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Muchas personas creen que el propósito de un sistema legal legítimo consiste en buscar la venganza por los delitos cometidos contra individuos dentro de ese sistema.

Pero la venganza y las represalias no son justicia; en cambio, su motivación generalmente proviene de la rabia, el odio o el rencor. Tú me haces algo malo y yo te hago algo peor. La venganza es una protesta emocional, una revancha con la intención de hacer daño. La venganza, siendo aún más dañina que el acto criminal original, crea un círculo vicioso de represalias, exacerbando y extendiendo el crimen original.

Las enseñanzas bahá’ís prohíben la venganza. En cambio, abogan justicia y equidad:

Por ejemplo, si alguien sojuzga, injuria y agravia a otro, y el agraviado se desquita, tal desquite constituye un acto censurable de venganza…

Pero la comunidad tiene derecho a defenderse y protegerse. Por otra parte, la comunidad no siente odio ni animosidad hacia el criminal o delincuente; lo encarcela o castiga únicamente para la protección y la seguridad de los demás. No es con el propósito de vengarse sobre el criminal, sino de imponer un castigo con que protegerse… la comunidad no siente mala voluntad ni rencor al infligir un castigo, ni busca apaciguar la ira del corazón; al castigar, su intención es proteger a los demás para que no se cometan atrocidades. – Abdu’l-Bahá, Contestación a unas preguntas, pág. 325.

Sin embargo, en el otro lado de la ecuación, cuando la comunidad ignora su responsabilidad de castigar al criminal, está descuidando su obligación de proteger los derechos de la humanidad. Incluso para la comunidad, la venganza es abominable; sin embargo, si la comunidad deja de castigar al criminal, demostrando así un supuesto sentido de misericordia, esto significaría la privación del derecho a la seguridad de los demás miembros de la comunidad.

Aun más importante, las enseñanzas bahá’ís dicen que la penología es más efectiva cuando se maneja dentro de un proceso mayor de socialización y educación. Abdu’l-Bahá dijo que si los individuos son educados adecuadamente y la sociedad cuenta con una base espiritual, entonces el deseo de uno de no ser considerado un criminal se convertiría en el mayor factor disuasorio para el crimen:

Pero si la sociedad se esforzara por educar a las gentes, el conocimiento y las ciencias se incrementarían constantemente, el entendimiento se ensancharía, la sensibilidad se desarrollaría, las costumbres mejorarían y la moral se normalizaría; en una palabra, habría progreso en todas estas clases de perfecciones, y habría menos crímenes. – Ibid., pág. 327.

…No obstante, lo más esencial es que las gentes sean educadas de manera que no lleguen a cometer delito alguno. Pues es posible educarlas tan eficazmente que no sólo logren abstenerse de perpetrar delito alguno, sino que conciban el crimen en sí mismo como el mayor de los tormentos, castigos y condenas. – Ibid., pág. 324.

Muchas sociedades contemporáneas, incluso algunas consideradas “ilustradas”, han recurrido al encarcelamiento en masa contra los disidentes, personas de color y otros grupos oprimidos. Las enseñanzas bahá’ís aborrecen este tipo de encarcelamiento por opresión o venganza, e incluso dicen que un enfoque único en el castigo a través de la construcción constante de prisiones tiene un efecto perjudicial y destructivo sobre la base moral de la civilización:

Día y noche las sociedades se dedican a elaborar leyes penales, así como a preparar y organizar los instrumentos y medios de castigo. Construyen prisiones, fabrican cadenas y grillos, escogen lugares de exilio y destierro, y diferentes clases de penalidades y torturas, creyendo que por estos medios disciplinarán a los criminales, siendo así que en realidad lo que hacen es destruirles la moral y provocar la perversión de su carácter. La comunidad, por el contrario, debería empeñarse y esforzarse día y noche, con el mayor celo y energía, por llevar adelante la educación de los hombres, para que ese celo sea la causa de que progresen cada día más, mejoren en ciencia y conocimiento, adquieran virtudes y buena moral, y eviten los vicios a fin de que no se cometan delitos. En la actualidad prevalece lo contrario, la comunidad siempre piensa en imponer leyes penales, preparar medios correctivos, instrumentos de muerte y castigo, lugares de encarcelamiento y destierro; para al final quedarse a la espera de que se cometan los delitos. Nada podría ser más contraproducente. – Ibid., pág. 327.

El concepto de penología implícito en El Libro más Sagrado de Bahá’u’lláh reconoce este mismo principio al prever una sociedad futura en la que todas las personas se sientan amadas, apreciadas y cuidadas, y en la que la rebelión contra la comunidad sería equivalente a la rebelión contra la propia familia y, por extensión, contra el propio interés personal.

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