Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

El esfuerzo y la autodisciplina no son fáciles de conseguir para muchos, pero si esperas iniciar y mantener un cambio interno, necesitarás mucha autodisciplina para mantener tus objetivos.

Por ejemplo: si decimos que queremos ser más pacientes, la mayoría de nosotros no podemos despertar un día y ser pacientes de un momento a otro. Desarrollar una nueva cualidad interior requiere tiempo y esfuerzo, e incluso los hábitos poco arraigados requieren muchos intentos. Decidir que quieres hacer ejercicio todos los días, por ejemplo, requiere una serie de cambios en el estilo de vida para crear un hábito sostenible.

Las enseñanzas bahá’ís nos animan a esforzarnos por un alto nivel de excelencia en nuestros pensamientos internos y nuestros comportamientos externos, con el objetivo de poner las enseñanzas bahá’ís de paz, unidad y amor “en la práctica habitual”.          

Es el deseo ardiente de los bahá’ís hacer que la puesta en marcha de estas enseñanzas sea práctica generalizada. A este fin se desvivirán con alma y corazón, hasta que la luz celestial sumerja al mundo de la humanidad. – Abdu’l-Bahá, Abdu’l-Bahá en Londres, pág. 9.

Para alcanzar un objetivo como incorporar un aspecto noble a nuestro carácter, o añadir una rutina de ejercicios regular a nuestro horario diario, o convertirse en una persona más honesta, también es necesario evaluar nuestro entorno social. Si decides que quieres ser honesto, pero tienes un número de amigos que constantemente distorsionan la verdad, probablemente necesites separarte de aquellos que fomenten hábitos deshonestos. Los escritos bahá’ís enfatizan que el ambiente que nos rodea impacta en cada individuo: 

¡Cuidado! No te juntes con el impío ni busques asociarte con él, pues semejante compañía convierte el resplandor del corazón en fuego infernal. – Bahá’u’lláh, Las palabras ocultas, pág. 85.

Una cosa que me impide cambiar mis hábitos es que una vez que siento que he fallado o no me he esforzado suficiente, a veces me doy por vencida hasta encontrar una nueva ola de inspiración. Me he dado cuenta que la clave es volver a pararme inmediatamente después de haberme caído. El truco está en no rendirse.

Reconstruir continuamente mis objetivos puede ser agotador y podría perder la fe en mi propia capacidad de alcanzarlos. En lugar de ver cada caída como un retroceso, trato de reconocer que el crecimiento no es lineal. Todos somos imperfectos y seguiremos siéndolo, pero eso no significa que no podamos mejorar.

A medida que me esfuerzo por dejar atrás viejos hábitos poco saludables, encuentro que es más fácil concentrarme en los nuevos hábitos que puedo formar para reemplazar los antiguos. Si intento, por ejemplo, abrir mi corazón para recibir más alegría y dejar de criticar a las personas que me rodean, en lugar de regañarme a mí misma cada vez que un pensamiento crítico cruza mi mente, podría intentar manifestar constantemente lo bueno que veo en los demás:

Deben estar alertas frente a las tentaciones, pero no se debe permitir que esto reclame gran parte de su tiempo. Deben concentrarse, más bien, en las virtudes que deben desarrollar, el servicio a los demás que deben esforzarse por prestar, y, sobre todo, en Dios y sus atributos … – La Casa Universal de Justicia, de una carta a un individuo bahá’í, 8 de marzo de 1981. [Traducción provisional]

Cuando nos centramos demasiado en lo que hemos hecho mal, puede sentirse imposible volver a procurar aquellos objetivos que nos fijamos para mejorar. Nos lastimamos a nosotros mismos y quedamos atrapados en un ciclo de culpa. Cuando nos sentimos culpables por algo, a menudo nos volvemos desatentos y dejamos de esforzarnos por lograr los cambios que nuestro comportamiento necesita. Descuidar nuestras metas tiene un impacto en el mundo que nos rodea, y se interpone en el camino de ser mejores para las personas que amamos:

También se debe evitar la parálisis engendrada por la culpa; de hecho, la preocupación por un defecto moral particular puede, a veces, hacer más difícil su superación. – La Casa Universal de Justicia, 19 de abril de 2013, pág. 3.

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