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Consideremos, por un momento, las palabras utilizadas por muchas religiones para describir al espíritu humano a través de la historia y comparémoslas con las definiciones actuales de la física moderna.

La religión ha usado palabras y frases como “espíritu”, “alma eterna” y “la Palabra de Dios”. Muchas personas, especialmente los científicos como yo, suelen categorizar este tipo de semántica como algo que está fuera de los límites del pensamiento científico.

Por ejemplo, la palabra “espíritu” se percibe, en el peor de los casos, como producto de un pensamiento anticuado y supersticioso o, en el mejor de los casos, como una vaga expresión de emoción o sentimiento. Sin embargo, si nos remontamos al bagaje histórico de esta palabra, podremos encontrar palabras en la física contemporánea que parecen contener el mismo significado esencial.

En la física, tenemos el concepto de “campo” que originalmente fue concebido para definir una base física. Por ejemplo, entendemos que un campo magnético y eléctrico surge de un medio físico llamado éter. Cuando el campo gravitacional fue inicialmente descrito por Newton, este requería una acción a distancia. Él creía que esta definición era aún profundamente defectuosa. Fue solo con Einstein que comenzó a surgir una visión moderna sobre el campo gravitacional, descrita como producto de la curva espacio-tiempo.

Con el advenimiento de la mecánica cuántica, el concepto de campo trascendió a la necesidad de un medio “físico”. Eso sí, el medio aún existe, pero la ciencia lo entendió, de forma inequívoca, como no físico, una función matemática abstracta, probabilística que permea todo el espacio.

Por muchos años, los físicos han vivido con esta idea de un campo no físico. Sin embargo, si es que somos honestos, esta idea no es tan diferente de la idea de las antiguas religiones de un espíritu no físico. Tal vez, no nos guste esta palabra debido a todas sus connotaciones, pero en el nivel más básico estas ideas son exactamente iguales. Un campo es un aspecto no físico que permea el espacio, esto es exactamente la definición del espíritu.

Y la conexión aumenta. Muchas religiones afirman que la base de la verdadera realidad es el espíritu. Para un físico, el campo es la sustancia de donde nacen todas las cosas físicas. Es el sustrato primario de la existencia. Este sustrato es una abstracción matemática no física. En realidad, existe una corriente de pensamiento que afirma que todo, en última instancia y en su forma más pura, es matemático.

De la misma forma, las tradiciones de la religión abrahámica proclama la idea de “La Palabra de Dios”, la cual representa la fuerza creativa y causal detrás de todo el universo. Por ejemplo, el Nuevo Testamento dice: “Al inicio de todo estaba la Palabra”. El Corán dice: “Dios dijo: Sé y es” En las enseñanzas Bahá’ís desarrollan esta idea:

“…(La) Palabra de Dios que es la causa de la creación entera, mientas que todos los demás, excepto Su Palabra, no son sino criaturas y efectos de la misma. Verdaderamente, tu Señor es el Expositor, el Todosabio. Sabe que, por otra parte, la Palabra de Dios – exaltada sea Su gloria- es más elevada y muy superior a lo que los sentidos pueden percibir, pues está purificada de toda propiedad o sustancia. Trasciende las limitaciones de los elementos conocidos y está exaltada por encima de todas las sustancias esenciales reconocidas. Se hizo manifiesta sin ninguna sílaba ni sonido, y no es sino el Mandamiento de Dios que impregna todas las cosas creadas. Nunca se ha retirado del mundo del ser”.  Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, p. 168.

Si analizamos un poco este concepto, en el nivel más básico, una palabra representa un recipiente de información. El hecho que la información en sí pueda hacer surgir un orden físico o una creación es bastante lógico, especialmente tomando en cuenta la tecnología moderna de la información o la relación entre la vida misma y los datos integrados en nuestro código genético. Lo que aún no está muy claro y todavía se estudia activamente son los detalles de cómo ocurre esta conexión desde un punto de vista únicamente físico.

Existen dos tipos de pensamiento cuando consideramos el origen del orden del universo, o el acto creativo primario. El primero considera que el universo o cosmos (con esto me refiero a todo, incluyendo cualquier idea de multiverso) tiene un punto de inicio y, por tanto, una causa primaria en un sentido clásico creacionista. El segundo considera que el cosmos no tiene inicio, existe eternamente.

En este segundo punto de vista, el orden podría ser el resultado natural de probabilidades físicas operando a escalas de tiempo enormes. Es así que, mientras la idea de la formación espontánea del orden en el universo tiene una baja probabilidad, considerada a escalas de tiempo eternas garantiza que esta surgiría un número infinito de veces.

Cualquiera de estos dos puntos de vista requiere la operación de información “creativa” que puede ser definida con el término “Palabra de Dios”. En la física y en la religión, esta información existe potencial y eternamente, así como la geometría del círculo.

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