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Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í. El sitio web oficial de la Fe Bahá’í es Bahai.org y el sitio web oficial de los bahá’ís de los Estados Unidos es Bahai.us.
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Espiritualidad

Aprendiendo a rendirse

Makeena Rivers | Dic 22, 2019

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Makeena Rivers | Dic 22, 2019

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Últimamente, las circunstancias me han obligado a aceptar la voluntad de Dios en lugar de tratar de luchar contra ella.

Generalmente, solo después de algún tipo de trauma o cambio abrupto en la vida, soy capaz de aceptar que no puedo controlar todo lo que sucede. Incluso al ser consciente de esto intelectualmente, a menudo es difícil abrazar emocionalmente esta realidad, respirar a través del estrés y ver cómo las cosas se desarrollan de manera diferente de como las planeé o quise que fueran… mucho menos con resignación y alegría.

He estado reflexionando sobre la idea de someterme a la voluntad de Dios en lugar de aferrarme a la mía, algo que ha surgido en mis meditaciones. Recientemente, un amigo me envió un artículo sobre la «aquiescencia radiante» de la revista World Order, una publicación bahá’í. Al leer más sobre lo que significa esa frase, me sorprendió la manera en que el autor explicó este concepto, originalmente descrito en los escritos bahá’ís:

La aceptación significa «ceder», dejar caer la resistencia, aceptar tácitamente. La aquiescencia divina significa ser sumiso a la voluntad divina. Todo en la naturaleza está en conformidad con el plan del Universo y trabaja en armonía con él excepto el hombre. La «aquiescencia radiante» significa no sólo renunciar a tu voluntad por la Voluntad Divina, sino hacerlo con alegría y con resplandor, sabiendo que ese es el mejor camino. La manera común de afrontar las circunstancias de la vida es la sumisión negativa y pasiva a la «Voluntad de Dios» y culparla de todas las desgracias, resignarse involuntariamente a esta realidad y no hacer nada para cambiarla. Muchos se vuelven amargados y enemistados con la vida debido a los obstáculos y calamidades, y sus rostros revelan descontento e infelicidad. – Orcella Rexford, «Radiant Acquiescence», World Order, volumen 3, número 6.

En el artículo, Rexford describe las posibilidades que se abren si se practica la aquiescencia radiante:

Cuando mostramos aquiescencia radiante, nuestros miedos y preocupaciones desaparecen, lo que nosotros mismos no podemos superar o lograr, lo ponemos en las manos de Dios, viviendo en la fe de que Dios puede y hará que todas las cosas estén bien, y según como sea nuestra fe, así será nuestra realidad. Cuando sientes que vives dentro de la protección de Dios nunca temerás, sabes que estás a salvo y seguro; totalmente protegido en todo momento y nada más que el bien puede venir a ti.

Si tan sólo aprendiéramos sobre la aquiescencia radiante. Ya que las cosas no siempre pueden ser como las deseamos, es mejor para nosotros comprender que después de todo, en el grandioso plan divino, puede ser mejor para nosotros que no siempre salga todo como queramos, por lo tanto, ¡alégrense! – Ibid.

Abdu’l-Bahá, considerado por los bahá’ís como el perfecto ejemplo de lo que significa vivir una vida bahá’í, describió el poderoso efecto que operar con aquiescencia radiante puede tener en nuestra capacidad de reconocer momentos de claridad y confirmación espiritual:

«Las confirmaciones del espíritu son todos esos poderes y dones con los que algunos nacen (y que los hombres algunas veces llaman genio), pero por los que otros han de esforzarse con infinito pesar. Llegan a ese hombre o mujer que acepta su vida con aquiescencia radiante». – Abdu’l-Bahá en Londres, pág. 46-47.

Cuando empecé a contemplar este concepto, mi corazón se llenó de emoción y también de una ligera confusión. Me sentía entusiasmada ante la perspectiva de moverme por el mundo con alegría y confianza, sin importar lo que se me presentara, pero también me preguntaba cómo podría realmente aprender a hacer esto.

¿Cómo podría no sólo aceptar el camino, a veces lleno de baches, de mi vida, sino también celebrar activamente el recorrido?

Decidí tratar de aplicar este concepto de «aquiescencia radiante» de diferentes maneras. Tal vez también resuenen contigo.

1. Respiración y seguridad en sí mismo

Cuando descubro que estoy cayendo en un patrón de pensamiento negativo o de queja, trato de desarrollar tácticas para reorientar mi actitud – como respirar a través del estrés. Dejar ir la tensión en mi cuerpo me permite moverme mentalmente a través del estrés con más facilidad. Entonces, soy capaz de responder a aquellos pensamientos negativos con positivos.

Así que, por ejemplo, si estoy pasando por una ruptura difícil, en lugar de dejar que el miedo, la tristeza o la sensación de pérdida me dominen, me digo: «No estás sola, Dios te está cuidando». Si sucede algo que me hace sentir ansiosa o insegura, me recuerdo a mí misma que lo superaré y que aprenderé algo de ello.

Además de este consuelo interno, tengo el objetivo de recordarme a mí misma que mi propósito en la Tierra va más allá de mi felicidad personal. Trato de desviar la atención de mi propia comodidad y me recuerdo a mí misma que también estoy aquí para tratar de reflejar la luz radiante. Encontrar una oportunidad para difundir la luz en cada situación que me desafía interrumpirá mi autocrítica, y me hará enfocarme en algo fuera de mí misma:

Descartemos todos los pensamientos egoístas; cerremos los ojos a todo lo que existe en la tierra y no demos a conocer nuestros sufrimientos ni nos quejemos por los agravios. Más bien, olvidémonos de nosotros mismos y, apurando el vino de la gracia celestial, proclamemos nuestro regocijo y perdámonos en la belleza del Todoglorioso. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 312.

Si bien deseo organizar mi vida y averiguar qué es lo que viene después, es fácil para mí quedarme atrapada pensando en el futuro. En lugar de reducir la velocidad y observar las oportunidades que tengo de servir a las personas en mi vida, sanarme espiritualmente o simplemente conectarme alegremente con el mundo que me rodea, a menudo me mantengo ocupada pensando en el siguiente punto del itinerario. Esto hace que sea especialmente difícil de lidiar con aquellos momentos en que el universo no sigue mi itinerario imaginado.

No planeo caer en el extremo de no planificar el futuro en absoluto – pero quiero asegurarme de que no gastar mucha de mi energía y tiempo viviendo en el futuro. Puedo practicar el hecho de estar presente participando en conversaciones significativas con otros, orando, pasando tiempo en la naturaleza, o simplemente tratando de hacer una actividad de manera excelente.

Irónicamente, dejar de preocuparme por el futuro probablemente me impulse a alcanzar la alegría que busco. ¿El beneficio? Puedo acceder a esa alegría ahora. Cada fase de la vida ofrece alegría y bondad. Cuanto menos tiempo pase pensando ansiosamente en lo que va a suceder, más fácil será dejar que las cosas se acomoden en su lugar y mostrar aquiescencia radiante.

3. Modificación la forma en que pido consejos

Pido por la opinión de mis amigos o familiares al tomar decisiones, pero me doy cuenta de que a menudo pido consejo sobre cómo alcanzar un resultado específico. Es una tendencia natural, ya que todos tenemos sueños que queremos cumplir, pero esto me mantiene enfocada en un resultado en particular. 

En cambio, trato de pedir a las personas que me ayuden a planificar los pasos que doy en el camino hacia mis objetivos, y que me ayuden a aceptar el viaje a medida que avanzo. De esta manera, ellos pueden ayudarme a irradiar mi mejor ser, y disfrutar el viaje de descubrir el propósito de Dios para mí en lugar de lograr un resultado específico:

…las almas deberían sumir su voluntad totalmente en la Voluntad de Dios, y considerar sus deseos como la nada extrema en comparación con Su Propósito. Deben disponerse a cumplir diligentemente y con el mayor regocijo y vehemencia todo lo que el Creador ordene observar a Sus criaturas. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 106.

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