Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

¿Qué tan importante es demostrar empatía hacia movimientos sociales en las redes? Y, ¿cómo realmente demostramos nuestro apoyo en la práctica?

Muchos estamos luchando por muchas causas nobles, manifestándonos para visibilizar la discriminación y la falta de solidaridad: movimientos en contra del racismo como #BlackLivesMatter, de la desigualdad entre el hombre y la mujer como #MeToo y #NiUnaMenos, de los extremos de riqueza y pobreza, de la violencia en todas sus formas, de la incitación al odio hacia grupos minoritarios, entre muchos otros. Todos son importantes y necesarios para el progreso de nuestra sociedad hacia una civilización unida en diversidad: una única nación cuyos ciudadanos sean la humanidad entera.

Ahora bien, para poder acelerar el progreso, se necesita del apoyo y de la acción de todos. Puede parecer que no nos concierne directamente, pero el bien de la humanidad está en manos de aquellos que, casualmente, no toman acción, dejando grupos discriminados a merced de una gobernanza injusta y carente de empatía. Tal vez esta pasividad provenga de la falta de información y educación, o simplemente de la comodidad causada por una posición de privilegio. Debemos buscar romper con tal pasividad, informarnos y educarnos para poder tomar nuestro lugar y defender aquellas causas nobles que ayudan al avance de nuestra civilización hacia una más consciente y justa.

Podemos contribuir a desarrollar justicia en el mundo con nuestras propias manos, al realizar actos bondadosos de servicio por los demás – por muy pequeños o insignificantes que parezcan – y ofrecer la ayuda necesaria para que todos gocen de una vida dichosa y libre de opresión.

Los escritos bahá’ís nos dicen: “(…) Sed bondadosos con todos los pueblos; cuidad a todas las personas; haced todo cuanto podáis por purificar los corazones y las mentes de los hombres; esforzaos por llevar alegría a todas las almas. Sed una lluvia de gracia para cada prado; para cada árbol, el agua de vida; sed como perfumado almizcle para los sentidos de la humanidad, y una fresca, reparadora brisa para el doliente. Sed placenteras aguas para todos los sedientos, un guía cuidadoso para todos aquellos que han perdido el camino; sed un padre y una madre para el huérfano; sed hijas e hijos cariñosos para los ancianos; sed un tesoro abundante para los pobres (…)”. – El Divino Arte de Vivir, págs. 209-210

¡Qué potente y qué gran mensaje! Las causas que tienen como objetivo abolir cualquier tipo de discriminación y de incitación al odio han de ser defendidas a capa y espada. Y en hechos, no sólo en palabras: (…) que las acciones, y no las palabras, sean vuestro adorno (…)” – Bahá’u’lláh. Lo esencial es nuestra actitud solidaria y empática, sin tener en cuenta la etnia, ni la religión, ni la orientación sexual, ni la clase social, ni la ideología de cada persona que nos encontremos en el recorrido de la vida. En vez de buscar debatir las perspectivas de personas diferentes a nosotros, podemos aprender de sus experiencias e investigar más sobre el tema, preguntándonos ¿nos lleva esto a una sociedad más igualitaria? Y si es así, ¿cómo puedo ayudar?

De esta forma, podremos verdaderamente defender todas las causas loables y que van a favor de la dignidad e integridad del ser humano. Y es necesaria tanto en conversaciones calmadas, como en momentos cuando personas oprimidas expresan su dolor y rabia por las injusticias del mundo. ‘Abdú’l-Bahá, el hijo de Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la fe bahá’í, dice al respecto: “(…) los amados de Dios deben asociarse en afectuosa camaradería con extraños y amigos por igual, demostrando a todos la mayor bondad (…) sin preguntarse nunca si merecen ser amados (…)”. – Libres como el viento, pág. 47.

Solo mediante dicha camaradería sincera y desinteresada, la defensa de todas las causas justas del mundo podrá ser factible. Y esta defensa se traduce en justicia, una justicia justa (valga la redundancia).

Asimismo, los actos de servicio hacia la humanidad reflejan un acto de defensa general, ofreciendo los recursos necesarios para la prosperidad, la equidad y los principios morales. El servicio y la defensa de los derechos humanos van de la mano, con unos cimientos fuertes e imprescindibles para la edificación de una sociedad que preserve los derechos, la integridad y la dignidad de todos como son el respeto al prójimo y el diálogo. Como dice ‘Abdu’l-Bahá, “Aquel que expresa una opinión no debería decir que es correcta y justa, sino presentarla como una contribución al consenso de opiniones, pues la luz de la realidad se hace aparente cuando coinciden dos opiniones (…)”. – La Promulgación a la Paz Universal, pág. 72.

Abdu’l-Bahá también aclaró que hemos llegado a un momento crítico en nuestra historia. “Los medios de comunicación se han multiplicado, y los cinco continentes de la tierra virtualmente se han convertido en uno solo. Y para todos es ahora fácil viajar a cualquier país, asociarse e intercambiar puntos de vista con sus pueblos y familiarizarse a través de las publicaciones con las condiciones, las creencias religiosas y los pensamientos de todos los hombres. (…) En consecuencia, la unidad de toda la humanidad puede ser alcanzada (…)”. El Divino Arte de Vivir, pág. 197

Ciertamente, estamos en un punto crítico, en el que no podemos apartar nuestra mirada de lo evidente: la sociedad universal necesita un cambio interno, profundo y radical. Debemos replantearnos los valores éticos y morales del mundo actual, y trabajar por la unidad de todas las naciones, de todos los partidos políticos, de todas las religiones, de todas las personas en el plano individual y colectivo.

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