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Caminando a través de un arboreto, vi a un joven tirar una botella plástica entre los arbustos. Lo recogí, corrí hacia él y le pedí que reconsiderara lo que había hecho.

Le dije que cuando veo a la gente tirar basura, casi puedo escuchar a la Madre Tierra gritando de dolor por aquel asalto. Me miró fijamente, probablemente pensando “Qué señora rara”, y de mala gana puso la botella en su mochila.

Espero que luego piense en este breve encuentro y cambie su actitud hacia la basura y sobre su responsabilidad con el planeta. Por lo menos, rescaté una botella de agua; y como mucho, podría haber influido con el cambio de una persona. Ahí es donde comienza todo, con una persona, cada persona, haciendo lo que podemos.

Sabemos acerca de la interdependencia entre todas las personas, y la mayoría de nosotros entendemos que tenemos una relación similar con nuestro planeta. Este depende de nosotros, así como nosotros dependemos de él; él nos alimenta, así como nosotros lo alimentamos; él nos nutre así como nosotros lo nutrimos. El mundo físico externo se volverá más saludable cuando nosotros mismos nos volvamos más sanos, tanto física como emocionalmente; y lo opuesto también se aplica.

Al igual que la conexión entre cada uno de nosotros, seres humanos individuales, y la Tierra que nos sustenta, todos tenemos una conexión espiritual con nuestro Creador. Esta conexión entre nosotros y nuestro Creador se puede encontrar en todas las grandes religiones y en muchas otras corrientes de pensamiento no afiliados.

La Comunidad Internacional Bahá’í enfatizó este punto en el siguiente pasaje:

… la grandeza y la diversidad del mundo natural son reflejos intencionados de la majestad y la generosidad de Dios … de ahí se deduce un entendimiento implícito de que la naturaleza debe ser respetada y protegida, como un fideicomiso divino de la que somos responsables. – La Comunidad Internacional Bahá’í, La Declaración bahá’í sobre la naturaleza, octubre de 1987 (Traducción provisional).

Dado el amplio reconocimiento de nuestra relación y responsabilidad por la administración del medio ambiente natural, ¿qué nos está impidiendo cuidar mejor de nuestro planeta?

Bueno, estoy segura de que hay muchas razones, pero podemos ver fácilmente que la desunión contribuye de forma importante a los problemas ambientales del mundo. ¿Qué es más derrochador y perjudicial que la guerra? ¿Podemos detener la sobreexplotación financiera de los bosques tropicales del mundo? ¿Qué podemos hacer con respecto a las prácticas motivadas políticamente para la eliminación de desechos y el tratamiento del agua? ¿Cómo podemos contribuir a reducir el uso de combustibles fósiles?

Otro factor es el materialismo: el empaquetado excesivo, la enorme acumulación de cosas y las tendencias de moda que pasan rápidamente y nos llevan a lo que llamamos “super paquetes” de casi todo.

Es cierto que a veces parece desalentador, incluso deprimente. El planeta está en un gran aprieto, ¿qué puede hacer una persona? Es tentador concluir que el ritmo de deterioro es más rápido que la velocidad de recuperación. Mi optimismo se restaura con las palabras de la Casa Universal de Justicia:

La “unidad de pensamiento en los emprendimientos mundiales”, un concepto para el cual carecían de puntos de referencia las aspiraciones más idealistas a comienzos del siglo XX, se puede ver ahora en gran medida en todas partes en los diversos programas de desarrollo social y económico, ayuda humanitaria y preocupación por la protección del medio ambiente del planeta y sus océanos. – El siglo de la luz, pág. 128. (Traducción provisional)

Si observa detenidamente, verá que la “unidad de pensamiento” se está volviendo cada vez más evidente en todo el mundo .Las enseñanzas bahá’ís dicen que la humanidad está comenzando a reconocer su interdependencia, sus puntos en común y en su unidad esencial, en los tratados internacionales, en los compromisos internacionales conjuntos, en el rápido desarrollo de las organizaciones no gubernamentales en todo el mundo y en la continua disminución de tamaño de las naciones del planeta en un vecindario común:

La unidad del mundo de la humanidad asegura la glorificación del hombre. La paz internacional asegura el bienestar de toda la humanidad. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 170.

Si creo que los humanos tenemos un futuro, también debo creer que el planeta sobrevivirá e incluso se recuperará de su estado actual. Me anima esta idea, me inspira a seguir intentándolo .No puedo salvar el planeta sola, pero mis acciones sí importan. Más allá de desarrollar hábitos ambientalmente racionales por mi cuenta, puedo apoyar los esfuerzos de conservación y limpieza. Puedo alzar la voz frente a situaciones como la del arboretum. Puedo animar a otros a hacer lo mismo, confiando en el impacto que podemos tener unos sobre otros y en cómo esto ayudará al planeta Tierra.

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