Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Ya sea que seamos hermano o hermana, madre o padre, esposo o esposa, nos conmueve la necesidad de igualdad y comprensión a través de las líneas del género.

No hay mayor alegría que alcanzar el pleno potencial de un ser humano, sin importar el género. Hoy, debido a los avances en educación y tecnología que nuestra sociedad disfruta, los roles masculinos o femeninos que alguna vez fueron tradicionales están cambiando y evolucionando rápidamente.

De hecho, de familia a familia y de persona a persona, el concepto de cuáles son esos roles rara vez es idéntico. En muchas partes del mundo de hoy, las mujeres disfrutan de mayores oportunidades que nunca antes, pero aún queda mucho trabajo por hacer antes de que podamos decir que realmente hemos logrado igualdad.

Las enseñanzas bahá’ís nos exhortan a todos a hacer ese importante trabajo:

Has de saber … que… las mujeres son consideradas iguales a los hombres y Dios ha creado a toda la humanidad a Su propia imagen y semejanza. Es decir, los hombres y las mujeres por igual son los reveladores de Sus nombres y atributos y, desde el punto de vista espiritual, no existe diferencia entre ellos. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 61.

Es erróneo creer que la cuestión de la igualdad de género es estrictamente una cuestión de mujeres. Los hombres también necesitan oportunidades para crecer más allá de los roles tradicionales y superar el desafío del sexismo, que obstaculiza el desarrollo de todos:

La mujer deberá esforzarse, pues, por alcanzar la mayor perfección, por ser igual al hombre en todos los aspectos, por progresar… para que el hombre se vea obligado a reconocer su igualdad en capacidad y logros.

La Munificencia de Dios es para todos y proporciona poder para todo progreso. Cuando los hombres reconozcan la igualdad de las mujeres no será necesario que ellas luchen por sus derechos. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 203.

La Fe Bahá’í enseña que las mujeres y los hombres solo pueden alcanzar su máximo potencial cuando ambos tienen las mismas oportunidades de crecer y desarrollarse. De hecho, las enseñanzas bahá’ís indican que si los padres no pueden darse el lujo de educar a todos sus hijos e hijas, se debe dar preferencia a las hijas. Esto no implica que las mujeres sean más importantes que los hombres, sino que es importante apoyarlas en su papel crucial como las primeras educadoras de sus hijos y, por lo tanto, de la sociedad. Es especialmente importante que las niñas seas educadas porque más tarde será la primera educadora de sus propios hijos y tendrá una influencia especialmente fuerte en su carácter. Ella debe estar equipada con los medios para enseñarles cómo vivir, aprender y adorar.

Retener a un género necesariamente retiene al otro también. A los ojos de Dios, las enseñanzas bahá’ís proclaman que no existe un género superior o inferior; Dios juzga a un alma solo por sus cualidades y su carácter, no según su género.

Así que en este día y época, las enseñanzas bahá’ís llaman a hombres y mujeres a superar los desafíos del sexismo y establecer la realidad de la igualdad y la armonía de género.

La unión de los dos grupos de personas más grandes del mundo en una convivencia armoniosamente combinada requiere al menos tres pasos cruciales:

  1. La eliminación sistemática de los prejuicios de género
  2. El progreso distinguible hacia la justicia equitativa en el mundo
  3. El establecimiento de la igualdad entre mujeres y hombres.

A pesar de que estos objetivos no se logran fácilmente, se pueden lograr a través de esfuerzos personales y esfuerzos unificados, y ciertamente están al alcance de la humanidad:

La diversidad en la familia humana debería ser causa de amor y armonía, como lo es en la música donde diferentes notas se funden logrando un acorde perfecto. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 69.

Para el individuo, el proceso de reemplazar la ignorancia con comprensión, tolerancia, respeto y aprecio por otro género significa cambiar las actitudes dañinas que impiden que ambos sexos reconozcan las ventajas mutuas inherentes a la igualdad.

Para la mayoría de nosotros, este proceso representa una tarea difícil y constante. Afortunadamente, nuestras perspectivas pueden modificarse y corregirse cuando entendemos cómo Dios ve el tema del género.

Para la raza humana en su conjunto, y para los hombres en particular, el proceso continuo de superar cualquier sentido de superioridad de género requiere paciencia y un esfuerzo sostenido. El progreso verdadero y duradero no se logrará a través de enfrentamientos violentos, luchas de poder o legislación política, sino a través de la autoevaluación y un proceso de evolución espiritual que realmente cambie los valores fundamentales por los que vivimos e interactuamos. La responsabilidad personal y el cambio medido son los procesos fundamentales que, en última instancia, producen civilizaciones excelentes y duraderas, ya que garantizan la capacidad de adaptarse y sobrevivir en condiciones y circunstancias cambiantes.

Entonces pregúntate: ¿qué he hecho hoy por la igualdad de género?

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