Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Enseño y escribo sobre liderazgo, administración y cultura organizacional, así que, por supuesto, observo los eventos que ocurren en las noticias con una perspectiva basada en las cualidades de liderazgo que estas exhiben.

Es evidente que necesitamos las cualidades del liderazgo inclusivo y moral, ahora más que nunca, dadas las circunstancias actuales del mundo, por lo que me gustaría compartir un par de pensamientos para su consideración al comenzar este Año Nuevo.

La Tierra es un planeta pequeño. Somos un solo pueblo en este pequeño planeta. En un sentido muy real, todos somos ahora ciudadanos del mundo. Las enseñanzas bahá’ís dicen:

¡Oh pueblos y razas contendientes sobre la tierra! Dirigid vuestros rostros hacia la unidad y dejad que el fulgor de su luz brille sobre vosotros. Reuníos y por amor a Dios, decidíos a extirpar todo lo que sea fuente de discordia entre vosotros. Entonces, el resplandor del gran Lucero del mundo envolverá a toda la tierra y sus habitantes llegarán a ser los ciudadanos de una sola ciudad y los ocupantes de un solo trono. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 114.

Debido a que vivimos en un planeta tan pequeño, cuando comenzamos a imaginar diferencias y amenazas, y cuando lideramos de una manera que amplifica esas diferencias, lleva a que tengamos una mayor fricción entre nosotros y que los costos de aquellas consecuencias sean mayores. Si posee u opera alguna pieza de maquinaria compleja, ya sea un automóvil o una fábrica, la fricción llevará eventualmente a que estas produzcan fallas. Cuando administra una empresa, cuanta más fricción exista entre la ingeniería, la fabricación y las ventas, por ejemplo, mayor es la probabilidad del fracaso. Toda fricción consume energía y produce calor. Ralentiza las cosas, requiere más mantenimiento y atención, y conduce al colapso prematuro de la máquina, la empresa o el país que la produce.

Cuando creamos procesos unificados y eliminamos las fricciones entre las actividades y las personas, reducimos el costo de esa fricción. Este principio básico se aplica dentro de una empresa, entre empresas y entre países. Se aplica a nuestras redes sociales y a la fricción o armonía que esta genera al centrarse en el agravio en lugar de las respuestas positivas al desafío.

Por lo tanto, el trabajo principal de los líderes de hoy, en todos los niveles, en cada compañía y país, implica reconocer la unidad de intereses, la unidad de personas y procesos, y tomar medidas para reducir las barreras que crean fricciones, tanto reales como imaginarias. Los líderes crean un propósito común, no solo responden o explotan los sentimientos populares. Los líderes inculcan una mayor nobleza en sus seguidores y no manipulan sus instintos básicos. El mundo entero necesita desesperadamente líderes que unan, no que dividan:

La ferocidad y el salvajismo son propios de los animales, pero el ser humano debería demostrar cualidades de amor y afecto. Dios envió a todos sus Profetas a este mundo con un único propósito, el de sembrar en los corazones humanos amor y buena voluntad, y por esta gran aspiración ellos estuvieron dispuestos a sufrir y a ofrendar sus vidas Todos los Libros Sagrados fueron escritos para guiar y dirigir a las gentes por los senderos del amor y la unidad; y, no obstante, a pesar de ello, tenemos ante nosotros el triste espectáculo de la guerra y del derramamiento de sangre. – Abdu’l-Bahá. La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 139.

Espero que en el próximo año todos podamos reconocer que tenemos intereses compartidos. La historia de las civilizaciones demuestra repetidamente que cuando las clases de personas están cada vez más separadas por extremos de riqueza y pobreza, de arriba a abajo, el sistema se vuelve inestable y así se producen las revoluciones. Cuanto mayor es la disparidad de clases, más violenta es la revolución.

No existe una tradición religiosa, ni en el judaísmo, el cristianismo, el islam o el budismo, que celebre la acumulación masiva de riqueza personal. Todos promueven la caridad y la moderación, elevan a los pobres y perdonan a los que se han equivocado. Quienes controlamos o influenciamos los sistemas de la sociedad, incluso dentro de nuestras organizaciones, tenemos el deber de diseñar esos sistemas para minimizar la fricción, reducir la disparidad, moderar la riqueza y elevar a los pobres. Esta es la enseñanza de cada religión en la que podemos profesar creencias, y ahora es el momento para que los líderes pongan en práctica estos principios espirituales.

Estas son mis oraciones para el año que viene. Hago oraciones por tu felicidad y tu éxito.

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