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Cada matrimonio implica la unión de dos familias, y no simplemente la formación de un hogar nuevo y separado.

Indudablemente has escuchado ese viejo dicho: “No te casas solo con una persona, te casas con toda su familia”.

¿Por qué es esto cierto? En los años siguientes del matrimonio, la pareja de recién casados probablemente decidirá formar una familia, lo que inevitablemente involucra a los abuelos, los tíos y las tías, los primos, etc. Construir la unidad al comienzo de un matrimonio proporciona una base sólida para la relación y asegura una transición más sencilla hacia los elementos más complejos de la vida matrimonial.

Si esperamos que el vínculo del matrimonio sea duradero, entonces las semillas del amor y la unidad deben existir y deben ser cultivadas. El amor y la unidad trascienden esta vida; son cualidades espirituales que llevamos con nosotros en nuestro viaje eterno. Por esta razón, antes de entrar en el pacto de matrimonio, cada pareja debe familiarizarse completamente con el carácter de su potencial pareja. Las enseñanzas bahá’ís brindan orientación sobre el proceso de conocer a un posible cónyuge:

El matrimonio bahá’í es el compromiso de ambas partes, de una con la otra, y el apego mutuo de mente y corazón. Sin embargo, cada uno de ellos debe poner el máximo cuidado en informarse cabalmente sobre al carácter del otro, para que la alianza obligatoria establecida entre ellos sea un lazo que perdure para siempre. El propósito debe ser éste: convertirse en amorosos compañeros y camaradas, y estar unidos uno con el otro, por el tiempo y la eternidad.

El verdadero matrimonio de los bahá’ís consiste en que el esposo y la esposa se unan tanto espiritual como físicamente, para que siempre se mejoren mutuamente la vida espiritual y gocen de unidad sempiterna en todos los mundos de Dios. Éste es el matrimonio bahá’í. Éste es el matrimonio bahá’í. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 90.

Este tipo de amor espiritual no es romance, ni tampoco pasión, aunque puede incluir ambos en ocasiones. Algunas personas asocian el amor con el afecto, el sentimiento, el enamoramiento, la devoción, el éxtasis, entre otros- El hecho de que haya tantas palabras diferentes asociadas con el concepto de amor revela que este es algo incluso más grande de lo que la imaginación pueda concebir. El amor es como la electricidad: es familiar para todos, pero nadie entiende su verdadera naturaleza. El amor no es simplemente una cosa u otra. Es inherente a todo, y es esa cualidad la que mantiene las cosas unidas:

Proceded uno con otro con extremo amor y armonía, con amistad y compañerismo… Tan potente es la luz de la unidad que puede iluminar toda la tierra. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, 151.

En verdad, el Señor ama la unión y la armonía y aborrece la separación y el divorcio. Vivid unos con otros, oh pueblo, con alegría y regocijo. – Bahá’u’lláh,   El Libro Más Sagrado, pág. 71.

En muchas culturas occidentales, a menudo asociamos el matrimonio con la noción romántica del amor. Podemos creer en algo llamado “alma gemela” y soñar con encontrar a aquella única persona especial dentro de todo el mundo que sea correcta para nosotros. Esta noción es un invento occidental relativamente reciente que se ha popularizado en los últimos siglos. Aunque pueda ser algo maravilloso en ocasiones como el Día de San Valentín y los aniversarios de bodas, esta noción romántica del amor no es una base realista para un matrimonio, al menos no por sí misma.

Si intentamos hacer del romance la base de nuestro matrimonio, estaremos decepcionados, ya que ningún sentimiento de satisfacción a largo plazo puede provenir de una fantasía romántica. El amor romántico es como el repentino estallido de luz que se enciende cuando prendes una vela; sin embargo, la duración y la utilidad de la vela dependen de su capacidad para arder con fuerza, de manera lenta y constante.

En el matrimonio, dicen las enseñanzas bahá’ís, es mejor basar nuestras expectativas en las cualidades del carácter de una persona. Querer y respetar a la persona con la que estamos realmente proporcionará el mayor grado de satisfacción, así como querer quienes somos nosotros cuando estamos con esa persona. Cuando basamos nuestro amor en las verdaderas cualidades internas del carácter, nuestro amor se vuelve ilimitado en su alcance:

¡El amor es ilimitado, sin fronteras, infinito! Las cosas materiales son limitadas, circunscritas, finitas. Nunca podréis expresar adecuadamente el amor infinito con medios finitos. -Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 48.

Amar al alma y el carácter de nuestra pareja y ser confortado por nuestra mutua bondad de amor crea cimientos duraderos para una relación matrimonial permanente. Sacan a la luz las cualidades sagradas que se ocultan en lo profundo de nosotros. En una de las oraciones bahá’ís de matrimonio, Abdu’l-Bahá proporcionó una poderosa analogía: “¡Oh Tú, bondadoso Señor! Haz que este matrimonio produzca corales y perlas”. – Oraciones Bahá’ís, pág. 106.

La analogía aquí es profunda: las cosas preciosas y orgánicas, como el coral y las perlas, toman tiempo en crecer. Con el tiempo, construyen capas vivas, de manera lenta, deliberada y sólida, formando una hermosa creación. De la misma manera, los resultados más importantes de un matrimonio pueden tardar mucho tiempo en desarrollarse. Con el pasar del tiempo, nuestras vidas y capacidades personales se ven reforzadas por nuestra unión a medida que aprendemos a comunicarnos, inspirarnos y ser sensibles a las necesidades espirituales de los demás. Cuando eso sucede, nuestra unión puede formar una familia:

.. la importancia del matrimonio radica en la crianza de una familia rica en bendiciones, para que, con completa felicidad, como si fueran cirios, iluminen el mundo. Pues el esclarecimiento del mundo depende de la existencia del hombre. Si no existiera el hombre en este mundo, éste sería como un árbol sin fruto. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 91.

Según la creencia bahá’í, uno de los propósitos más importantes del matrimonio es formar una familia. Probablemente no haya una expresión más grande de la unión entre dos individuos que educar a sus hijos juntos. Muchas parejas experimentan un profundo amor mutuo al compartir las alegrías, los desafíos y las responsabilidades de la crianza de los hijos. Desafortunadamente, cuando el fundamento del matrimonio es débil, la crianza de los hijos y el estrés que crea pueden contribuir a la desunión y el conflicto. La comunicación, la consulta, el compromiso mutuo y un sentido de propósito compartido son esenciales para superar esos momentos difíciles.

El matrimonio nos brinda oportunidades para ampliar nuestra capacidad de comunicación y consulta de manera efectiva. Aprendemos a escuchar profundamente a nuestra pareja, no tanto con el propósito de estar de acuerdo o en desacuerdo, sino porque queremos mostrar nuestro amor y respeto por esa persona, y queremos conocer a nuestra pareja. Al compartir nuestras vidas de esta manera, aprendemos que la comunicación no se trata de quién habla más alto, por más tiempo o más a menudo. Muchas veces implica no hablar en absoluto, sino escucharse con atención. Descubrimos que podemos consultar de manera franca y amorosa mientras discutimos lo que viene en adelante, y juntos elegir el tipo de futuro que queremos tener. En el matrimonio aprendemos que el compromiso, en la que generalmente se espera que una de las partes o ambas obtengan menos de la medida completa de lo que quieren, no tenga por qué ser necesariamente la regla. Descubrimos que la mayoría de las veces puede haber acuerdo y consenso sobre cómo proceder.

En un matrimonio espiritual, encontramos que desarrollamos la capacidad de inspirar y ser inspirados por los pensamientos e ideas del otro. Cuando estamos comprometidos en ayudarnos unos a otros, nos aseguramos de crecer espiritualmente de formas en que no podemos imaginar. Tenemos esa “verdadera” relación que va más allá de las sensaciones temporales de la pasión o el romance. Tenemos algo que es duradero y satisfactorio, algo que nos llevará a través de la eternidad. Cuando miramos el rostro de nuestro amado, vemos al amigo que nos conoce mejor, a nuestro compañero de vida elegido, al compañero espiritual cuyas necesidades cuidamos tanto como las nuestras. Cuando oramos, recordamos nuestro amor y pedimos las bendiciones y la asistencia de Dios:

¡Oh mi Señor, oh mi Señor! Estos dos astros brillantes están desposados en tu amor, juntos en el servicio a tu Sagrado Umbral, unidos en la atención de tu Causa. Haz que este matrimonio sea como un haz de luz de tu abundante gracia, oh mi Señor, el Todo Misericordioso, y como rayos luminosos de tus dádivas, oh Tú, el Benéfico, el Siempre Dador. Que de este árbol crezcan ramas que se vuelvan verdes y florecientes por medio de los dones que descienden de tus nubes de gracia.

En verdad Tú eres el Generoso; en verdad Tú eres el Todopoderoso; en verdad Tú eres el Compasivo, el Todo Misericordioso. – Abdu’l-Bahá, Oraciones Bahá’ís, pág. 108.

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