Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Dedicamos mucho tiempo aquí en BahaiTeachings.org al principio básico bahá’í de armonía entre la ciencia y la religión, pero ¿tiene la ciencia todas las respuestas? Difícilmente.

Cada científico responsable admite pronta y humildemente que la ciencia en sí misma no tiene las respuestas para muchas de las preguntas humanas más importantes. Sin embargo, nuestra era altamente científica nos tienta a pensar lo contrario – que la ciencia puede o algún día proporcionará todas las respuestas a las grandes preguntas de la vida.

Sí, la ciencia y la tecnología parecen resolver muchos de nuestros problemas, o al menos ofrecen posibles soluciones futuras. Tal vez por eso algunas personas han convertido la ciencia en su cuasi religión, viéndola más como un sistema de creencias, en lugar de una metodología destinada a encontrar formas de entender el mundo natural. Sin embargo, la ciencia constituiría un sistema de creencias muy pobre, ya que es el escepticismo el que impulsa a la ciencia. La ciencia nos pide que suspendamos cualquier juicio final o creencia firme, porque sus conclusiones siempre están sujetas a ser revisadas por los nuevos descubrimientos.

Así que al pensar en las grandes preguntas que la ciencia no puede responder, he compilado una lista extraída no sólo de mi propia curiosidad e investigación, sino también de los escritos de varios científicos, filósofos y pensadores prominentes. En esta serie de ensayos, vamos a explorar esas preguntas, y ver si podemos encontrar respuestas en las enseñanzas bahá’ís, respuestas que han eludido a la ciencia hasta ahora.

Desde el principio, me di cuenta de que este tipo de preguntas encajan en dos categorías distintas: las preguntas que la ciencia no puede responder, y las que la ciencia simplemente no ha respondido todavía. La ciencia es una herramienta poderosa, y desde 1833, cuando la palabra “científico” fue acuñada por primera vez, muchas personas han dudado de su capacidad para descubrir los más profundos secretos y verdades del universo material. En su mayor parte, esas personas se han equivocado.

La ciencia, por ejemplo, aceptó en su momento la teoría de la eugenesia, la ahora completamente desacreditada idea del “racismo científico”, una teoría de que la humanidad consiste en razas superiores o inferiores físicamente distintas. Popular no sólo entre los científicos sino también entre los líderes gubernamentales y los filósofos en un momento dado, condujo a la llamada “solución final” del nazismo y a otras atrocidades genocidas. Los campos de la genética evolutiva humana y la antropología contemporánea no sólo han probado que la eugenesia es completamente falsa, sino que han proporcionado un enorme conjunto de pruebas científicas de la unidad genética de todos los grupos raciales.

En la astronomía, por supuesto, hemos pasado de la creencia de que la Tierra funcionaba como el centro del universo conocido al modelo heliocéntrico y luego a la creciente comprensión de que nuestro pequeño planeta azul no tiene absolutamente ninguna pretensión de singularidad o unicidad. En otro caso famoso, Albert Einstein, quien originalmente creía en un universo estático y escribió documentos científicos intentando probar su argumento, tuvo que ser convencido de que el universo en realidad se estaba expandiendo por el científico Edwin Hubble. Einstein llamó a su teoría inicial “el mayor error garrafal” de toda su carrera científica.

A pesar de su historial de conclusiones incorrectas, la ciencia domina el pensamiento moderno – como debería ser. Hemos construido una civilización y un cuerpo de conocimientos sin precedentes, y debemos mucho de eso a los avances realizados posiblemente por la ciencia. De hecho, el principio bahá’í de armonía entre la ciencia y la religión en realidad privilegia la ciencia sobre la fe ciega, el dogma y la tradición religiosa:

No existe contradicción entre la verdadera religión y la ciencia. Cuando una religión se opone a la ciencia, se con – vierte en mera superstición: aquello que es contrario al conocimiento, es ignorancia.

¿Cómo puede un individuo dar crédito a un hecho que la ciencia ha demostrado que es imposible? Si él cree a despecho de su propia razón, es más bien ignorante superstición que fe. Los verdaderos principios de todas las religiones están en conformidad con las enseñanzas de la ciencia. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 170.

… e la religión y la ciencia están en completo acuerdo. Toda religión que no está de acuerdo con la ciencia establecida es superstición. La religión debe ser razonable. Si no cuadra con la razón, es superstición y no tiene fundamento. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 83.

En línea encontrarás literalmente cientos de preguntas que la ciencia aún no ha respondido – ¿qué es la energía oscura? , ¿por qué ronronean los gatos?, ¿cómo funciona realmente la gravedad?, ¿por qué las bicicletas se mantienen erguidas?, ¿cuánto tiempo vive un protón?, etc., etc. Revisándolas, traté de separar las preguntas “aún sin respuesta” sobre la existencia material de las preguntas más grandes – las que la ciencia probablemente nunca responderá, porque la naturaleza de la pregunta en sí va más allá de los límites de la investigación científica. Esta lista, entonces, intenta separar lo puramente físico de lo metafísico o lo espiritual, y se centra en las preguntas más grandes:

1. ¿Por qué estoy aquí?

2. ¿Tengo alma?

3. ¿Cuál es mi propósito?

4. ¿Tiene el universo un principio?

5. ¿Tiene el universo límites?

6. ¿Por qué hay algo en lugar de nada?

7. ¿Existe Dios?

8. ¿Necesita la humanidad de la religión?

9. ¿Cómo debo vivir?

Así que vamos a examinar estas profundas preguntas una por una en esta serie de ensayos, y decidir si podemos descubrir el “completo acuerdo” entre la religión y la ciencia que las enseñanzas bahá’ís prometen.

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