Las enseñanzas bahá’ís se centran en la unidad mundial, más que en cualquier otra cosa. La visión de Bahá’u’lláh para el futuro de la humanidad se centra en torno a la unicidad del planeta, la unidad de todos los pueblos y naciones, y una paz global justa y duradera:

Tan potente es la luz de la unidad que puede iluminar toda la tierra. Esforzaos por alcanzar esta trascendente y muy sublime posición, que puede asegurar la protección y seguridad de toda la humanidad. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, páginas. 324-325.

Millones de personas celebran y trabajan diligentemente hacia este ideal convincente, pero algunos cuestionan la meta bahá’í de la unidad mundial como demasiado idealista o potencialmente demasiado totalitaria; demasiado optimista o demasiado radical. Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe Bahá’í y un erudito e historiador educado en Oxford, respondió a esas preguntas cuando expuso la visión bahá’í de la unificación de la humanidad de manera clara, espléndida y concisa en marzo de 1936:

La unidad de la raza humana, tal como es contemplada por Bahá’u’lláh, implica el establecimiento de una mancomunidad mundial en la cual todas las naciones, razas, credos y clases están estrecha y permanentemente unidos, y en la cual la autonomía de sus Estados miembros y la libertad personal y la iniciativa de los individuos que la componen se hallan definitiva y completamente resguardadas.

Esta mancomunidad debe, tal como podemos visualizarla, estar constituida por una legislatura mundial, cuyos miembros, en calidad de fideicomisarios de toda la humanidad controlarán en última instancia, los recursos totales de todas las naciones integrantes, y estatuirán aquellas leyes que fueran requeridas para regular la vida; satisfacer las necesidades y ajustar las relaciones de todas las razas y pueblos.

Un poder ejecutivo mundial, respaldado por una fuerza internacional, llevará a cabo las decisiones a las que se haya arribado, y aplicará las leyes dictadas por esta legislatura mundial y protegerá la unidad de toda la mancomunidad.

Un tribunal mundial aplicará y dictaminará su veredicto obligatorio y final en todas y cada una de las disputas que surjan entre los diversos elementos constituyentes de este sistema universal.

Un mecanismo de intercomunicación mundial será creado, abarcando al planeta entero, libre de las trabas y restricciones nacionales, y funcionando con maravillosa rapidez y perfecta regularidad.

Una metrópolis mundial actuará como el centro nervioso de una civilización mundial, el foco hacia el cual las fuerzas unificadoras de la vida habrán de converger, y desde el cual sus energizantes influencias serán irradiadas.

Un idioma mundial será inventado o escogido de entre los idiomas existentes y enseñado en las escuelas de todas las naciones federadas, como auxiliar del idioma materno.

Bright future aheadUna escritura mundial, una literatura mundial, un sistema monetario y de pesas y medidas uniforme y universal, simplificarán y facilitarán el intercambio y el entendimiento entre las naciones y razas de la humanidad. En una sociedad mundial tal, la ciencia y la religión, las dos fuerzas más potentes de la vida humana, se reconciliarán, cooperarán y se desarrollarán armoniosamente.

La prensa, bajo tal sistema, al mismo tiempo que dará plena libertad a la expresión de los diversificados puntos de vista y las convicciones de la humanidad, cesará de ser perversamente manipulada por intereses creados, ya sean privados o públicos, y será liberada de la influencia de gobiernos y pueblos contendientes.

Los recursos económicos del mundo serán organizados, sus fuentes de materias primas serán explotadas y plenamente utilizadas, sus mercados serán coordinados y desarrollados, y la distribución de sus productos será equitativamente regulada.

Las rivalidades, los odios y las intrigas nacionales cesarán, y la animosidad y el prejuicio raciales serán reemplazados por la amistad, el entendimiento y la cooperación raciales.

Las causas de la contienda religiosa serán definitivamente eliminadas, las barreras y restricciones económicas serán completamente abolidas, y la excesiva distinción entre clases será suprimida.

Pobreza extrema por un lado y exagerada acumulación de bienes por otro, desaparecerán.

La enorme energía disipada y desperdiciada en la guerra, ya sea económica o política, será consagrada a aquellos fines que extiendan el alcance de las invenciones humanas y del desarrollo tecnológico, al incremento de la productividad de la humanidad, al exterminio de las enfermedades, a la extensión de la investigación científica, a la elevación del nivel de salud física, a la agudización y refinamiento del cerebro humano, a la explotación de los inusitados e insospechados recursos del planeta, a la prolongación de la vida humana, y al fomento de cualquier otro arbitrio que pueda estimular la vida intelectual, moral y espiritual de la totalidad de la raza humana. – Shoghi Effendi, El desenvolvimiento de la civilización mundial.

Esta emocionante y poderosa visión de un nuevo orden mundial — caracterizada por la justicia, la paz y la unidad– inspira a los bahá’ís y a sus simpatizantes en todos los países a trabajar hacia el día en que las fuerzas unificadoras de la vida culminen en un mundo lleno de esperanza, felicidad y armonía.

 

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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