Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

La mayoría de las religiones se refieren a Dios con pronombres masculinos. ¿Pero podríamos ahora, en el 2020, referirnos a Dios como mujer?

Al crecer, simplemente acepté que nos referimos a Dios como Él, con todas las imágenes mentales paternales que esto conlleva. Pero a medida que exploraba el concepto bahá’í de la igualdad entre hombres y mujeres, y participaba en conversaciones sobre el lenguaje de género, comencé a cuestionar el razonamiento detrás de un Dios “masculino”.

Los escritos bahá’ís tienen muchas citas que abordan explícitamente la igualdad de género, como esta: “Hasta que no sea completamente establecida y lograda la realidad de la igualdad entre el hombre y la mujer, no será posible el más alto desarrollo social de la humanidad”. (Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal). Pero los escritos a menudo se refieren a Dios con pronombres masculinos – mientras que también declaran cuán más allá de la imaginación humana se encuentra Dios:

Lo que nosotros imaginamos no es la Realidad de Dios; Él, el Incognoscible, el Impenetrable, está muy por encima de la más elevada concepción humana. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá.

Si Dios es incognoscible, ¿por qué le hemos asignado a Él (¿Ella? ¿Ellos?) algo tan mundano como el género? (Y sí, la cita anterior utiliza la palabra “hombre” para referirse a toda la humanidad. Hablaremos más sobre eso más tarde).

Las enseñanzas bahá’ís no describen a Dios como se le representa a menudo, es decir como un anciano en el cielo. Puede que se le describa mejor con otros términos populares, como “El Universo” o “La Verdad” o “Un Poder Superior”. Aunque no son totalmente exactos, estos términos traen a la mente algo mucho más intangible – mucho más abarcador.

Las enseñanzas bahá’ís señalan claramente que Dios no tiene una forma física:

Afirmar que Dios es una realidad personal no significa que tenga una forma física, o que se asemeje de alguna forma a un ser humano. Abrigar tal creencia sería una blasfemia pura. – escrito en nombre de Shoghi Effendi, en una carta a un individuo bahá’í. [Traducción provisional]

Aún así, la humanidad tiene un largo historial de referirse a Dios usando pronombres de género. Después de todo, es más sencillo. Y, si bien Dios no es una persona, es una realidad personal. Cuando nos referimos a la influencia de Dios en nuestras vidas, nuestro sentido de lealtad y amor hacia Dios, y las enseñanzas de Dios, es mucho más fácil dirigirse a este Ser Supremo como si fuera una persona.

En la historia de la mayoría de las culturas, el concepto de un ser todopoderoso probablemente solo parecía atribuible a una figura masculina. Y a lo largo de los siglos, a medida que las Manifestaciones de Dios impartían las enseñanzas de Dios a la humanidad, tenían que hacerlo en un lenguaje que la gente pudiera entender. El concepto de un Dios “femenino” podría haber sido demasiado para una época en la que la gente todavía luchaba por entender el concepto espiritual básico de la igualdad entre hombres y mujeres. También podría haber llevado a más ideas erróneas sobre Dios, llevando a la gente a creer que había más de uno.

Los escritos bahá’ís aclaran que la verdadera realidad de Dios trasciende los aspectos materiales como el género. Explican que el uso del lenguaje de género, en particular en los casos en que toda la humanidad es referida como “hombre” no es solo una cuestión de convenciones. También es una cuestión de lenguaje y traducciones, pero eso no implica que las mujeres sean inferiores a los hombres:

“Hombre” es un término genérico que se aplica a toda la humanidad. La frase bíblica: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, semejante a Nosotros”, no significa que la mujer no fue creada. La “imagen” y “semejanza” a Dios también se refiere a ella. En persa y en árabe existen dos palabras distintas que son traducidas como “hombre” en castellano; una que significa hombre y mujer colectivamente, la otra distingue al hombre como ser masculino y a la mujer como ser femenino. La primera palabra y su pronombre son genéricos, colectivos; la otra está restringida al ser masculino. Lo mismo sucede en hebreo. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal.

Me encanta que las enseñanzas bahá’ís sean tan claras sobre la igualdad de hombres y mujeres, incluso en el tema del lenguaje. Tanto las mujeres como los hombres pueden manifestar los atributos de Dios, y ninguno está por encima del otro. A los ojos de Dios, el género humano no tiene ningún significado espiritual:

En realidad, Dios ha creado a toda la humanidad, y en Su estimación no existe distinción entre masculino y femenino. Aquel cuyo corazón es puro, es aceptable a Su vista, ya sea hombre o mujer. – La promulgación a la paz universal.

El organismo administrativo internacional de la Fe bahá’í nos dice que cuando el lenguaje de género se refiere a Dios, esto no tiene significado alguno. Nuestra percepción de ello está muy influenciada por el estándar patriarcal que prevalece en nuestra sociedad:

En relación a los términos genéricos que figuran en las traducciones al inglés de los Escritos Bahá’ís, la tendencia a considerar que esos términos son aplicables únicamente a los hombres es un reflejo de la sociedad dominada por el hombre que ha prevalecido durante tanto tiempo, y a la que reaccionan las mujeres que buscan un reconocimiento y una igualdad legítimos… el idioma es un ser vivo y que el significado que se pretende dar a los términos genéricos se hará sin duda más evidente a medida que la influencia del compromiso bahá’í con la igualdad de los sexos impregne más plenamente la sociedad humana. – En nombre de la Casa Universal de Justicia, 26 de septiembre de 1993. [Traducción provisional]

La Fe bahá’í reconoce que el lenguaje es un “ser vivo” – constantemente sujeto a los cambios en nuestra cultura y comprensión de la realidad. A medida que nuestras palabras cambian, también lo hace nuestra comprensión de las palabras ya existentes. Por lo tanto, a medida que cambiamos la sociedad, nuestra comprensión de quién es Dios también se profundizará.

Con esta transformación, la sociedad puede empezar a darse cuenta de que las cualidades “masculinas” comúnmente asociadas a Dios – fuerza, poder, conocimiento – son igualmente manifestadas por la mujer. Y puede empezar a ver las cualidades “femeninas” – como el amor, la dedicación y la compasión – como inherentemente divinas y por lo tanto tan dignas de alabanza como las cualidades más fuertes que tendemos a considerar masculinas.

¿Significa esto que podríamos referirnos a Dios con pronombres femeninos? Creo que podríamos. Pero definir a Dios en un género específico, por el bien de la conversación, nunca debería nublar la verdad: que Dios está más allá de la comprensión humana, más allá del género, más allá de una forma física o cualquier concepto de ser humano que tengamos.

Cuando trabajamos por establecer la igualdad entre hombres y mujeres en todos los aspectos de nuestras vidas, nos acercamos a la comprensión de Dios.

0 Comentarios

characters remaining