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Sinceramente pude sentir la alegría de mi esposo mientras lo veía partir hacia los mundos espirituales.

Mi esposo Peter había sufrido de mala salud durante tanto tiempo, lo cual le ocasionaba mucho dolor, perjuicios y traumas intergeneracionales, así que, ¿cómo podría no estar feliz por él?

Su muerte me ayudó a comprender que tenía que continuar el trabajo que habíamos estado haciendo juntos de ayudar a la gente de Lakota, para que yo también pudiera cumplir el propósito de mi alma antes de dejar este mundo. Tengo mucho trabajo por hacer y sigo haciéndolo, paso a paso.

Sentí estos intensos sentimientos por un poco más de seis meses después de que Peter falleciera, y luego, ay, cómo de repente me golpeó el dolor.

Yo amaba a ese hombre tan profundamente. Mi hogar era él. Mi paz era él, y simplemente disfrutaba estar con él. Me hacía reír, y siempre se esforzaba de más. Así que seis meses después de su muerte, cuando menos lo esperaba, un dolor abrumador me cubrió durante un par de semanas. Cada día se hacía más difícil levantarse de la cama, hasta que un día comencé a preguntarme si de verdad sería posible seguir adelante. La tristeza de mi corazón era demasiado grande.

Cuando sentimos este tipo de dolor profundo, es difícil superarlo, y a menudo queremos quedarnos atrapados en aquella tristeza. Es extrañamente reconfortante. Afortunadamente, en medio de mi profunda pena recordé una cita de las enseñanzas bahá’ís, que habla de la carga que nuestra tristeza y pena pueden causar a nuestros seres queridos en el próximo mundo. Esta cita me ayudó a intentar abrirme paso a través de toda aquella tristeza:

… [él] no ha sido perdido, sino que, más bien, ha pasado de éste a otro mundo, y que lo encontrará en el dominio divino. Esa reunión será para la eternidad, mientras que en este mundo la separación es inevitable y causa un ardiente dolor… Por tanto, no te acongojes, no languidezcas, no suspires, no te quejes, no llores; pues la agitación y el duelo afectan profundamente a su alma en el dominio divino. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág.202-203.

Como mencioné en el ensayo anterior, mi esposo Peter, un curandero lakota de la generación 38, tenía una gran conexión con el mundo espiritual. Y, aun cuando lo que estoy a punto de compartir pueda parecer excesivamente místico o “cu-cu”, lo prometo, es una historia real.

El día más terrible de mi dolor apenas pude salir de la cama. Recibí un correo electrónico de una mujer de Gales que Peter había ayudado. Ella escribió: “En mis oraciones y meditaciones de esta mañana, puedo ver a Peter animándome a contactarte. También veo plumas que se sienten muy reconfortantes”. El nombre de Peter en Lakota era Zintkala Oyate, que significa Gente de aves. Más tarde llamó, pero estaba tan mal que no pude contestar el teléfono.

Luego, mientras leía un libro, tratando de esquivar mi dolor y esforzándome por escapar, recibí una llamada de una querida amiga que había conocido a Peter durante mucho tiempo. Ella había asistido a la Danza del Sol durante años y había completado con Peter cuatro años de ayuno de pipa, el ayuno y búsqueda espiritual Lakota de cuatro días. Esta amiga había tomado un curso para brindar consejería de duelo, y me dijo que había estado pensando en mí y sentía que Peter quería que me llamara y me brindara algo de ayuda. Debido a que ella tenía una conexión espiritual tan profunda con Peter, combinada con sus propios dones, pudimos hablar un poco sobre mi dolor, y finalmente comencé a sentir un poco de alivio de aquel tan pesado dolor.

Tan pronto como nuestra conversación terminó, recibí un mensaje personal en Facebook de un experimentado cantante, Howard Little Hawk, durante nuestra Danza del Sol. Me dijo: “Buenas noches, Cindy … tuve el sueño más humilde hoy… tú, Peter, Andy y yo estábamos sentados en la colina detrás de la cabaña de troncos y la Danza del Sol iba muy bien… todos estábamos vestidos con ropa de cuero… sentados juntos bajo la sombra… Peter estaba feliz por todo… él nos dijo a mí y a Andy que fuéramos a buscar la pipa y se la trajera para poder fumarla contigo… la música era hermosa… habían muchos bailarines y gente ahí… ohhh, me desperté cantando una oración… era tan real Cindy… puedo oler la tierra y el traje de cuero en mi habitación “.

Con estos tres poderosos sueños y mensajes que ocurrieron el mismo día, sentí que mi dolor comenzó a disiparse.

Llámeme loca, y sé que esto puede parecer difícil de creer, pero realmente si todos los mundos de Dios son uno, entonces debemos dejar de creer en esta separación física temporal. No puedo comenzar a describirles cuánta alegría sentí nuevamente dentro de mí. Yo sabía que mi marido, Peter, había fumado la pipa por mí, para que se llevara mi tristeza y me ayudara a centrarme en su felicidad. Mientras estaba sentada allí, llorando lágrimas de alegría, pensé en otro de los escritos de Bahá’u’lláh sobre la muerte:

¡Oh hijo de la justicia! ¿Dónde puede ir un amante si no es a la tierra de su amada? ¿Y qué buscador encuentra descanso lejos del deseo de su corazón? Para el verdadero amante la reunión es vida y la separación es muerte. Su pecho está desprovisto de paciencia y su corazón no está en paz. Renunciaría a una miríada de vidas por apresurarse a la morada de su amada.- Las Palabras Ocultas, pág. 15.

Por supuesto, a lo largo de todo nuestro matrimonio, mi esposo sintió esta separación y anhelaba regresar con su Amado. Estaba sintiendo lástima por mí misma y solo pensaba en mí y lo mucho que lo echaba de menos. Pero a través de los inspirados sueños, pensamientos y oraciones de mis seres queridos, mi esposo me recordó que me concentrara en su alegría y en la mía. Hoy, estoy esforzándome por honrar la tristeza y el dolor cuando una ola me golpea, pero más que eso, vuelvo a concentrarme en su alegría y sé que debo continuar con mi trabajo de cumplir el propósito de mi alma, para que, cuando yo vuele, pueda sentir la alegría y la libertad que él ahora siente.

Un último pensamiento: los escritos bahá’ís comparan este mundo físico con el “vientre” del mundo espiritual. Así como un niño en el vientre de la madre desarrolla todos los atributos físicos que necesitará en este mundo físico, así también nosotros desarrollamos aquí los atributos necesarios para el mundo espiritual: cualidades de amor, fortaleza, paciencia, firmeza, generosidad, valor, etc. En la muerte, a medida que uno pasa por ese “canal de nacimiento” hacia el mundo espiritual real, esas cualidades espirituales nos darán todo lo que necesitamos. Piense en lo cerca que se siente una madre con respecto a ese niño en su vientre a medida que se desarrolla. Tengo que creer que así de cerca están esas almas en el mundo espiritual. El amor vive para siempre. Siento que mi marido está tan cerca como aquel mundo maravilloso al que ha volado:

Tú eres Mi Dominio y Mi Dominio no perece, ¿por qué temes perecer? Tú eres Mi Luz y Mi Luz no se extinguirá jamás, ¿por qué temes la extinción? Tú eres Mi Gloria y Mi Gloria no se disipa, tú eres Mi Manto y Mi Manto no se gastará nunca. – Ibid., pág.4.

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