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Hace casi un año, un par de amigos y yo decidimos mudarnos a un barrio en uno de los suburbios al norte de Chicago. Se había pensado en este barrio como un lugar en el que se podría iniciar actividades de desarrollo comunitario a un ritmo acelerado: actividades como clases de virtudes para niños, grupos de empoderamiento para adolescentes y círculos de estudio para jóvenes y adultos que les ayuden a ser una fuerza positiva en sus entornos. Estas actividades son parte de un proceso que busca el empoderamiento material y espiritual de las poblaciones; ayudando a individuos, instituciones y comunidades a tomar las riendas de su propio desarrollo de acuerdo a sus respectivas realidades.

Los vecinos de este barrio han estado laborando arduamente contra los males que afectan a su comunidad desde hace mucho tiempo. De entre estos males: la violencia generada por la presencia de pandillas, la discriminación racial, y el consumo de drogas son los que más han afectado a las quienes viven aquí. Sin embargo, a pesar de continuos esfuerzos, los efectos negativos de estos males pueden ser percibidos muy claramente aún. 

Un claro ejemplo de cómo estas fuerzas negativas logran influenciar a quienes viven aquí, especialmente a los jóvenes, es nuestro amigo Alex (se ha elegido un nombre alternativo). Conocimos a Alex hace unos ocho meses y nuestras interacciones con él han pasado por todo tipo de altibajos. Hay días en los que nos encontramos con él o viene a visitarnos a la casa diciendo que le gustaría hacer algo productivo con su tiempo, que le gustaría trabajar o que lo ayudemos con sus tareas. Pero en otras oportunidades, nuestras interacciones son menos que favorables. 

Nuestro último encuentro con Álex es uno que aún no hemos podido olvidar. Llegó a nuestra casa pidiéndonos que le diéramos comida ya que estaba hambriento. Accedimos, pero había algo raro en Alex esta vez, algo que ya habíamos notado en otras ocasiones: estaba drogado. Debido a esto comenzó a actuar de una manera desafiante y grosera. En medio de todo, le pregunté “¿por qué lo haces?” y su respuesta nos dejó muy incómodos: “Esto es lo que alguien como yo tiene que hacer”, “ya sé que en algún momento terminaré en la cárcel como mis familiares, así que no me importa”.

Esa respuesta hizo que nos hagamos muchas preguntas. En primer lugar: ¿por qué piensa que su destino es terminar en la cárcel? ¿Qué o quiénes están influyendo en su forma de pensar y actuar? ¿Qué tipo de expectativas tiene para sí mismo? ¿Cómo le podemos ayudar a construir una visión diferente sobre su futuro? 

Este incidente hizo evidente lo que la Casa Universal de Justicia, el cuerpo administrativo gobernante de la Fe bahá’í, dijo a los jóvenes alrededor del mundo:

“Cada generación de jóvenes se distingue por unas características determinadas, y sus vidas están modeladas por fuerzas especiales”. – Conferencias de juventud, julio-octubre del 2013, pág. 1.

¿Cuales son las fuerzas que están modelando los pensamiento y actitudes de Alex?

Luego la Casa Universal de Justicia añade: 

“Algunas de estas fuerzas, como el amor por la verdad, la sed de conocimiento y la atracción a la belleza, les impulsan en su progreso a lo largo de un sendero de servicio. Otras fuerzas, como por ejemplo el creciente materialismo y el egocentrismo, son destructivas y, al distorsionar la visión que los jóvenes tienen sobre el mundo, impiden el crecimiento individual y colectivo”. – Ibid., pág. 2.

A lo largo de su vida, Alex ha estado expuesto a muchas  de estas fuerzas negativas, directa e indirectamente. 

De manera directa,  ha visto como familiares y amigos, personas en quienes debe confiar y admirar, optan por ser violentos, por abusar de otros y por ocuparse de su propio beneficio a costa de los demás. También, ve como el consumo de drogas no solo se considera algo normal y natural, sino que además es alentado y si alguien no las consume entonces algo está mal con esa persona. 

Indirectamente, es consciente de las expectativas y pensamientos que la sociedad tiene sobre él, debido a su raza y condición social. La sociedad lo ve como alguien que va a causar problemas e, inconscientemente, él está alineando su vida para encajar dentro de esos estereotipos. Haciendo así que las expectativas sobre él se hagan realidad y que esos estereotipos se vean confirmados. 

Para contrastar: pensemos en una sociedad en la que las fuerzas positivas mencionadas por la Casa Universal de Justicia tengan mayor precedencia. Una sociedad en la que todos son conscientes que han sido creados nobles y que tienen un alto destino. Imaginemos una sociedad en la que la cooperación y no la competencia sea la fuerza que motive el desarrollo, ya sea personal, colectivo o incluso tecnológico. ¿Qué tipos de avances se lograrían? ¿Qué tan diferente sería una sociedad en la cual sus miembros son conscientes de que “la veracidad es la base de todas las virtudes humanas”? ¿Qué tan diferente actuarían las personas? 

Sin duda esta sociedad generaría “jóvenes cuya integridad y rectitud no se ven socavadas por la atención en las faltas de los demás y a quienes no paralice ninguna deficiencia propia”. – Mensaje de la Casa Universal de Justicia a los bahá’ís del mundo 08 de febrero 2013.

  Así como también “jóvenes cuya conciencia de los defectos de la sociedad les impulse a trabajar en pos de su transformación, no a distanciarse de ella, jóvenes que se nieguen a toda costa a pasar por alto la desigualdad en sus múltiples encarnaciones y se esfuercen en cambio por que la luz de la justicia derrame su fulgor sobre el mundo entero”. – Mensaje de la Casa Universal de Justicia a los bahá’ís del mundo 08 de febrero 2013.

El contraste entre estas dos realidades es muy notorio y lo que nos queda preguntarnos a nosotros mismos es:  ¿a favor de cuál de estas dos realidades estamos contribuyendo? 

Muchos jóvenes y pre-jóvenes en todas partes del mundo se encuentran en batallas similares a la de Alex, batallas personales que les llevarán a decidir qué tipo de vida desean vivir. Una vida en la que prolongan y contribuyen al sufrimiento de la humanidad o una en la que se vuelven “agentes activos de cambio” y dirigen sus energías y tiempo a su propio desarrollo, así como al de toda la humanidad.

No olvidemos lo que Shoghi Effendi, el guardián de la Fe bahá’í, nos dice en su libro El Advenimiento de la Justicia Divina:

“Todos deben participar, no importa cuán humilde sea su origen, cuán limitada su experiencia, cuán restringidos sus medios, cuán deficiente su educación, cuán apremiante sus inquietudes y preocupaciones, cuán desfavorable el ambiente en que viven.” – pág. 44.  

Y luego añade:

“…el campo es ciertamente tan inmenso, la época tan crítica, la causa tan grande, los trabajadores tan pocos, el tiempo tan escaso, el privilegio tan inapreciable que ningún adherente de la Fe de Bahá’u’lláh que sea merecedor de Su nombre, puede permitirse el lujo de un momento de vacilación”. – Ibid., pág. 45.

Que estas palabras nos hagan reflexionar y que al preguntarnos a favor de qué estamos dirigiendo nuestros esfuerzos, tiempo, energías, recursos, etc., podamos estar satisfechos con la respuesta. Y que el caso de Alex, en vez de hacer que nos lamentemos por nuestras condiciones sociales, nos inspire a contribuir al desarrollo y avance de una sociedad en la que jóvenes como él no sean influenciados tan fácilmente por las fuerzas negativas que los rodean. 

1 Comment

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  • Aida Cerpa
    Jun 29, 2019
    Excelente! Bien Daniel! Saludos desde Lima.