The views expressed in our content reflect individual perspectives and do not represent the official views of the Baha'i Faith.

¿Tiene un sentido la historia? ¿Es la historia tan sólo una serie de acontecimientos caóticos?

Indudablemente las voluntades humanas han dado forma a muchos sucesos en la vida de la humanidad. Sin embargo, desde una mirada más global de la historia, es posible buscar un sentido, hipotetizar acerca de algunas pautas y ciclos históricos que marcan la historia más allá de las voluntades y deseos individuales.

En este artículo, nos vamos a concentrar tan solo en un aspecto del análisis de la historia que encontramos en los escritos bahá’ís: la evolución social de la humanidad.

Partimos desde el eje central de las enseñanzas bahá’ís: la unidad de la humanidad. Las enseñanzas bahá’ís plantean que este es el destino de la humanidad, profetizado en todas las religiones con términos como “el Reino de Dios en la Tierra” en las tradiciones religiosas abramicas, y que éste es el máximo logro de la humanidad planificado por Dios. No es de sorprenderse, entonces, que es a la luz de este principio que se analiza a la historia de la humanidad,  resumiéndola como sigue:

(…) la evolución humana, evolución que ha tenido sus orígenes en el nacimiento de la vida familiar, su subsiguiente desarrollo en el logro de la solidaridad tribal, que llevó a su vez a la constitución de la ciudad-estado y que posteriormente se expandió en la institución de la nación independiente y soberana. – Shoghi Effendi, La Meta de un Nuevo Orden Mundial, pág. 25.

Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe Baha’i, en el resto del pasaje, amplia la visión a la próxima etapa en la evolución social de la humanidad: la unidad planetaria. Él puntualiza que nos encontramos precisamente en el proceso de transición desde la etapa de nación a la organización planetaria de los asuntos humanos.

Reflexionemos sobre esta forma de analizar la historia de la evolución social de la humanidad. Se propone una evolución constante en una dirección clara: aglomeraciones progresivas cada vez más amplias de seres humanos. Estas aglomeraciones van compartiendo una cultura que responde a necesidades cambiantes, desarrollando procesos y herramientas que permitieron gestionar la escala creciente de funcionamiento de las sociedades que se iban complejizando.

Para algunos, la similitud con los sistemas biológicos es obvia: un organismo que crece permite que las células que lo componen vayan tomando roles progresivamente más especializados. Aún teniendo el mismísimo ADN, las células del cuerpo humano pueden expresar dicho ADN en las formas de uñas, estómago, neuronas, … (para un total de 200 tipos de células que se conocen hasta ahora). Tal vez esta comprensión de la realidad física nos permite pensar en la realidad de la humanidad: comparte el mismo ADN, expresado en una miríada de formas y colores que tienen la capacidad de cooperar entre sí. Por supuesto, a diferencia de las células, cada ser humano dispone de una mente y una voluntad que puede ejercer en el marco en el que desee operar. Y también, por supuesto, a mayor complejidad, mayor capacidad de adaptarse a una variedad creciente de condiciones ambientales.

No hay duda que, a través de toda esta evolución, hubo intentos de detener el progreso (o intentos de retrocesos), impuestos por voluntades ajenas a la evolución que ocurría y a las posibilidades que procuraba dicha evolución. Pero también está claro que el sentido en el que va la historia global nos está llevando a crecientes niveles de unidad.

Resulta particularmente interesante esta mirada a la luz de la etapa en la que nos encontramos ahora: la humanidad se encuentra en el umbral de su unidad a nivel planetario. Frente a los desafíos que esta nueva etapa ofrecerá, algunos querrán “detener el tiempo”, y tratarán de impedir la evolución inevitable. Vemos entonces llamaradas de nacionalismo y de esfuerzos por partes de líderes de reforzar su autoridad sobre los países que dominan, rechazando lo que etiquetan de “injerencia externa”, a pesar de encontrarse en una maraña de relaciones interdependientes que es obvia en cualquier análisis.

Más bien, la pregunta que debemos contestar los seres humanos, en este año, en este contexto histórico en el que nos encontramos, es: ¿cuáles son las formas de organizarnos que mejor responderán a las oportunidades y los desafíos de nuestros tiempos? ¿cómo nos podemos dotar de las estructuras que mejor representen nuestros valores? ¿cómo aseguramos contar con la conciencia y la mentalidad que nos permitirá lidiar con la realización de nuestra unicidad?

La siguiente cita de los escritos bahá’ís nos puede ayudar a reflexionar al respecto:

“Toda alma imperfecta es egocéntrica y solo piensa en su propio bien. Mas a medida que sus pensamientos se expanden un poco, comienza a pensar en el bienestar y el confort de su familia. Si sus ideas se amplían algo más, su preocupación será la felicidad de sus conciudadanos; y si continúan ensanchándose, pensará en la gloria de su país y de su raza. Pero cuando las ideas y opiniones alcanzan el grado más elevado de expansión y llegan a la etapa de perfección, la persona se interesa en la exaltación de la humanidad. Será entonces un bienqueriente de todos los hombres y procurará el bien y la prosperidad de todos los países. Esto es un indicativo de perfección.” -’Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, nro. 35.

Uno de los motivos que arguyen los que se imaginan estar tratando de detener la evolución social de la humanidad es el peligro de la uniformidad. Su razonamiento es que la única forma de integrar a las personas es “formateando” a todos los miembros del grupo para que piensen igual, se vistan igual, y actúen según los mismos patrones. A esta forma de pensar la podemos etiquetar como “unidad en uniformidad”.

En los escritos bahá’ís, al contrario, se plantea que se logra la máxima belleza con el concepto de “unidad en diversidad”. Este acercamiento a la organización social permite pensar en término de los aportes que cada cultura, e incluso cada individuo puede contribuir al conjunto, y elimina la aparente contradicción entre el “ser único” y el poder participar en un conjunto más amplio, una vez que se han acordado bases compartidas para la colaboración y ayuda mutua.

 “Considerad las flores de un jardín. Aunque diferentes en clase, color y forma, sin embargo, puesto que son refrescadas por el agua de una misma fuente, reanimadas por   el aliento de un mismo viento y vigorizadas por los rayos de un mismo sol, esta    diversidad aumenta sus encantos y aporta a su belleza. ¡Qué desagradable para la vista  si todas las flores y las plantas, las hojas y los capullos, los frutos, las ramas y los árboles de ese jardín fuesen todos de la misma forma y del mismo color! La diversidad       de tonos y formas enriquece y adorna el jardín, y aumenta el encanto de éste.”- citado por Shoghi Effendi, La Meta de un Nuevo Orden Mundial, pág. 23.

1 Comment

characters remaining
  • Susana Alvarez
    Feb 13, 2019
    Buen analisis de unidad, evolución social y el final de como el conglomerado debe constituirse en Unidad en Diversidad. Lo compartire Muchas Gracias.