Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Querido mundo,

Mi nombre es Layli Miller-Muro. Soy bahá’í; abogada; fundadora de una organización sin fines de lucro llamada Tahirih Justice Center, cuya misión incluye proteger a las mujeres inmigrantes que sufren de abuso; y madre de tres hijos dos de ellos niñas.

Todos los días en el trabajo veo el impacto de la sexualización de las niñas y la híper atención que la sociedad pone en su apariencia. En todo el mundo la mujer está siendo convertida en objeto. Lo primero que se percibe son sus cuerpos y se les da más valor que a sus mentes. Los resultados son devastadores. En mi trabajo veo mujeres y niñas que son vendidas contra su voluntad a la esclavitud sexual, violadas por hombres (incluyendo miembros de su propia familia), forzadas a casarse temprano y objeto de violento abuso.
He aprendido que las mujeres que superan con éxito las peores pruebas y tribulaciones en sus vidas generalmente tienen un profundo sentido interno de su valía espiritual; y he llegado a la conclusión que quiero, más que nada, enseñarles a todos mis hijos que tengan esa nobleza y valoración personal profundamente arraigada.

Little girl with airplanePor lo tanto, al ver a mis hijas por favor intenta, si te fuera posible, que la primera y única cosa que digas, no sea un comentario de su apariencia física. Mi esposo y yo trabajamos fuertemente en inculcarles que el valor de su carácter, su mente y su alma tienen mayor importancia que cómo se ven. Pero esa realidad, lo que la gente valora de nuestra cultura materialista, parece anular nuestros mejores esfuerzos.

En esa obsesión sobre qué vestir, nuestra hija de seis años de edad nos dijo recientemente: “Si no soy bonita la gente no me tratará bien”. Desafortunadamente está aprendiendo muy rápido la realidad de muchas interacciones de muchos adultos con niñas. Si ven a mis hijas en público, por favor que lo primero que les digan no sea, “¡que lindas son!” Tantas personas lo han hecho que de cierta manera mis niñas han aprendido que para el resto lo más importante es la apariencia.

Por el contrario, pregúntenles sobre sus proyectos de servicio que están realizando, sobre sus colecciones de lego, sobre los libros que están leyendo y sobre los deportes que les agradan. Por favor, céntrense en alguna virtud o atributo espiritual que ustedes quieran motivar.

No me malentiendan, no hay nada malo en ser o sentirse bonita y es bueno oírlo de otros de vez en cuando. Sencillamente no debería ser el primer y el más frecuente comentario que las niñas escuchen. Eso envía un mensaje de la mayor importancia. El elogio y la atención refuerzan la conducta que queremos ver en otros. Una conducta que no buscamos es la obsesión por la apariencia.

Gracias por su ayuda en la lucha contra la presión sobre las niñas de que por encima de todo deben ser bonitas. Y gracias por ayudar a mis niñas y a toda otra niña, a valorar sus atributos internos más que los externos:

Salta a la vista, entonces, que el honor y la exaltación del hombre han de reposar sobre algo más que sobre las riquezas materiales. A decir verdad, el bienestar material no es más que una rama. Sin embargo, la raíz de la exaltación del hombre radica en las virtudes y cualidades nobles, que son el ornamento de su realidad. Tales son: las mani- festaciones divinas, las gracias celestiales, los sentimientos sublimes, el amor y el conocimiento de Dios, la sabiduría universal, la percepción intelectual, los descubrimientos científicos, la justicia, la equidad, la veracidad, la benevolencia, la valentía natural y la entereza innata, el respeto por los derechos, el cumplimiento de pactos y acuerdos, la rectitud en todas las circunstancias, el servicio incondicional de la verdad, el sacrificio de la propia vida por el bien de los demás, la bondad y aprecio hacia todas las naciones, la obediencia a las enseñanzas de Dios, el servicio en el Reino Divino, la guía de los pueblos y la educación de las naciones y razas ¡Tal es la prosperidad del mundo humano! ¡Tal es la exaltación del hombre en el mundo! ¡Tal es la vida eterna y el honor celestial! ‘Abdu’l-Bahá, Contestación a unas preguntas, págs. 105-106

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