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¿Es el conocimiento más grande que el amor? Los seres humanos a menudo nos enamoramos sin conocer realmente a la otra persona, entonces, ¿el conocimiento viene después del amor?

Ciertamente sí, si considera el orden secuencial del tratado místico de Bahá’u’lláh: Los Siete Valles.

Ese libro profundo coloca El Valle del Conocimiento después del Valle del Amor. Entonces, dado que la serie de valles, que simbolizan las etapas del desarrollo espiritual, representan un crecimiento espiritual progresivo, entonces podríamos considerar al Valle del Conocimiento más avanzado que el valle anterior.

En “El Valle del Conocimiento”, Bahá’u’lláh relató la célebre historia antigua de Majnun y Laylí. Simbolizando el verdadero amor humano que bordea lo divino, la historia ha impulsado temáticamente muchos poemas románticos durante milenios.

Desde mi punto de vista, la narrativa de Majnun y Laylí de Bahá’u’lláh ilustra la noción de que el conocimiento supera al amor:

Había una vez un amante que había sufrido varios años la separación de su amada y se consumía en el fuego de la lejanía. Por imperio del amor su corazón quedó vacío de paciencia y su cuerpo cansado de su espíritu; consideraba una burla la vida sin ella y el tiempo lo iba consumiendo. Muchos fueron los días en que, añorándola, no halló sosiego y muchas las noches en que su dolor por ella le privó del sueño; su cuerpo se consumía en suspiros, la herida de su corazón lo había convertido en un quejido lastimero. Habría dado mil vidas por una gota en la copa de su presencia, pero de nada le sirvió. Los médicos no le encontraban remedio, y sus camaradas evitaban su compañía; ciertamente los doctores no conocen el remedio para un enfermo de amor, a no ser que el favor del amado lo salve.

Finalmente, el árbol de su añoranza engendró en fruto de la desesperación y el fuego de su esperanza se redujo a cenizas. Una noche, sin poder ya vivir, salió de su casa y se dirigió a la plaza. De repente un sereno le siguió. Perseguido por él echó a correr. Entonces otros se unieron a éste cerrándole todos los caminos al fatigado. Clamando, el desdichado corrió de aquí para allá lamentándose, “Seguramente este guardia que me persigue tan tenazmente es ‘Izrá’íl, mi ángel de la muerte; o es un tirano que trata de hacerme daño “Sus pies lo sostenían, uno sangrando por la flecha del amor, mientras su corazón se lamentaba. Entonces llegó hasta el muro de un jardín y lo escaló con inenarrable dolor, ya que era muy alto; y olvidándose de su vida se arrojó al jardín.

Y vio allí a su amada, quien lámpara en mano, buscaba un anillo que había perdido. Cuando el amante de subyugado corazón vio a su amado corazón, respiró profundamente y alzando sus manos en oración, exclamó: “¡Oh Dios! Otorga gloria, riquezas, y larga vida al guardia, ya que era Gabriel, quien guio a este pobre; o era Isráfíl, que dio vida este desdichado” … Ahora bien, si el amante hubiese tenido visión, desde un principio hubiera bendecido al guardia y rogado por él y hubiera visto justicia en esa tiranía; pero estándole velado el fin, en un principio prorrumpió en lamentaciones y quejas. Mas aquellos que transitan en los jardines del conocimiento, porque ven el fin en el principio, ven paz en la guerra y en la ira, amistad. – Bahá’u’lláh, Los siete valles, pág. 9.

Contextualizando esta historia en mi vida personal, reconozco que incluso si tengo fuertes sentimientos hacia una persona importante, y no está funcionando, tengo que superar esa sensación de ser rechazado. Todos debemos entender que el futuro está velado; ninguno de nosotros sabe a qué conducirán estas duras condiciones actuales.

Sin embargo, la narración de Bahá’u’lláh de la historia de Majnun y Layli puede asegurarnos que Dios planea y confirma divinamente un final deseable para cada uno de nosotros, pero también que debemos confiar en que Él tiene nuestros mejores intereses, incluso mientras nosotros estemos pasándola difícil. Desde una perspectiva aún más alta, Los Siete Valles sugieren, deberíamos ver todo esto que llamamos vida como un plan continuo sin interrupciones, como un monolito no segregado en “primero”, “medio” o “último”.

En otras palabras, en lugar de sentirse triste y apesadumbrado como lo hizo Majnun al principio, trate de ver el final en el principio, o al menos entienda el futuro como uno que está siendo divinamente confirmado por el Creador y confíe en Él en el presente. Como Rumi tan bella y elocuentemente lo expresó:

Pase lo que pase, no caigas en desesperación. Incluso si todas las puertas se cierran, siempre habrá un camino secreto para ti, uno que nadie conoce. Aún no puedes verlo… Pero existen tantos paraísos al final de este camino. Sé agradecido. Es fácil agradecer después de obtener lo que deseas… Agradece antes de tener lo que deseas.

Exactamente de la misma manera, Bahá’u’lláh les pide a todos que tengan fe en el futuro y permanezcamos seguros dentro la corte de santidad:

…comprenderías las señales más obscuras y las alusiones más abstrusas, y verías claramente los misterios del principio en el punto del final; se te allanarían todos los asuntos, se tornaría el fuego en luz, conocimiento y bendiciones, y morarías seguro dentro de la corte de santidad. – Bahá’u’lláh, Las gemas de los misterios divinos, pág. 11.

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