la licencia o el libertinaje, el desprecio de las restricciones legales y morales y la “libertad” para hacer lo que queramos sin ser responsables de nuestras acciones.

No existe mucha libertad en no tener reglas o disciplina. Esto puede parecer una contradicción, pero en realidad existe una gran libertad en la estricta obediencia a las leyes. Los semáforos son un buen ejemplo de esto. Cuando la luz se pone verde, cruzamos la intersección, confiando en que otras personas obedezcan la ley que les obliga a detenerse en la luz roja. Si todos obedecen esta ley, estamos seguros y libres de preocupación por lo que otros harán. No se debe dejar que los niños asuman que no hay reglas, o que no existe una autoridad a la que debemos someter nuestra voluntad. Ellos pueden aprenden mejor esta importante lección al comprender la existencia de un Ser Supremo que nos da leyes sociales y espirituales que los adultos y los niños se esfuerzan por cumplir:

…la imagen y semejanza de Dios constituyen las virtudes de Dios, y el hombre está destinado a convertirse en el receptor de los esplendores de los atributos divinos. Este es el fundamento esencial de todas las religiones divinas, la realidad misma, común a todas. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 395.

Desarrollar las virtudes de la autodisciplina y la obediencia son solo dos de las formas importantes en que podemos nutrir espiritualmente a nuestros hijos. Cultivar en ellos todas las virtudes de Dios es un camino seguro para el crecimiento y la mejora espiritual. No hay mejor momento para comenzar a desarrollar las virtudes de Dios que en la infancia. Estas virtudes incluyen pero no se limitan a: asertividad; solidaridad; limpieza; compasión; confianza; consideración; valor; cortesía; creatividad; desapego; determinación; entusiasmo; excelencia; fidelidad; flexibilidad; perdón; amabilidad; generosidad; cortesía; utilidad; honestidad; honor; humildad; idealismo; alegría; justicia; amabilidad; amor; lealtad; misericordia; moderación; modestia; obediencia; orden; paciencia; tranquilidad; decisión; confiabilidad; respeto; responsabilidad; reverencia; autodisciplina; servicio; firmeza; tacto; gratitud; tolerancia; confianza; integridad; veracidad; y unidad.

Enseñar a sus hijos estas virtudes internas, las cuales son verdadero corazón de la religión, guiará sus pasos a lo largo de toda su vida.

0 Comentarios

characters remaining