Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Generalmente, todos tomamos un trabajo o elegimos una profesión en algún momento de nuestras vidas. Si tenemos suerte, estaremos persiguiendo nuestra verdadera vocación interna y nuestro trabajo se convierte en una experiencia feliz y satisfactoria.

Sin embargo, desafortunadamente, algunos de nosotros debemos hacer todo lo posible para observar solo el mejor lado de una ocupación que no amamos exactamente.

En cualquier caso, muchas personas parecen identificarse con sus trabajos. Una de las primeras cosas que una persona que recién conoces te preguntará es: “¿Qué haces?”, como si tu trabajo fuera la parte más importante de quién eres. Podríamos responder: “Soy enfermera”, “Soy abogada”, “Soy una ama de casa” o “Soy una secretaria”, etc. Pero un trabajo no define quiénes somos … es solo una expresión de nuestro ser complejo y multifacético.

Si le haces la misma pregunta a un niño que estás conociendo por primera vez: “¿Qué haces?”, Él podría responder algo como: “Nado, coloreo, juego con mi perro y me encanta ayudar a mi mamá a hacer galletas”. La mayoría de los niños reconocen que no necesitan definirse a sí mismos solo con una aspiración en la vida.

Las enseñanzas bahá’ís nos recuerdan que todos tenemos muchos talentos y facultades:

“El Gran Ser dice: Considerad al hombre como una mina, rica en gemas de valor inestimable”. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, p. 136.

Cuando envejecemos, comenzamos a definirnos por nuestro trabajo, a veces hasta el punto en que nos encasillamos en este. El problema de limitar nuestra identidad a una sola ocupación es que ponemos todos nuestros “huevos de autoestima” en una sola canasta. Pero ¿qué sucede si algo cambia y ya no podemos ejercer nuestra carrera, o nuestra carrera ya no funciona para nosotros?

En el caso de mi hija, ella siempre ha sido una profesora natural. Para muchos enseñar en la escuela secundaria es una idea aterradora, pero para ella es pura felicidad. Ella no puede esperar por llegar al trabajo todos los días. Sin embargo, si por alguna razón no puede trabajar, se vuelve miserable y comienza a cuestionar su valor.

La misma premisa se aplica a cualquier etiqueta: esposa, hija, amiga o padre. Como madre que educó en casa a sus hijos, mi vida giró en torno a ellos durante años. Cuando ellos se fueron, mi autoestima también lo hizo, porque todo lo tenía atado en ellos. No fue hasta que me abrí al hecho que era capaz de hacer muchas más cosas además del cuidado de mis hijos que recuperé mi alegría y mi propósito.

El problema con identificar tu carrera con “quién” eres, es que, si por alguna razón ya no puedes practicarla, entonces ¿qué pasaría contigo? Para los artistas, escritores, actores o personas públicas, es una situación especialmente precaria asociar su identidad con lo que hacen o con su popularidad. Si está en la cima de las listas, ¿eso los hace mejor que otra persona? Y, en ese caso, ¿qué sucede cuando caes en desgracia?

Solía trabajar con jóvenes con discapacidades de desarrollo. Muchos de ellos eran capaces de realizar solo trabajos de baja categoría, si eso. Sin embargo, no había duda de que eran tan valiosos como cualquier otro individuo. Solo su “ser” era una lección de amor, humildad y amabilidad. Podría escribir volúmenes y nunca acercarme a la contribución que ellos han hecho a este mundo. Estas almas dulces nunca confundieron su trabajo con lo que son, solo eran amor puro y su propósito era reflejar la gracia de Dios.

Defínete radicalmente como uno amado por Dios. Este es el verdadero yo. Toda otra identidad es ilusión. – Brennan Manning

Te das cuenta de tu verdadera identidad como la conciencia en sí misma, en lugar de con lo que la conciencia se ha identificado. Esa es la paz de Dios. La verdad última de quién eres no es que yo soy esto o yo soy eso, pero Yo Soy. – Eckhart Tolle

Más allá de nuestros egos y nuestras profesiones, todos somos una maravillosa combinación de talentos y habilidades dados por Dios. Una profesión o etiqueta no abarca todo lo que somos. Tal vez algún día nos retiremos, o seamos incapaces de trabajar. Esto no debería afectar nuestra identidad en lo más mínimo. En su lugar, debería abrir nuevas puertas de posibilidades emocionantes.

La mayoría de nosotros solo hemos arañado la superficie de nuestro potencial. Tenemos tanto que ofrecer a este mundo, que no deberíamos nunca limitarnos a nosotros mismos, o al valor que solo contribuye nuestra presencia esencial. La imagen de Dios está grabada sobre nosotros y todos hacemos una contribución al mundo. Entonces, la próxima vez que alguien pregunte: “¿Qué haces?”, tal vez puedas responder: “Soy enfermera, además de artista, cantante y mentora, pero, sobre todo, soy una amante de la humanidad y una creyente en nuestra unicidad”:

“…en esta edad de esplendores, las enseñanzas que antes estaban limitadas a unos pocos ahora están a disposición de todos, para que la misericordia del Señor abarque tanto el Oriente como el Occidente, para que surja la unidad del mundo de la humanidad en toda su belleza y para que los deslumbrantes rayos de la realidad inunden de luz el reino de la mente”. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, p. 46.

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