Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

¿Alguna vez pensaste “realmente necesito más espiritualidad en mi vida”? Si es así, no estás solo, casi todos se sienten así en algún momento. Pero, ¿cómo y dónde encuentras más espiritualidad?

En los últimos años, toda una mega industria ha crecido en torno a esa cuestión. Llamado ligeramente el mercado de la autoayuda, la superación o el crecimiento personal, tiene una gran cantidad de libros, grabaciones, videos, gurús, oradores, entrenadores de vida, autores, aplicaciones, cursos de motivación, seminarios e incluso infomerciales dedicados a mejorar la vida, más intencional y, en última instancia, más espiritual.

Este movimiento que no pertenece a la iglesia aumenta la receptividad y la fuerza de nuestro espíritu representa un fenómeno bastante nuevo. Impulsado principalmente por la rápida aceleración de personas huyendo de la religión organizada, el campo de la superación personal ha comenzado a tomar el lugar de los modos tradicionales de culto para muchos. En lugar de ir a una iglesia, una mezquita, una sinagoga o un ashram, las personas recurren cada vez más a otras fuentes menos convencionales de sabiduría espiritual.

Sin embargo, la industria de la autoayuda tiene un secreto y ya que yo he publicado libros de autoayuda durante varios años, estoy feliz de revelarlo. La mejor de estas fuentes de asesoramiento de autoayuda (libros, oradores, seminarios y demás) a menudo se basa en la sabiduría ancestral de los pueblos nativos e indígenas y las profundas enseñanzas espirituales de las grandes religiones del mundo. Muy pocas ideas nuevas impulsan el movimiento de autoayuda; en cambio, subsiste con conceptos reciclados de varias fuentes religiosas.

Simplemente lea, mire o escuche cualquiera de las mejores fuentes de autoayuda, y probablemente lo comprobará. La base moral, filosófica y espiritual de casi todos ellos proviene directamente de la religión. Probablemente no provienen de la religión que usted o su cultura conocen mejor, eso sería demasiado obvio, sino de la sabiduría y las enseñanzas espirituales de los pueblos nativos e indígenas, o las tradiciones hindúes o budistas, o pensadores religiosos de un siglo pasado. Por supuesto, los tropos y truismos de autoayuda de la nueva era pueden ofrecernos una idea y una conciencia interna, pero esa idea generalmente se inspira en los profetas y fundadores de las religiones que hemos olvidado.

Los primeros gnósticos cristianos, por ejemplo, han inspirado a muchos proveedores de autoayuda. Las creencias zoroástricas de la antigua Persia proporcionan una fuente de inspiración para los demás. Las reflexiones poéticas espirituales de Rumi y sus compañeros musulmanes sufíes han generado innumerables libros de autoayuda, charlas, retiros y seminarios. Las diversas escuelas de pensamiento y práctica budista alimentan gran parte del pensamiento de la nueva era, lo que se traduce en una gran variedad de material adecuado para grandes consejos de vida y consejos espirituales. Sin embargo, originalmente, todas esas ideas profundas surgieron de las enseñanzas de Cristo, Zoroastro, Muhammad y Buda.

Las enseñanzas bahá’ís ven a estos seres, los maestros, profetas y mensajeros que fundaron esas venerables tradiciones y les dieron su poder duradero, como “los expositores del sentido común divino”, que ampliaron nuestra visión y nuestra conciencia colectiva.

En el pasado, los escritos y las ideas de esos maestros solían ser relativamente inaccesibles para la mayoría de la humanidad. Ese hecho dio lugar a una clase sacerdotal, un grupo de clérigos o sabios en todas las tradiciones espirituales que estudiaron y transmitieron su sabiduría a las masas y a las generaciones venideras. Transmitida a través de historias orales y manuscritos laboriosamente copiados a mano, esa antigua sabiduría todavía tiene mucho que enseñarnos, si hacemos el esfuerzo de acceder a ella y comprenderla.

Los bahá’ís creen que esta sabiduría eterna continúa floreciendo como resultado de un poderoso concepto llamado revelación progresiva, lo que significa que todos estos profetas, maestros y mensajeros vinieron de la misma Fuente divina y trajeron el mismo mensaje esencial:

Todas las formas creadas son progresivas en sus planos o reinos de existencia bajo el estímulo del poder o espíritu de vida. La energía universal es dinámica. Nada es estacionario en el mundo material de los fenómenos exteriores o en el mundo interno del intelecto y de la conciencia.

La religión es la expresión exterior de la Realidad divina. Por tanto, debe ser viviente, vital, dinámica y progresiva. Si no tuviese movimiento y no progresase, estaría sin la vida divina; estaría muerta. Las instituciones divinas están continuamente activas y son evolutivas; por lo tanto, su revelación debe ser progresiva y continua. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 154.

Así como lo hace el cuerpo humano, el alma humana crece y se desarrolla: progresa a través de los planos de la existencia. Al igual que el alma individual, la religión también debe crecer y desarrollarse o morir. Es por eso, nos dicen los escritos bahá’ís, hemos sido testigos de un sistema continuo y progresivo de mensajeros espirituales a lo largo de la historia humana:|

Dios ha enviado a Sus mensajeros para suceder a Moisés y a Jesús, y él continuará haciéndolo hasta “el fin que no tiene fin”, para que desde el cielo de munificencia divina la humanidad reciba continuamente Su gracia. – Bahá’u’lláh citado por Shoghi Effendi en El orden mundial de Bahá’u’lláh, pág. 187.

Las enseñanzas bahá’ís recomiendan que cuando buscamos la verdad, cuando tratamos de aumentar la capacidad espiritual de nuestras almas individuales, tenemos que encontrar formas de liberarnos simultáneamente de los prejuicios, para que podamos reconocer esa verdad en cualquier forma que aparezca:

No hay verdad que pueda contradecir a otra. ¡La luz es buena en cualquier lámpara en que brille! ¡Una rosa es bella en cualquier jardín en que florezca! ¡Una estrella tiene el mismo esplendor si brilla en el Este o en el Oeste! ¡Estad libres de prejuicios, sólo así podréis amar al Sol de la Verdad en cualquier punto del horizonte en que se levante! Entonces comprenderéis que si la Luz Divina de la Verdad brilló en Jesucristo, también brilló en Moisés y en Buda. El buscador fervoroso llegará a esta verdad. Esto es lo que significa la “Investigación de la Verdad”.

También quiere decir que debemos tener la voluntad de eliminar todo lo que aprendimos anteriormente, todo lo que podría entorpecer nuestros pasos en el camino hacia la Verdad; no debemos dudar, si fuera necesario, en comenzar de nuevo nuestra educación. No debemos permitir que nuestro amor por cualquier religión o por cualquier personalidad nos ciegue de tal forma que quedemos encadenados por la superstición. Cuando estemos libres de todos estos lazos y busquemos con mentes liberadas, entonces alcanzaremos nuestra meta.

“Investigad la verdad, y ella os hará libres”. De este modo veremos la verdad en todas las religiones, pues está en todas ellas, ¡y la verdad es una! – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 167.

A medida que crecemos, aprendemos, ya sea de nuestras familias o nuestras culturas, algunas de aquellas venerables verdades espirituales. Sin embargo, a menudo, nuestra educación limita nuestra educación espiritual a una tradición, o como máximo solo algunas de ellas. Si eliminamos los prejuicios que pudiéramos tener con respecto a la enseñanza infantil, y ampliamos el alcance de nuestro aprendizaje, dicen las enseñanzas bahá’ís, esto nutrirá nuestras almas con la sabiduría combinada de todos los principios progresivos de los profetas.

Entonces, ¿cómo podemos desarrollar nuestras almas? Podemos esforzarnos por encontrar la verdad y luego, dicen las enseñanzas bahá’ís, podemos elevar nuestra fe en el Creador más allá de la débil variedad de creencias tradicionales por una creencia expresada en acciones reales. Abdu’l-Bahá, el hijo de Bahá’u’lláh y el ejemplo de la vida bahá’í para todos los bahá’ís, dijo:

¿Cómo puede recrecerse la fe? Es preciso esforzarse. El niño es desconocedor, pero al estudiar adquiere conocimientos. Id en pos de la verdad.

Existen tres clases de fe: primero la que viene dada en virtud de la tradición y el nacimiento. Por ejemplo, el hijo de padres musulmanes es musulmán. Esta creencia tradicional es débil. La segunda es la que procede del conocimiento, y es la fe de la comprensión. Esta fe es buena. Pero aún existe una tercera categoría de fe, la fe de la práctica. Esta es la fe real.

Nos enteramos de que existe cierto invento, creemos que es bueno y, en consecuencia, acudimos a comprobarlo personalmente. Llega a nuestros oídos que hay riquezas, lo vemos y trabajamos con denuedo hasta que nos volvemos ricos y ayudamos a los demás. Nos enteramos de que hay luz, la divisamos, nos acercamos a ella, nos calentamos a su lumbre y reflejamos los rayos sobre los demás. Ésta es la fe o creencia verdadera, y de ese modo recibimos el poder de convertirnos en hijos eternos de Dios. – Abdu’l-Bahá, Abdu’l-Bahá en Londres, pág. 22.

 

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