Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Alguien que haya realizado un viaje alguna vez entiende que su viaje a través del mundo físico puede servir como una metáfora de un viaje más espiritual.

Si aceptamos que el reino físico y espiritual y, por consiguiente, nuestra participación en estos, están intrinxecamente conectados, entonces podremos entender la importancia de apreciar cómo estos dos aspectos de la realidad, aparentemente dispares y discordantes, están conectados entre sí en el mundo físico. También, podemos comenzar a apreciar la sabiduría de estar embarcardos en este peregrinaje espiritual en estos cuerpos físicos.

Tal vez, la expresión más clara de los Escritos Bahá’ís sobre el motivo lógico de un sistema de educación como tal se encuentra en este pasaje de ‘Abdul-Bahá:

“La razón de ser de la manifestación del espíritu en el cuerpo es esta: el espíritu humano es un fideicomiso divino cuyo tránsito y evolución por todas las condiciones d ela existencia tiene como fin la adquisición de perfecciones. Así, cuando un hombre viaja metódica y regularmente por una gran variedad de países y regiones, indudablemente ello le permite adquirir perfecciones; verá lugares, escenarios, países, gracias a lo cual se hará cargo de la condición y situación de otras naciones… Otro tanto ocurre cuando el espíritu humano transita a través de las condiciones de la existencia: se transforma en el poseedor de los grados y posiciones. Incluso en la condición del cuerpo seguramente adquirirá perfecciones”-  Contestaciones a algunas preguntas, p. 246.

Pero, ¿cuál es “la manera ordenada y metódica” con la que debemos dirigir nuestro viaje? ¿Qué método específico deberíamos utilizar para conectar nuestra vida física con nuestra evolución espiritual?

El medio por el cual el mundo físico, este mundo inferior y de sombras, se conecta con el mundo espiritual es el proceso metafórico, y para poder comprender esta relación, debemos entender cómo funcionan las metáforas.

La metáfora es uno de muchos recursos analógicos que funcionan de la siguiente manera:

Comparan dos cosas esencialmente disímiles: personas, situaciones, relaciones, abstracciones, objetos materiales, entre otros. Siempre en el sentido comparativo hay una afirmación implícita o explícita de similaridad entre estos aspectos esencialmente diferentes. Pero, a pesar de que el recurso analógico sea una metáfora, un símil, una alegoría, una presunción, o algún otro tipo de figura o tropo, este contiene tres partes básicas: el tenor, o aquello que está siendo descrito; el recurso, o aquello que esté siendo comparado con el tenor; y el significado, o aquella área de similaridad entre el tenor y el recurso.

El término metáfora se usa a menudo para designar un proceso metafórico en general, aunque en un sentido estricto, una metáfora es relativamente corta, es un recurso analógico implícito. A veces, los términos de la figura o imagen también son utilizados en un sentido general, una figura que denota una “figura retórica”  o “recurso retórico”  y una imagen que designa una “imagen figurativa”. Pero, cualquiera sean los términos utilizados, y sin importar si el recurso sea una metáfora de una sola palabra o una parabola elaborada o una alegoría, un proceso especialmente desafiante debe ocurrir para que el recurso pueda funcionar efectivamente. Debe ser creado para hacer reflexionar, si es que se quiere que cumpla con la parte final y más importante del proceso que es el determinar de qué manera el tenor y el recurso son similares, a pesar de sus diferencias esenciales.

Por ejemplo: considera la sencilla metáfora “Jane es una adorable flor”. La ecuación analógica se establece porque el tenor “Jane” es esencialmente diferente del recurso “flor”. Si es que hubiésemos comparado a Jane con Mary, el tenor y el recurso hubiésen sido esencialmente los mismo, ambas siendo mujeres, y no ocurriría analogía alguna.

Una vez que se haya establecido la ecuación, el lector debe ahora resolver la ecuación X, el ingrediente faltante, en este caso, qué es lo que el tenor (Jane) tiene en común con el recurso (la flor). En este sentido, la imagen creativa o imaginativa nos fuerza a nosotros, como lectores y pensadores, a convertirnos en creativos nosotros mismos. Debemos descifrar cuál es la conexión perdida o el eje entre los dos objetos, el factor X, la clave, con el vínculo común que es el “significado” de la oración.

Si la metáfora es muy obvia o trivial, nuestros pensamientos van directamente del tenor al significado, sin examinar el recurso, sin la necesidad de resolver la ecuación para poder decifrar X. Consecuentemente, símiles sobrecargados como “frío como el hielo” o “duro como una piedra” no necesitan una examinación mental porque el recurso no ejerce resistencia. El ejecicio mental se vuelve mínimo. Se ha desarrollado una descripción, pero el recurso no nos ha desafiado a participar en el proceso de creación de una imagen mental fresca y significativa al contribuir con nuestras propias ideas o experiencias.

El valor del proceso metafórico es inmenso debido a que es una vía útil para explicar algo poco familiar en palabras familiares o algo abstracto en términos concretos. También tiene el poder de comprimir mucho significado en pocas palabras. Además, debido a que ofrece un variedad de interpretaciones, puede convertirse en una descripción amplia en vez de una limitada o restrictiva.

Pero, probablemente, la característica más importante del proceso es la habilidad de educarnos. Sus propiedades educativas se basan en el hecho que cuando estamos forzados a examinar el recurso para poder entender el tenor, entonces tenemos que poner en práctica una de nuestras capacidades más importantes, nuestra facultad de pensamiento abstracto y nuestras habilidades de juicio y discernimiento.

La metáfora es el proceso de comparar e identificar una cosa con otra.  Entonces, mientras observamos cuales son las puntos en común, podemos entender el significado general de estos. Ahora, la habilidad de ver la relación entre una cosa y otra es casi una definición de inteligencia.  El pensamiento metafórico… Es una herramienta de inteligencia. Tal vez, la herramienta más importante. -Louis Simpson, Una introducción a la poesía, p. 6.

Cuando intentamos decifrar metáforas e imágenes, además de ejercer nustra capacidad de discernimiento, estamos también extrayendo significado nosotros mismo, en lugar de que se nos proporcione directamente. La interpretación es nuestra. Por lo tanto, el proceso metafórico es indirecto y objetivo, en lugar de ser directo y subjetivo; el escritor no está imponiendo ideas en el lector, sino que está dejando que la ecuación en sí brinde objetivamente un significado.

Otro regalo que nos brinda este recurso de enseñanza es, entonces, que el maestro es en realidad el facilitador de un proceso educativo y no simplemente una fuente de información. En efecto, si es que nosotros, como estudiantes, queremos extraer significado, entonces debemos ejercer nuestra vountad y examinar el tenor y el recurso nosotros mismos. En el momento que somos capaces de extraer el significado por nosotros mismos, entonces ya no sentiremos que nos han dicho qué debemos pensar, en lugar de esto estaríamos agradecidos con el maestro que ha sido creativo para poder concebir una ecuación tal que nos condujo a nuevas y más enriquecedoras formas de entendimiento.

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