Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Las enseñanzas bahá’ís describen a la humanidad como una sola familia humana:

Dejemos los argumentos discordantes que se refieren a las formas exteriores, y reunámonos para apresurar el establecimiento de la Divina Causa de la unidad, hasta que toda la humanidad se considere a sí misma como una sola familia, unidos todos en el amor. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría a la paz universal, pág. 156.

Lamentablemente, nuestra historia humana, costumbres, culturas y prácticas no suelen reforzar este noble objetivo – o el concepto científicamente probado de que la humanidad es una familia y que los humanos son genéticamente iguales en un 99,9%.

Ninguna fuerza creada por el hombre podría crear y mantener aquella consciencia: que los seres humanos constituyen una comunidad global y que nuestros destinos están entrelazados. Las enseñanzas bahá’ís dicen que solo un despertar espiritual generalizado y la maduración de la conciencia humana derivada de esta puede hacer que esa comprensión universal ocurra:

Es evidente que la unidad del mundo de la humanidad y la Más Grande Paz no se lograrán a través de medios materiales. No pueden ser establecidas mediante el poder político, pues los intereses políticos de las naciones son diversos y los cursos de acción de los pueblos son divergentes y conflictivos. No pueden ser fundamentados a través del poder nacional o racial, pues éstos son poderes humanos débiles y egoístas. La propia naturaleza de las diferencias raciales y los prejuicios nacionalistas impiden la realización de esta unidad y del acuerdo.

Por tanto, es evidente que la promoción de la unidad del reino de la humanidad, la cual es la esencia de las enseñanzas de las Manifestaciones de Dios, es imposible, salvo a través del poder divino y los hálitos del Espíritu Santo.  – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 35.

Pero trágicamente, a pesar de todos los avances tecnológicos que ha hecho la humanidad, el color de la piel de una persona todavía la pone en riesgo de brutalidad, injusticia, discriminación económica y social, disparidades en la atención médica y más. Como seres humanos ponemos tan poca fe en nuestro bienestar espiritual, mientras que los profetas de todas las religiones nos han aconsejado lo contrario:

Las santas Manifestaciones de Dios vinieron a este mundo para disipar la oscuridad del animal o naturaleza física del hombre, para purificarlo de sus imperfecciones y que su naturaleza celestial y espiritual pueda ser vivificada, para que despierten sus cualidades divinas, sus perfecciones sean visibles, sus poderes potenciales revelados y puedan nacer todas las virtudes del mundo de la humanidad latentes en él. – Ibid., pág. 452.

Personalmente, estas virtudes y potencialidades humanas, descritas en la Biblia, el Corán y los escritos bahá’ís, “me hacen seguir adelante” como decía mi abuela.

Estudiar y meditar sobre los mejores textos acerca de estos temas ayuda a elevar mi espíritu, como mujer de ascendencia africana, durante estos tiempos peligrosos. Leer libros como El advenimiento de la justicia divina de Shoghi Effendi y La fragilidad blanca de Robin DiAngelo me da esperanza. Creo que a medida que más y más personas blancas se eduquen de verdad sobre lo que El advenimiento de la justicia divina llama su “sentido de superioridad inherente e inconsciente”, entonces todos seremos testigos de un mayor impulso por cambiar la sociedad, de diversas iniciativas individuales hacia la creación de una sociedad verdaderamente justa y diversa. Por eso estos libros me elevan espiritualmente, me ayudan a creer que todo ser humano tiene un propósito, una chispa de lo divino y una capacidad infinita de ser, como dice Isaías 63:3 en la Biblia, “la corona de la creación”, que podemos lograr mediante el conocimiento y la educación.

En esta vida, nuestro trabajo como seres humanos implica aprender y demostrar, de palabra y de obra, que somos dignos de esta corona – en la forma en que nos tratemos unos a otros, en la forma en que tratemos a todos con respeto, dignidad y tolerancia; y en la forma en que sigamos siendo conscientes de que, durante esta breve existencia, nuestra preocupación activa, el amor, el apoyo y la asistencia a todos los seres humanos constituyen realmente nuestra “corona”:

El hombre es el Talismán supremo. Sin embargo, la falta de educación adecuada lo ha privado de aquello que es suyo por derecho propio…

Considerad al hombre como una mina rica en gemas de inestimable valor. La educación puede, ella sola, hacer que revele sus tesoros y permitir que la humanidad se beneficie de ellos. – Bahá’u’lláh, Las tablas de Bahá’u’lláh, pág. 192.

Si quieres llevar la corona de la creación, y ejemplificar la verdadera nobleza que cada alma humana tiene dentro de ella, harás todo lo que puedas, todo lo que esté a tu alcance, para contribuir a la formación de una sola familia humana.

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