En una conversación significativa, hablar y escuchar ayudan a lograr el mismo objetivo: comprensión mutua.

Hablar puede ser considerado como actividad y escuchar como receptividad. Mientras se habla la energía es exteriorizada y mientras se escucha es interiorizada. Ambos implican el flujo de energía e información, y difieren sólo en la dirección del flujo.

Sanar las heridas de nuestra edad requiere de la participación en conversaciones significativas. Podemos reconciliar las visiones conflictivas de la realidad, representadas por la polarización de la masculinidad o la feminidad, que pueden manifestarse tanto en el conflicto entre los sexos como en los problemas de salud mental. Examinemos algunos estudios neurológicos y las investigaciones de un innovador que habla sobre la salud mental y los géneros, empezando con este concepto —las enseñanzas bahá’ís que afirman que el alma no tiene género:

“El género, en su relación con las exigencias de este plano físico, carece de conexión con el Espíritu. En esta era de despertar espiritual, el mundo se ha embarcado en la senda del progreso y en el campo del desarrollo, en donde el poder del espíritu sobrepasa al del cuerpo. Pronto el espíritu ejercerá su dominio sobre el mundo de la humanidad”. – ‘Abdu’l-Bahá, ‘Abdu’l-Bahá en Londres.

Desde una perspectiva bahá’í, no hay diferencia entre la realidad espiritual interior de cualquier ser humano, ya sea exteriormente masculino o femenino. Por supuesto, esto no significa que el género no sea importante. Tal vez el género puede verse como la diferencia en el flujo de energía formado por nuestros cuerpos físicos: los cuerpos de los hombres dirigen la atención hacia afuera, los cuerpos de las mujeres dirigen la atención hacia adentro. El concepto de que el género está asociado con cómo dirigimos nuestras energías, es ahora una teoría emergente en la investigación científica y en los estudios del autismo.

Dr. Simon Baron-Cohen

Dr. Simon Baron-Cohen

La Revista de Psicología Anómala de la Asociación Americana de Psicología, así como un creciente cuerpo de literatura en trabajo social, informan que los hombres tienden a externalizar la energía emocional y las mujeres tienden a internalizarla. Las condiciones relacionadas con un enfoque interno, como la depresión, son más comunes en las mujeres, y aquellas con un enfoque externo son más comunes en los hombres. Las investigaciones del Dr. Simon Baron-Cohen, un neurólogo británico centrado en el género de la mente y el autismo, describen las condiciones del espectro autista (CEA) con su “teoría del cerebro masculino extremo”.

Las investigaciones del Dr. Baron-Cohen sugieren que los cerebros de los hombres tienden a sistematizar o buscar patrones válidos en el mundo externo, mientras que los cerebros de las mujeres tienden a simpatizar con, o adivinar, las realidades internas de los pensamientos y sentimientos de los demás. Según esta teoría, al cerebro autista se le denomina cerebro masculino extremo, porque sobresale en la sistematización pero se le dificulta la empatía.

Otro aspecto destacable de las investigaciones de Baron-Cohen es su descripción de esta capacidad de sistematización del cerebro autista como búsqueda de la verdad. Dice que la mente autista está bien adaptada para la investigación científica de patrones (algunos de los más grandes científicos de nuestro tiempo tienen características autistas o similares a las del síndrome de asperger). Baron-Cohen sugiere:

“[…] si la ‘verdad’ se define como información de patrones válidos, entonces, de acuerdo con la teoría hipersistemática, las personas con CEA están fuertemente impulsadas a descubrir la ‘verdad’ […] sus dificultades con la empatía son el resultado de una mente que busca la verdad en un dominio (el de las emociones) que no es validable. La verdad de los sentimientos ajenos es en última instancia incognoscible y requiere representar múltiples y diferentes perspectivas sobre la realidad, más que una sola verdad”. – Baron-Cohen, The Quarterly Journal of Experimental Psychology, 2008, 61 (1), 64-75.

Esta investigación parece implicar que la masculinidad nos sintoniza externamente con lo objetivo y la feminidad nos sintoniza internamente con lo subjetivo. La neuróloga de Harvard, la Dra. Martha Herbert, argumenta que el autismo no puede ser entendido como un objeto en sí mismo, sino que el autismo puede entenderse como el desajuste electromagnético del organismo en relación con su entorno. Podemos ver en estos ejemplos modernos, así como en la medicina tradicional china, en la acupuntura, y en una variedad de artes marciales, el concepto de que la enfermedad señala un desequilibrio de energía y la salud un equilibrio de esta.

Dado que el desequilibrio está presente en nuestra cultura, ¿qué significaría avanzar hacia un mayor equilibrio? En el próximo artículo de esta serie, consideraremos cómo cambiar nuestra cultura hacia la salud y el equilibrio.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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