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A comienzos del siglo XX, la ciencia de la física descubrió las limitaciones de una cosmovisión mecanicista-materialista. Einstein escribió:

“La ciencia no logró llevar a cabo el programa mecánico de manera convincente y hoy ningún físico cree en la posibilidad de su cumplimiento”. – Einstein e Infeld, La Evolución de la Física, p. 121.

Los notables descubrimientos hechos por la física del siglo XX -la ciencia que ha sido, y sigue siendo, el paradigma sobre el que se han modelado otras ciencias- marcó el comienzo de una inversión trascendental en la visión prevaleciente de la relación entre la mente y la materia:

“Con el materialismo atómico, la materia era la fuente de toda acción y la mente era un subproducto pasivo. La nueva física revierte esta perspectiva: la materia es pasiva, potencial e incompleta, mientras que la mente es una fuente de acción”. – Augros y Stanciu, La Nueva Biología: Descubriendo la Sabiduría en la Naturaleza, p. 15.

El famoso físico Freeman Dyson comentó sobre las implicaciones de esto:

“Nuestra conciencia no es solo un epifenómeno pasivo llevado por eventos químicos en nuestros cerebros, sino que es un agente activo”. – Freeman Dyson, Disturbing the Universe. pag. 249.

Desde una perspectiva espiritual, las enseñanzas bahá’ís sostienen el principio científico frecuentemente citado de la libre investigación de la verdad. Este principio pide que no aceptemos la religión como herencia familiar o cultural; más bien, la verdad religiosa debería ser objeto de un escrutinio crítico y sistemático por parte de cualquier investigador serio.

De hecho, tan importante es este principio en la Fe bahá’í, que la principal obra doctrinal de Bahá’u’lláh, el autor de la revelación bahá’í, el Libro de la certeza, está dedicada a la metodología del descubrimiento de la verdad en la religión. En sus numerosas conversaciones y escritos, Abdu’l-Bahá, el hijo mayor de Bahá’u’lláh y líder de la Fe Bahá’í después del fallecimiento de Bahá’u’lláh, enfatizó repetidamente la importancia de buscar la verdad en la religión, contrastándolo con la noción de acercarse pasivamente a la religión o tratarla como un sistema heredado de creencias:

“Ahora, por lo tanto, debemos ser amonestados y darnos cuenta de que la mera imitación de padres y antepasados es infructuosa. No, más bien, debemos esforzarnos al máximo en investigar y dirigirnos hacia el Sol de la Realidad”. – Abdu’l-Bahá, La promulgación de la paz mundial, p. 274.

Además, las enseñanzas bahá’ís en realidad dicen que la realización de la paz mundial depende en última instancia de la aplicación de este principio:

“Si estas diversas naciones investigaran la realidad, no cabe duda que la lograrían… En tanto ellas se adhieran a diversas imitaciones y estén privadas de la realidad, continuarán la contienda y la guerra y prevalecerán el rencor y la sedición. Si investigaran la realidad, no quedaría ni rencor ni enemistad y lograrían entre ellas la mayor concordia”. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, p. 235.

Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe Bahá’í, después del fallecimiento de Abdu’l-Bahá, escribió que la Fe bahá’í no se basa en una aceptación ciega, sino que es “científica en su método”:

“La Revelación proclamada por Bahá’u’lláh, creen sus seguidores, es de origen divino, universal, amplia en su perspectiva, científica en su método, humanitaria en sus principios y dinámica en la influencia que ejerce sobre los corazones y mentes de hombres”. – Shogui Effendi, De una carta presentada a la ONU, 1947.

La afirmación de Shoghi Effendi, cuando se observa en el contexto del comentario de Abdu’l-Baha sobre los cuatro métodos para adquirir conocimiento, se refiere a la integración de estos métodos en un sistema jerárquico de pensamiento e indagación.

Esta metodología unificada requiere que el estudio del conocimiento interno místico, tradicionalmente mantenido dentro del dominio de la religión o el misticismo, exija la necesidad de encontrar formas de iniciar el diálogo con el conocimiento externo, típicamente controlado por investigaciones científicas. Por lo tanto, para establecer una base para la unidad de la ciencia y la religión, debemos liberarlos a ambos de sus limitaciones tradicionales. Esa búsqueda de la verdad, tanto en el dominio de la religión como de la ciencia, nos impulsa hacia una síntesis armoniosa de los cuatro métodos de adquisición del conocimiento, permitiendo una realización plena del proceso de crecimiento y el desarrollo de la civilización.

 

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