Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Las enseñanzas bahá’ís instan a todos los bahá’ís —en realidad, a cada persona en la Tierra— a aferrarse a la justicia y oponerse a la tiranía:

La luz de los hombres es la Justicia. No la extingáis con los vientos contrarios de la opresión y la tiranía. El propósito de la justicia es hacer surgir la unidad entre los hombres. El océano de la sabiduría divina se agita en esta exaltada palabra, en tanto que los libros del mundo no pueden contener su significado interno. Si la humanidad estuviese adornada con esta vestidura, vería brillar resplandeciente sobre el horizonte del mundo al sol de las palabras: “En ese día Dios satisfará a todos con su abundancia”. Apreciad el valor de estas palabras; son un fruto noble que ha producido el Árbol de la Pluma de Gloria. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 43.

Debido al evidente respeto que la humanidad tiene por la justicia, el generalizado reconocimiento actual sobre la importancia que tiene la justicia en todos los ámbitos de la vida de la sociedad, incluso en el nivel de las interacciones interpersonales (tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran) claramente muestra el papel altamente significativo que desempeña una institución que imparta justicia en la vida de la sociedad.

Para los bahá’ís, esa institución es La Casa Universal de Justicia, el órgano de gobierno global supremo, elegido democráticamente a través del sistema administrativo bahá’í.

Además de regenerar a la humanidad a través de la influencia de su revelación, los escritos bahá’ís atestiguan que Bahá’u’lláh y su sucesor Abdu’l-Bahá:

… a diferencia de lo que ocurrió con las Dispensaciones del pasado, ha sentado clara y específicamente un conjunto de leyes, establecido instituciones definidas y provisto los requisitos esenciales de una economía divina. – Shoghi Effendi citado por John E. Esslemont en Bahá’u’lláh y la Nueva Era, pág. 230.

Bahá’u’lláh ordenó a los sucesores a que faciliten el cumplimiento de la visión, la voluntad y el propósito de la Fe bahá’í, siendo el sucesor final la Casa Universal de Justicia, única entre todas las principales religiones del mundo debido a su naturaleza de elección democrática. Estableciendo el patrón para la continua evolución administrativa y el funcionamiento de las instituciones centrales de la Fe Bahá’í, las enseñanzas de Bahá’u’lláh y Abdu’l-Bahá condujeron a la formación de numerosas instituciones administrativas locales y nacionales de la Fe bahá’í, sentando las bases para la elección de La Casa Universal de la Justicia .Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe Bahá’í, trabajó incansablemente desde la década de 1920 hasta finales de la década de 1950 para extender aquella base a través de todo el planeta.

Una vez que la Fe bahá’í se extendió ampliamente a los continentes y países del mundo, la Casa Universal de Justicia comenzó su ministerio al ser elegida por primera vez en el año 1963. La Casa Universal de Justicia es ahora la principal institución responsable de traducir la revelación de Bahá’u’lláh a la realidad social y cultural.

A través de los términos establecidos por Bahá’u’lláh, y las interpretaciones de Abdu’l-Bahá y Shoghi Effendi, la Casa de Justicia puede legislar sobre asuntos que no se abordan en los escritos de las Figuras Centrales de la Fe Bahá’í, satisfaciendo los requisitos de la Causa de Dios ante todas las nuevas circunstancias:

Promulgar leyes y disposiciones no consignadas expresamente en los Textos Sagrados; abrogar, de acuerdo con los cambios y requerimientos de cada época, sus propias disposiciones; deliberar y decidir sobre todos los problemas que han causado diferencias; dilucidar cuestiones que resulten confusas; salvaguardar los derechos de las personas, la libertad y la iniciativa de los individuos; y prestar atención a la preservación del honor humano, el desarrollo de los países y la estabilidad de los Estados…- La Casa Universal de Justicia, La Constitución de la Casa Universal de Justicia, pág. 4.

Claramente, la Casa Universal de Justicia existe no solo para guiar a la comunidad global bahá’í, sino también como una prueba ejemplar de que la humanidad puede tener un organismo de gobierno internacional democrático que funcione y que esté facultado para detener la guerra entre naciones y unificar las fuerzas contendientes del mundo:

La experiencia de la comunidad bahá’í puede verse como un ejemplo de esta creciente unidad. Es una comunidad de unos tres o cuatro millones de personas* provenientes de muchas naciones, culturas, clases y credos, que se dedican a múltiples actividades al servicio de las necesidades espirituales, sociales y económicas de los pueblos de muchas tierras. Un solo organismo social que representa la diversidad de la familia humana, que dirige sus asuntos por medio de un sistema de principios consultivos comúnmente aceptados y que aprecia igualmente a todas las grandes corrientes de guía divina a lo largo de la historia. Su existencia es otra prueba convincente de que la visión de su Fundador de un mundo unido es practicable, otra prueba de que la humanidad puede convivir como una sociedad global dispuesta a afrontar los desafíos que pueda implicar la llegada a su mayoría de edad. Si la experiencia bahá’í puede contribuir en cualquier medida a fortalecer la esperanza en la unidad de la humanidad, nos sentimos felices de ofrecerla como modelo para su estudio…

… pueden oírse las voces esperanzadas de los bahá’ís, a pesar de la persecución de la que son víctimas en el país donde nació su Fe. Con su ejemplo de esperanza irreductible, dan testimonio de la creencia de que la realización inminente de este antiguo sueño de paz está ahora, en virtud de los transformadores efectos de la revelación de Bahá’u’lláh, investida con la fuerza de la autoridad divina. Por lo que les transmitimos a ustedes no sólo una visión en palabras; convocamos el poder de las hazañas de fe y sacrificio; transmitimos la ansiosa defensa de la paz y la unidad en nombre de nuestros correligionarios de todas partes. Nos unimos a todos los que son víctimas de la agresión, a todos los que anhelan el fin de los conflictos y la violencia, a todos aquellos que por su devoción a los principios de la paz y del orden mundial promueven los nobles propósitos para los que fue llamada a la existencia la humanidad por un Creador Todoamoroso. – La Casa Universal de Justicia, pág. 24.

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