Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

En la iconografía de Lakota, el Kapemni, tiene la forma de un tipi al revés encima de un tipi en posición normal, con la parte superior tocándose, representa la reflexión interna: “como es arriba, es abajo”.

En esta perspectiva, el mundo físico en la Tierra refleja los cielos de arriba: el mundo material refleja el mundo espiritual.

Podemos encontrar aquella sabiduría antigua en diversos lugares: en muchas culturas indígenas, en la ciencia (el macrocosmos refleja el microcosmos) e incluso en la Oración del Señor: “Venga a nosotros tu reino, Hágase tu voluntad tanto en la tierra, como en el cielo“. – Mateo 6:10.

Las enseñanzas bahá’ís tienen un análogo:

…lo exterior es la expresión de lo interior… La tierra es el espejo del Reino; el mundo material se corresponde con el mundo espiritual. – Abdu’l-Bahá, Contestación a unas preguntas, pág. 341.

Entiendo el Kapemni como un símbolo de unidad: la unidad de Dios reflejada en la unidad de la humanidad, la luz de Dios reflejada en nuestra capacidad como humanos para reflejar la esencia de Dios.

Cada uno de nosotros tiene esta capacidad. Lo demostramos a través de actos de bondad, de paciencia, al trabajar por la justicia, momentos de compasión y expresiones de gratitud. Al reconocer esta capacidad y buscar la luz de Dios en los demás, podemos alcanzar la unidad y dejar de vernos como nosotros y “ellos”.

Es mas fácil decirlo que hacerlo. ¿verdad? ¿Qué más es necesario para crear una conexión con nuestros vecinos? ¿Con nuestros colegas? ¿Con el extraño en el metro? ¿Con la persona al otro lado de un muro ideológico? ¿Cómo superamos los prejuicios que socavan la unidad, aquellos prejuicios enraizados en la sospecha, el distanciamiento y el miedo?

Una adolescente llamada Emma Zurcher-Long, desafiando los juicios sociales sobre el autismo, dijo: “Mostrar bondad hacia aquellos que son diferentes y abrazar nuestras imperfecciones como prueba de nuestra humanidad es el remedio para el miedo”.

Por lo tanto, me gustaría sugerir un proceso simple de cinco pasos para superar nuestros temores perjudiciales, que todos tenemos, ya sea que seamos conscientes de ellos o no:

Paso 1: Identificar y reconocer nuestros miedos y prejuicios implícitos

Paso 2: Ir más allá de nuestras zonas de confort y experimentemos aquello que tememos o que desconocemos.

Paso 3: Haga preguntas (respetuosamente) y escuche, y siga escuchando.

Paso 4: Abramos nuestros corazones y mostremos amabilidad

Paso 5: Conectémonos

Me mudé a la ciudad de Nueva York hace ocho años y a lo largo de los años y de todas las conversaciones, llegué a comprender y experimentar que, a pesar de ser una ciudad muy poblada y diversa, esta podría estar muy aislada y segregada.

La hazaña psicológica de viajar de un municipio a otro para ir a visitar amigos es inimaginable para muchos. En la mayoría de los vecindarios, no es raro que uno nunca haya hablado con sus vecinos. Desde el bajo Manhattan hasta Harlem y Meat Packing hasta Far Rockaway, la apariencia, raza y vestimenta de los pasajeros en el metro cambia drásticamente.

A pesar de la diversidad en los cinco distritos, los aproximadamente 112,000 indios americanos y nativos de Alaska que viven en la ciudad de Nueva York, la población más grande de cualquier área urbana en los Estados Unidos, permanecen mayormente invisibles. Tomando un interés particular en los pueblos indígenas en mi propia ciudad y motivada por los escritos bahá’ís, decidí tomar medidas activas para conectarme con otros:

Vosotros debéis dar gran importancia a la enseñanza de los indígenas, eso es, a los aborígenes de América… si estos aborígenes fuesen educados y obtuviesen guía, llegarían a ser tan iluminados que a su vez podrían derramar luz sobre todas las regiones. – Abdu’l-Bahá, Las tablas del plan divino, pág. 11.

Lo primero que debía hacer era reconocer mi propia ignorancia, abrirme al aprendizaje y desarrollar amistades, reconociendo que sería un proceso a largo plazo. Así que tomé un taller de trabajo con perlas iroquesas en la casa de la comunidad de indios americanos y me inscribí en un curso del Instituto Wilmette sobre “Perspectivas indígenas sobre lo sagrado”.

Inicialmente, el curso nos pidió que tomáramos la prueba de prejuicios implícitos de la Universidad de Harvard. ¡Qué herramienta tan increíble, con una aplicación tan amplia! (Lo puedes encontrar aquí:   https://implicit.harvard.edu/implicit/takeatest.html)

Los resultados de la prueba me mostraron que hemos sido condicionados a temer lo que es diferente a través de medios de comunicación sesgados y traumas heredados, etc. Esos prejuicios implícitos pueden corroer nuestros corazones. Pero cuando logro ser consciente de esos temores y prejuicios, suceden dos cosas. Primero, puedo controlarme a mí mismo: cada pensamiento, cada acción. Puedo preguntarme conscientemente, ¿de dónde viene este sentimiento? Entonces, puedo darme la oportunidad de elegir: actuar a partir del amor en lugar del miedo.

En segundo lugar, reconocer cualquier prejuicio implícito que pueda tener me permite moverme más allá de mi zona de confort en busca de la verdad, de modo que mi realidad pueda ser moldeada por mi experiencia de la realidad en lugar de una percepción distorsionada de ella.

En un esfuerzo continuo por conectarme y convertirme en una aliada, asistí a los Pow Wows de los nativos americanos en la ciudad, incluido el primer Pow Wow de las Naciones Lenape Unidas, una reunión importante del pueblo de la diáspora Lenape por primera vez desde que fueron forzados a desplazarse al norte a Canadá y al sur de Oklahoma en la década de 1700. La experiencia fue abrumadoramente emocionante, incluido el baile que pintaba formas y colores en el aire al ritmo de los tambores, que representaba el latido del corazón de la Madre Tierra que nos conecta a todos. El canto dio alas a la oración y soltó un río de lágrimas por mis mejillas al recordar las historias de las escuelas residenciales, el Long Walk, las profundas heridas generacionales que se han infligido a un pueblo tan hermoso.

Mientras buscamos unidad, debemos abrir los ojos a la luz de Dios en todas las personas. Debemos abrir nuestros corazones, librarlos de las cadenas del prejuicio y escuchar, escuchar con seriedad y humildad. A veces, esto significa dejar entrar el dolor de otra persona, sentirlo y comprenderlo, así, tomados de la mano, podemos tomar medidas para curarlo.

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