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Innumerables personas oran por sí mismas, o piden oraciones de amigos y familiares durante una enfermedad o una calamidad. ¿Pero funcionan sus oraciones?

Independientemente del credo o de la procedencia, muchos responden amablemente a las peticiones de oración, y por lo general estamos agradecidos cuando otros oran por nosotros. Todos tenemos enfermedades y problemas que afectan nuestras vidas. Puedo decir inequívocamente que me sentí y me beneficié enormemente de las oraciones de mis seres queridos desde Haifa hasta Nueva Zelanda cuando he estado gravemente enferma. El consuelo de saber que otros recitaron súplicas amorosas de curación en mi nombre constituyó un poderoso componente en mi recuperación.

Oramos por los demás, y otros oran por nosotros, aunque sabemos que no podemos predecir el fruto de cada oración. Sin embargo, nuestras oraciones aseguran al menos algún tipo de curación o asistencia, en el hecho de que la unidad cordial entre todos los involucrados en la oración trae amor, esperanza y serenidad al corazón. Aunque se esté a miles de kilómetros de distancia, la oración puede tener un efecto poderoso. Las enseñanzas bahá’ís dicen que volverse hacia Dios en la oración, comprender que Él es el sanador, el amparador y confiar en Su misericordia, nos trae una calma celestial:

“Siempre que alguien recite en la intimidad de su aposento los versículos que Dios ha revelado, los ángeles esparcidores del Todopoderoso difundirán por doquier la fragancia de las palabras emanadas de su boca, y harán que palpite el corazón de todo hombre recto. Aunque al principio permanezca inconsciente de su efecto, sin embargo, la virtud de la gracia que le ha sido concedida debe necesariamente ejercer tarde o temprano influencia sobre su alma.” – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, página 332.

El médico y científico de Harvard, Herbert Benson, quien ha realizado estudios sobre la oración durante los últimos 30 años, dijo:

“La oración implica la repetición de sonidos y palabras, y ahí radican sus efectos curativos. Para los budistas, la oración es la meditación. Para los católicos, es el rosario. Para los judíos, se llama salmodia. Para los protestantes, es la oración centrada. Cada religión tiene su propia manera de hacerlo.”

Las enseñanzas bahá’ís dicen que las oraciones también pueden llegar a nosotros de parte de nuestros seres queridos en el siguiente mundo de Dios:

“La riqueza del otro mundo es la cercanía a Dios. Por consiguiente, es indudable que a quienes estén próximos a la Corte Divina les será permitido interceder, y que tal intercesión será aprobada por Dios. Pero la intercesión del más allá no es como la intercesión de este mundo, sino que es otra cosa, otra realidad que no puede ser expresada con palabras.” – ‘Abdu’l-Bahá, Contestación a unas preguntas, página 281.

“En la oración hay una estación entremezclada, una fusión de condiciones. Rezad por ellos ¡tal y como ellos rezan por vosotros! Si atravesáis apuros y estáis en actitud receptiva, ellos son capaces, sin que os percatéis, de haceros sugerencias.” – ‘Abdu’l-Bahá, ‘Abdu’l-Bahá en Londres.

Orar por la voluntad de Dios en la curación siempre facilitará los mejores resultados posibles, aunque quizás no lo sepamos en ese momento. Nuestros mejores intereses, a través de un Creador amoroso, siempre resultan, y las oraciones urgentes siempre son contestadas:

“Dios responderá a la oración de cualquier siervo si esa oración es urgente.” – ‘Abdu’l-Bahá citado en Relatos de la vida de ‘Abdu’l-Bahá, por Annamarie Honnold, página 114.

Finalmente, los escritos bahá’ís recomiendan la oración en casos de enfermedad, pero también especifican que debemos, al mismo tiempo, buscar el tratamiento de médicos competentes:

“Incumbe a todos tratar de obtener tratamiento médico y seguir las instrucciones del doctor, pues ello responde a la ordenanza divina; mas, en realidad, es Dios Quien proporciona la curación” –‘Abdu’l-Bahá, Selección de los escritos de ‘Abdu’l-Bahá, página 212.

En este momento, dadas las herramientas científicas que tenemos, la oración no se presta a un análisis empírico estricto, pero la oración sigue teniendo una estación respetada y poderosa en nuestro mundo.

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