"Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í."

Las enseñanzas bahá’ís consideran la murmuración como la peor cualidad humana, ya que difamar a otro ser humano daña a todas las almas involucradas.

Otras religiones también tienen pensamientos claros sobre este tema. La murmuración es fuertemente condenada por todas las religiones que se han revelado a la humanidad en los seis mil años de historia registrada. La Fe judía prohíbe contar chismes. El cristianismo advierte que lo que pronuncia la boca revela un corazón bueno o malo. El Islam advierte que un calumniador se terminará calumniado. El hinduismo declara que la murmuración delata un corazón vacío.

Entonces, ¿cómo definimos la murmuración?

De acuerdo al diccionario Merriam-Webster, la murmuración se define como “decir cosas mezquinas o rencorosas sobre una persona que no está presente”.

Abu’l-Qasim Faizi (1906-1980), un educador, escritor bahaí ampliamente recordado, describió la murmuración como una enfermedad espiritual que conduce a la locura y arruina las relaciones. Él afirmó el origen de la murmuración como una sospecha contra alguien. La sospecha puede ser engendrada por el comportamiento objetable de otra persona. Animó a su audiencia a encontrar el valor para acercarse a la persona y explicar la sospecha. De esta manera, tal vez el problema se puede resolver.

La psicóloga Dra. Agnes Ghaznavi en su libro, Sexuality, Relationships and Spiritual Growth, señala a ‘Abdu’l-Baha como el mejor de los consejeros en temas de resolución de conflictos, ella desarrolla este tema de la siguiente manera:

La mayoría de la gente no está familiarizada con el funcionamiento secreto de sus sentimientos y emociones. Sobre todo, no son conscientes de lo que les sucede con las emociones negativas y de lo destructivas que pueden ser si se mantienen en el corazón sin expresar el dolor o la desilusión, la tristeza o la ira. Si estos sentimientos son reprimidos, crean estragos en nuestras emociones y en nuestro almacén de energía: se alimentan de nuestra energía y toman el lugar de la alegría, la felicidad y el amor, y del deseo de acercarse a las personas y de expresar lo que sentimos por ellas. – pag. 154.

¿Por qué murmuramos y cuándo ocurre? La murmuración comienza dentro del individuo. Hablamos mal de nosotros mismos. Nos sentimos  ofendidos por el comportamiento de una persona o el chisme en contra de una figura privada o pública, en consecuencia sentimos resentimiento hacia esa persona. Tal vez en un futuro encuentro o conversación, recordaremos el resentimiento que sentimos hacia esa persona y quizás lo compartamos con otros.

Las causas de la murmuración pueden incluir enojo, celos, ridiculización, desprecio, calumnia, difamación y búsqueda de fallas en otros. La murmuración suele ocurrir como una liberación después de que un individuo reacciona negativamente ante un desaire real o imaginado de una persona infractora. En presencia de un amigo, un empleador o un miembro de la familia, él o ella culpa al presunto makhechor y, presentándose a sí mismo como herido inmerecidamente, se une a un oyente comprensivo.

Baha’u’llah describió esta conmoción emocional como el fuego del yo. Él nos advirtió:

Si el fuego del yo os venciera, recordad vuestras propias faltas y no las faltas de Mis criaturas, puesto que cada uno de vosotros se conoce a sí mismo mejor que a los demás.  – Palabras Ocultas, p. 89

Al condenar aún más las murmuraciones, Bahá’u’lláh declaró:

¿Cómo has podido olvidar tus propias faltas y ocuparte de las faltas de los demás? … No murmures los pecados de otros mientras tú mismo seas un pecador. Ibid, pág- 35-36.

¿Cómo abordamos y tratamos a un murmurador? Bahá’u’lláh aconseja:

No discutas con nadie y se cauteloso de las disputas. Expresa la verdad. Si tu oyente acepta, el objetivo ha sido logrado. Si es obstinado, déjalo solo y pon tu confianza en Dios.

Las enseñanzas bahá’ís nos recuerdan que al escuchar las quejas contra los demás nos convertimos en cómplices de su murmuración.

‘Abdu’l-Bahá aconseja:

Si alguna persona hablare mal de un ausente, corresponde que quienes le escuchen se lo impidan, de manera espiritual y amistosa … –Selección de los escritos de ‘Abdu’l-Bahá, pág. 173.

Baha’u’llah habló sobre las consecuencias espirituales de la murmuración:

Pues la lengua es fuego latente, y el exceso de palabras un veneno mortal. El fuego material consume el cuerpo, mientras que el fuego de la lengua devora tanto corazón como alma. La fuerza de aquel dura sólo un tiempo, en tanto que los efectos de éste persisten un siglo – Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, pág. 299

¿Un siglo? ¿Estamos cosechando los resultados ahora?

Desde un punto de vista social, la murmuración puede ser alimentada por tradiciones culturales, predominio económico, prejuicio racial o cisma político cuyos prejuicios cuando se comparten avivan la ira, alienan a los pueblos y agravan nuevos conflictos. En el siglo XX, el ejemplo clásico de dicha propaganda involucraba lavarles el cerebro a los alemanes para que se consideraran como la raza principal cuyos destinos duales eran subyugar a otros y exterminar al pueblo judío. En tiempos más recientes, los terroristas islámicos matan y mutilan a los pueblos que han consideran infieles; y las murmuraciones dirigidas por los medios de comunicación desempeñaron un papel importante en el genocidio de Ruanda. Si queremos que este tipo de tragedias termine, debemos dejar de criticar, tanto a nivel individual como social.

En última instancia, Bahá’u’lláh nos proporciona el remedio curativo para el dolor que causa la murmuración:

Una lengua amable es el imán del corazón de los hombres. Es el pan del espíritu, reviste de significado las palabras, es fuente de la luz de la sabiduría y el entendimiento (…) -ibid, pág. 325.

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