Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Cuando piensas en un buen amigo, ¿en qué piensas? ¿Una persona que es honesta? ¿Digno de confianza? ¿Humilde?

La mayoría de las personas diría que las tres son cualidades de un amigo ideal. Pero a pesar de mantener estas cualidades en tan alta estima, nuestra cultura más amplia a menudo promueve comportamientos que están en marcado contraste.

En un esfuerzo por mejorar, mientras escribía mi larga lista de resoluciones de Año Nuevo, anoté que “renovaría mi enfoque de no hablar de otras personas a sus espaldas”. Ahora, para mí, estas listas siempre son muy divertidas de escribir. Soy fanática de las listas, y cuando esta se centra en encontrar formas de mejorar la salud emocional y espiritual, mi entusiasmo se duplica.

Pero me he dado cuenta de que mis listas a menudo son similares: repiten y reformulan las mismas cosas y no siempre llevan a la acción. Así que he decidido que para este problema de la murmuración, podría ser útil comprender cómo y por qué es tan difícil abandonar este hábito.

“…la murmuración apaga la luz del corazón y extingue la vida del alma”. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 139.

Al reflexionar sobre este pasaje de los escritos bahá’ís, siento más urgencia por comprender mejor las causas fundamentales y las posibles respuestas sobre qué es lo que subyace a este hábito.

Cultura de celebridades y murmuración

Parece que todos poseen un deseo natural de adorar, pero muchas personas se han alejado de la adoración religiosa, marcada por la forma en que una comunidad religiosa los trató o cómo han visto a las comunidades religiosas tratar a los demás. Naturalmente, a medida que la gente ve el texto religioso distorsionado por la fragilidad humana, entonces son rechazados. Algunos se sienten incapaces de adorar un poder superior en absoluto.

Esta realidad, combinada con el materialismo y otros factores, ha hecho florecer la cultura de las celebridades. Naturalmente, queremos adorar a algo, tener ejemplos de cómo debemos tratar de ser, tener esquemas de los objetivos que debemos establecer. Y si bien no son ideales, las celebridades pueden parecer satisfacer todas esas necesidades. Cuando los vemos, a menudo confundimos su fama con amor, talento por superioridad y comodidad financiera por felicidad.

¿Cómo se relaciona esto con la murmuración? Bueno, para que podamos seguir o adorar a las celebridades, solemos hablar de ellas. Hablamos de ellos con nuestros amigos, en nuestros medios de noticias, en Twitter, Instagram y Facebook. Y parece que no es suficiente. Ya sea criticando o alabando, gastamos grandes cantidades de energía siguiendo los movimientos de otros.

Esta cultura se escapa del mundo de los medios de comunicación y se impregna en nuestra vida cotidiana. La cultura de las celebridades se ha vuelto tan frecuente que incluso ponemos a personas que no son celebridades en pedestales en lugares de trabajo, espacios religiosos, escuelas y redes sociales.

Cultura de la acusación

Junto con las formas en que la cultura de las celebridades florece en las redes sociales, también prosperan otras culturas que contribuyen inadvertidamente a su omnipresencia.

En el ámbito de la justicia social, las personas están encendidas con una pasión por difundir la conciencia sobre aquellas injusticias que, con demasiada frecuencia, pasan por alto. Queremos encontrar formas eficientes de liberar nuestros dolorosos reclamos frente al racismo, la cultura de violación, la masculinidad tóxica y otras formas de opresión.Y a menudo decidimos gritar a la cara del problema.

Como ya tenemos conciencia de personas de alto perfil, estamos más atentos a sus errores. Esto no es para menospreciar las equivocaciones de muchas celebridades, muchas de ellas han perjudicado u oprimido gravemente a diversas personas, pero ¿en qué momento el acusarlas se convierte simplemente en chisme?

¿Existe alguna manera de abordar las malas acciones de otros por el bien de la justicia y luego seguir adelante? ¿Qué ocurre luego de la ‘acusación’? A veces nos vemos atrapados en exponer la cara a los problemas que olvidamos la cantidad de energía, esfuerzo y pensamiento que se necesita para crear soluciones que aborden sus raíces.

También nos dejamos atrapar, una vez más, para centrarnos en lo que hacen los demás y luego hablar de ello hasta que nos pongamos azules. Si bien la sensibilización es sin duda crucial para desenterrar las partes podridas de nuestra sociedad, también tenemos que encontrar formas de responder con eficacia y no solo rápidamente a lo que está mal.

Amistades basadas en chismes

Al igual que muchas relaciones, la forma en que iniciamos nuestras amistades puede establecer el tono para lo que sigue. En un esfuerzo por lograr un mayor nivel de intimidad emocional con un nuevo amigo, nos abrimos. Y a veces nos unimos por nuestra molestia con un compañero de trabajo, supervisor o conocido mutuo.

Más adelante en la amistad, nos enfrentamos a nuevas luchas y recurrimos a mecanismos de ayuda como el “desahogo”. La mayoría de nosotros probablemente estamos familiarizados con esta forma de lidiar con el estrés. Soy asistente social y, naturalmente, soy una gran fanática de abordar cómo se siente la gente y reconocer los detalles de lo que está causando sus sentimientos, pero me he dado cuenta de que en mi propio mecanismo de “desahogo”, la conversación a menudo se transforma en un juicio mezquino.

Aparte de convertirse en una distracción del trabajo productivo real, como decidir los próximos pasos en una situación estresante, desahogarse lleva a alguien a un lugar de comparación. Cuando hablamos mal de alguien más, el centro tácito de nuestra declaración suele ser algo así como “y no soy nada de eso” o “soy mucho mejor que eso” porque, de lo contrario, ¿por qué sentiríamos que podemos juzgar? Esto hace que seamos incluso menos conscientes de nuestros propios defectos y más conscientes de los de los demás. Y naturalmente, somos menos capaces de crecer.

Uno debe ver en todo ser humano sólo aquello que sea digno de alabanza. Cuando se procede así, se puede ser amigo de toda la raza humana. Sin embargo, si miramos a la gente desde el punto de vista de sus faltas, entonces ser amigo de ellos resulta una tarea tremenda… Así que al dirigir la mirada hacia otras personas, nos incumbe ver en qué destacan, no en qué fallan. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 128.

¿Y ahora qué?

Estos son solo algunos pasos prácticos que creo que podrían ser útiles en mi propio proceso:

  1. Reconozca cuándo una conversación se dirige hacia elogiar o criticar a alguien que conocemos (o no) bien y luego desvíe la conversación si es así.
  2. Todavía hable sobre la injusticia social, pero trate de ver qué se debe hacer y evite un enfoque limitado en lo que otros han hecho.
  3. Recuerde y reconozca verbalmente que incluso las personas más problemáticas son, en parte, fruto de un problema más amplio dentro de nuestra sociedad. Eliminar el énfasis de las equivocaciones individuales nos permite emplear soluciones más efectivas.
  4. Descubrir en mis conversaciones con amigos y familiares sobre lo que me estresa y tratar de no hablar de los demás de manera crítica. Aunque puede ser un cambio difícil en el comportamiento y el pensamiento, es posible solicitar apoyo y asesoramiento sin caer en el hecho de juzgar a otros.

“No debe nunca tratar de enaltecerse por encima de nadie, debe borrar de la tabla de su corazón toda huella de orgullo y vanagloria, debe asirse a la paciencia y resignación, guardar silencio y abstenerse de la conversación ociosa”. – Bahá’u’lláh, El libro de la Certeza, pág. 126.

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