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A menudo leo libros distópicos y veo películas distópicas. Mientras plantean preguntas provocativas sobre el destino de la humanidad, estos generalmente representan el futuro como un lugar oscuro y problemático.

Por otro lado, son menos comunes los libros y las películas que comparan el presente con el pasado, y nos piden que consideremos si los tiempos pasados fueron mejores.

¿O es que esto es solo un anhelo por tiempos diferentes? Si no son tiempos pasados entonces podría ser el futuro, ¿sería mejor vivir en el futuro? ¿O es todo esto simplemente otro ejemplo del cliché “el pasto siempre es más verde en la casa del vecino”? Quizás sea simplemente un síntoma de descontento. Entonces, ¿qué es la alegría? A menudo pensamos que es un sentimiento de comodidad y holgura física. Después de un día ocupado nos sentamos, nos relajamos y suspiramos con alegría.

Sabemos que los animales están contentos cuando se satisfacen sus necesidades físicas. No juzgan el tiempo ni el lugar. Viven e incluso prosperan cuando tienen suficiente comida, agua, temperatura ambiente y una estructura social satisfactoria.

Como seres físicos tenemos mucho en común con los animales, sin embargo, somos mucho más. Contamos con el poder de pensamiento y libre albedrío mucho más allá de la comprensión de los animales. Estas palabras de las enseñanzas bahá’ís amplían esta idea:

¿Cómo puede la persona conformarse con llevar solamente una existencia animal, cuando Dios ha hecho de ella una criatura tan noble? … pero el ser humano ha sido dotado para conquistar estas leyes. – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 155.

Este poder viene con grandes responsabilidades, que se mitigan a través de nuestra realidad como seres espirituales. Como tal, una conciencia moral nos guía y nos dirige, diciéndonos que busquemos el bien mayor en nuestras acciones y que nos impulsa a hacer con los demás como nos gustaría que hicieran con nosotros. Dado que nada sucede de forma aislada, debemos considerar nuestro impacto en el planeta y en otras personas. En contraste con los animales, que simplemente actúan de acuerdo con las leyes fijas de la naturaleza, nosotros contribuimos a través de nuestro trabajo. Debido a que esto se da gracias al libre albedrío, es otra fuente de satisfacción y contentamiento.

También experimentamos satisfacción cuando nos sentimos seguros dentro de un entorno social de apoyo. Tener una familia amorosa, amigos leales, vecinos agradables y colegas colaboradores puede alegrarnos y contentarnos, incluso cuando otras circunstancias nos resultan difíciles.

Si extendemos este pensamiento sobre nuestro entorno social inmediato a la comunidad en general, entonces podemos estar contentos cuando confiamos en que otras personas nos ayudarán a cuidar las cosas importantes. Vivir en una sociedad bien organizada donde todos los residentes pueden depender de la infraestructura y la continuidad del gobierno es una gran bendición. Lejos de dar estas cosas por sentado, estoy agradecida por haber sido aliviada de preocupaciones diarias sobre asuntos como el agua limpia y suministros de energía confiables.

Pero, ¿cómo encontramos satisfacción cuando las cosas no van bien?

Se puede aprender a contentarse en circunstancias difíciles del ejemplo de Bahá’u’lláh y Abdu’l-Bahá, quienes fueron prisioneros durante mucho tiempo en algunas de las cárceles más duras del mundo. Sin embargo, ambos escribieron que incluso en esas circunstancias estaban felices y contentos, porque habían trascendido lo físico y estaban conectados a reinos más elevados y más espirituales.

Parafraseando un pasaje del libro místico de Bahá’u’lláh “Los Siete Valles”, Adib Taherzadeh escribió: “Sólo aquellos que han entrado en el valle del contento han experimentado la verdadera alegría, a pesar de que sus vidas hayan estado sometidas a la aflicción y el sufrimiento”. – La revelación de Bahá’u’lláh, Volumen 1, pág. 100.

También hay una lección en esto: cada uno de nosotros está dónde y cuándo debemos estar, y tenemos decisión sobre cómo apreciamos nuestras vidas aquí y ahora.

Cada lugar y momento tienen sus propios desafíos y necesidades, y aquí es donde el contentamiento debe estar separado de la complacencia. Estar contento no significa que debamos dejarnos caer en la complacencia. Por el contrario, la satisfacción puede ser un punto de despegue, permitiendo el movimiento de una fuerza a otra. Estar contento y feliz con el lugar y el momento en el que vivo me permite participar activamente en mejorar mi carácter y contribuir al progreso de la sociedad.

Habitar en la nostalgia puede distraernos. Es mejor aprender del pasado y aplicar esas lecciones. Del mismo modo, si fijo mi mirada en un futuro muy lejano que me distraiga del presente, perderé oportunidades aquí y ahora. Es mejor tener un objetivo en mente y trabajar para lograrlo.

Si hago esto, entonces la respuesta a la pregunta “¿Fueron mejores los días pasados?” es “no”, y la pregunta “¿Será el futuro mejor?” es un seguro “sí”.

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