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Cada uno de nosotros lleva una variedad de cosas al hogar en el curso de nuestra vida, tanto en el lugar donde vivimos físicamente como en el hogar dentro de nuestros corazones.

Todos los días tomamos decisiones y nos encontramos con situaciones que tienen efectos duraderos en nuestras vidas, nuestras relaciones y nuestra visión del mundo. Algunas de las cosas que llevamos al hogar y cargamos en nuestros corazones nos traen alegría y otras, dolor.

Afortunadamente, a medida que pasa el tiempo, aprendemos a ser más selectivos y conscientes al elegir lo que traemos a nuestras vidas. Descubrimos que algunas cosas son más significativas y espiritualmente satisfactorias que otras. Para muchos de nosotros, este es el comienzo de un proceso de transformación personal de por vida. Comenzamos a ver las cosas que nos rodean bajo una nueva luz, buscamos un propósito divino en el mundo, y comenzamos a llevar esta santidad a nuestro hogar.

Esta serie de ensayos, basada en el libro “Guía de un caminante para llevar lo sagrado al hogar”, realiza un viaje a través de tres relaciones importantes:

  • la conexión que tenemos con nuestro propio ser interior,
  • el vínculo que desarrollamos con los miembros de nuestra familia, y
  • Los aportes que hacemos a nuestra comunidad.

Esta serie de ensayos se esforzará por guiar a los caminantes espirituales a descubrir el carácter sagrado que podemos encontrar en cada una de estas relaciones, revisando temas importantes dentro de los temas más amplios sobre uno mismo, la familia y la comunidad. Se intercalan extractos de las enseñanzas bahá’ís a lo largo de cada capítulo, brindando material para la meditación y la reflexión.

Juntos exploraremos algunas de las características espirituales de nuestro propio ser, esa parte de nosotros que compone nuestro ser interior.

Descubriremos que al llevar a nuestro Creador a nuestro hogar dentro de nuestras vidas y utilizar el poder de la oración, adquirimos los medios para crecer espiritualmente y lidiar con las pruebas de la vida. Examinaremos dinámicas diversas de la unidad familiar y las relaciones que la componen. Descubriremos que al esforzarnos por construir la unidad familiar y establecer la armonía matrimonial, podremos criar a nuestros hijos para que sean brillantes emblemas del futuro. Miraremos más allá del hogar para fijar la mirada en la experiencia común que compartimos con el resto de la comunidad mundial.

Descubriremos que expandir nuestro círculo de unidad requiere que comencemos a apreciar y encontrar un terreno común con otros a quienes consideramos diferentes a nosotros mismos. Al mirar dentro de nosotros mismos e identificar los prejuicios que debemos superar, podemos comenzar a trabajar hacia la comprensión racial y la armonía entre los géneros. Encontraremos formas de celebrar la diversidad, atender las necesidades de nuestra comunidad y ayudar a unir a los pueblos del mundo en una sola familia humana.

Esta serie ofrece una perspectiva bahá’í sobre la receptividad inherente de nuestro ser interior a la Palabra sagrada de Dios. Además, se revisarán formas de lograr un profundo sentido de reverencia dentro de la familia y de apreciar la diversidad de toda la familia humana. Esta perspectiva se centra en los conceptos de unidad y unicidad, fundamentales dentro de las enseñanzas de la Fe bahá’í.

La fuente de todos estos conceptos es Bahá’u’lláh (1817–92), el fundador de la Fe Bahá’í, quien reveló estos temas centrales y los tejió en los más de cien volúmenes de escritos que escribió durante sus cuarenta y tres años de ministerio. Perseguido severamente por los imperios persa y otomano, Bahá’u’lláh fue un prisionero y un exiliado desde la edad de treinta y tres años hasta el día de su muerte. Aunque escribió en persa y en árabe, una gran parte de sus obras han sido traducidas al inglés y muchos otros idiomas.

En esta serie encontrará pasajes de varias obras de Bahá’u’lláh, así como de los escritos de otras tres figuras importantes en la historia y las enseñanzas de la Fe Bahá’í: el Bab (1819–50). el precursor de Bahá’u’lláh y un profeta de Dios por derecho propio; Abdu’l-Bahá (1844–1921), el hijo mayor de Bahá’u’lláh y el intérprete designado de sus escrituras y enseñanzas; y Shoghi Effendi (1897–1957), el bisnieto de Bahá’u’lláh y cabeza de la Fe Bahá’í tras la muerte de Abdu’l-Bahá en 1921.

A lo largo de sus obras, Bahá’u’lláh llamó la atención sobre la necesidad de unidad en el mundo y sobre tres creencias bahá’ís esenciales: primero, nos recordó que existe un solo Dios. Independientemente de la variedad de nombres con los que nos referimos a Él, nombres como Dios, God, Alá o Yahvé, todos se refieren al mismo Ser Divino.

En segundo lugar, Bahá’u’lláh enseñó que la humanidad es una sola, una misma raza humana. Dios es el creador de todo, y ningún grupo o nación puede reclamar de manera exclusiva su amor o gracia. A los ojos de Dios no hay distinciones raciales, nacionales o económicas, porque ningún grupo particular de personas es inherentemente superior a otro.

Tercero, Bahá’u’lláh enseñó que solo hay una religión: la religión de Dios:

Es indudable que los pueblos del mundo de cualesquiera raza o religión derivan su inspiración de una sola fuente celestial y son los súbditos de un solo Dios. Levantaos, y armados con el poder de la fe, despedazad a los dioses de vuestras vanas imaginaciones, los sembradores de disensión entre vosotros. Aferraos a aquello que os junte y una. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 115.

Las enseñanzas bahá’ís dicen que Dios envía profetas a la humanidad de época en época, y que todos ellos revelan progresivamente la misma religión de Dios, aunque se trate de personas diferentes con nombres diferentes. Bahá’u’lláh enseñó que la edad en que vivimos es la edad de la madurez de la humanidad, un momento en que la humanidad está destinada a unirse como una sola familia y considerarse mutuamente creyentes en un solo Dios.

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